Señor Director:
Nuevamente algunos iluminados -y algunos incautos- apuntan a reprimir y no a prevenir.
Otra vez se repite y se escucha en el ambiente la necesidad de imponer el orden.
En este país se respira mucha seguridad y poca calidad.
¿Acaso se olvidaron del derecho penal adolescente? ¿Será que no hay herramientas político criminales disponibles para hacer frente a los delitos cometidos por los estudiantes?
Nada de eso.
Lo que ocurre es que, como siempre, se está poniendo la yunta delante de los bueyes.
No contábamos con que los creadores del femicidio habían producido una secuela: el aulacidio. Vamos creando infracciones. Sigamos elaborando nuevos delitos innecesarios.
Aquí lo de fondo es que la lotería de la cuna y de la genética aún siguen reproduciéndose sin contención alguna. El privilegio campea como Pedro por su casa.
Hay un asunto de justicia ineludible al que se debe atender. Llegó la hora de la verdad.
El despliegue de la desigualdad inmerecida es el talón de Aquiles de nuestro tiempo. Es –si me permiten- la cuestión social del siglo XXI en Chile.
¿Cómo no lo pueden ver, distinguidos políticos?
De lo que se traba, en breve, es de propagar la calidad, y no de intensificar la seguridad.
Se escucha en los liceos un grito sordo, poco articulado, pero real y justificado: ¡menos criminalización y más inclusión!
Después, que no se quejen los políticos, si los incendiarios panfletos marxistas inundan los corazones de jóvenes dolidos por la injusticia.
Si el capitalismo no cumple su promesa -si no da el ancho- la película se repite…. ¿No me cree?
