Señor Director:

La noche del 1 de diciembre asistimos a un nuevo cierre del evento anual de la Teletón, en donde se logró superar la meta establecida para este año a duras penas y ya bien entrada la madrugada. Como todos los años, el show estuvo bien nutrido de artistas tanto nacionales como internacionales que, con sus actuaciones, aportaron a la cruzada y ayudaron a que se consiguiera el objetivo monetario un año más.

También como es habitual, el mensaje transversal de todos los que pisaron el escenario durante estas más de «27 horas de amor» fue el amor, la inclusión y el respeto… Con una notable excepción. Y es que, durante el show de cierre, el imitador Stephan Kramer dio, en mi opinión, un espectáculo que contradice todo lo que la Teletón representa y, por eso, no debió estar ahí.

En primer lugar, porque este señor vive de reírse de los demás, de resaltar sus defectos y burlarse de ellos para regocijo de quienes asisten a sus espectáculos. Esto, para mí, se contradice explícitamente y por sí mismo con el mensaje de fondo de la Teletón, que intenta recordarnos que todos somos iguales, perfectos como somos y que debemos aceptarnos y respetarnos, no burlarnos de esas diferencias. Pero, para agravar aún más las cosas, el señor Kramer optó por presentarse con una rutina abiertamente ofensiva y ridiculizadora del Presidente de la República actual, don Sebastián Piñera, quien, nos guste o no, es la primera autoridad del país. Si eso por sí solo no basta para inspirar el debido respeto en alguien como el señor Kramer, al menos la idea de que la Teletón es un espectáculo de amplia llegada al resto del mundo debiera haberle hecho pensárselo dos veces antes de optar por presentar a quien nos representa ante el mundo del modo irreverente y lisa y llanamente ultrajante en que lo hizo durante su rutina. Lo que es peor es que quienes organizan el show televisivo de esta campaña solidaria permitieron que este señor se mostrara en el cierre estelar con este espectáculo insolente y evidentemente contrario a todo lo que la Teletón en sí misma ha representado desde sus inicios y hasta hoy.

Por fortuna, gracias al esfuerzo de muchos, se cumplió la meta una vez más. Pero, en esta ocasión, este hermoso logro nacional estuvo mancillado por el descriterio y la mezquindad de un imitador glorificado y de una organización sin visión.