Señor Director:

Me parecen preocupantes las suspicacias que están generando a nivel internacional los dichos de la ex mandataria en su discurso inaugural. Si bien indicó que tomará todas las medidas posibles ante los hechos que se viven en Venezuela y Nicaragua, “olvidó” mencionar las violaciones a los derechos humanos que se cometen en ambos países.

Algunos creen que se debe a una simple omisión, otros hacen hincapié en el doble estándar que puede traer este primer discurso de la Alta Comisionada. ¿Cómo se pueden suprimir hechos tan importantes como la migración de cientos de miles de venezolanos por el continente o las faltas a la libertad que viven millones de personas?

No quiero decir que la ex presidenta no se puede equivocar, pero resulta contradictorio que omita estos juicios justo antes de acceder a reunirse con el canciller venezolano, Jorge Arreaza, quien prepara una intervención en la ONU para negar la existencia de una crisis humanitaria en el país.

Pero para qué especular, si puede ser mera casualidad, tal como los guiños que hizo a Raúl Castro en su último viaje como Mandataria, la negativa a considerar la dictadura de Chávez, y su apoyo al ex presidente brasilero, condenado a 12 años de cárcel.

En ese contexto, ¿quién podría hablar de una genuina omisión?  Los hechos hablan por sí solos, y cada uno puede interpretarlo desde donde más le convenga.