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Publicado el 24 de noviembre, 2019

Presidenta del Consejo de Ética de los Medios: «No se puede dejar que la noticia la secuestren sus protagonistas»

Autor:

Javiera Barrueto

El entidad emitió un dictamen sobre la cobertura periodística respecto de situaciones de conmoción pública, tras haber recibido 90 denuncias por posibles infracciones a la ética. La académica María José Lecaros asegura que los periodistas deben tener especial precaución al momento de realizar la pauta y jerarquizar la información. Y advierte: «La pauta tiende a robársela la calle, el que más grita y el que hace un gesto más dramático».

Autor:

Javiera Barrueto

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“La idea del dictamen es dar un sentido de orientación y un sentido pedagógico entre los propios medios”. Así describe la presidenta del Consejo de Ética de los Medios de Comunicación Social, María José Lecaros, el dictamen que dieron a conocer el miércoles sobre la cobertura periodística respecto de situaciones de conmoción pública. Desde que estalló la crisis -el 18 de octubre- han sido 90 las denuncias recibidas por el Consejo ante posibles infracciones a la ética periodística.

El dictamen aborda ocho aspectos: criterios para informar, ajustes en programación, rigor e imparcialidad, acciones de violencia, redes sociales como fuente, importancia de las imágenes, advertencias al público y libertad de expresión. «Si se está produciendo un hecho no necesariamente lo tengo que transformar en noticia, me tengo que dar un segundo de tiempo para seleccionar y jerarquizar», advierte Lecaros.

-¿Durante la cobertura de los medios de comunicación durante este último mes ha faltado mayor jerarquización del contenido?

-Fue tan intensa la contingencia que fue un desafío seleccionar y jerarquizar porque cuando tienes muchos frentes distintos, geográficamente dispersos, con peticiones distintas, con distinto tipos de demandas, para el periodista es un real desafío seleccionar qué coloco y a qué le doy importancia porque todo pareciera que tiene que la misma importancia. Nosotros, al colocar estos conceptos, quisimos apuntar a que parte medular del trabajo profesional del periodista es la capacidad de jerarquizar y seleccionar desde la pauta. Y cuando está enfrentando este tipo de situaciones la pauta tiende a robársela la calle, el que más grita y el que hace un gesto más dramático. De alguna manera los medios tienen que recuperar la pauta propia y la capacidad de jerarquizar y seleccionar. Me tocó ver un letrero en la calle que decía «estamos haciendo historia porque estamos siendo noticia». La idea es «si yo grito, hago noticia», pero desde el periodismo no debiera ser la respuesta automática. Si se está produciendo un hecho no necesariamente lo tengo que transformar en noticia, me tengo que dar un segundo de tiempo para seleccionar y jerarquizar.

Cuando el periodista describe al público -‘el que baila pasa’- le tiene que dar la connotación real de que no es un chiste, no es un juego (…). Es un abuso de poder».

-Usted decía que la pauta se la robó la calle, pero los primeros días la contingencia se movió de manera muy rápida y sorpresiva. ¿Cómo equilibrar esa veloz evolución de la actualidad versus el tener una buena cobertura?

-Efectivamente es un desafío. La primera reacción es inevitable, pero en la segunda reacción no se puede dejar que la noticia la secuestren los protagonistas de la noticia, porque quien determina qué es noticia es el periodista. Aquí es donde adquieren mucha importancia los editores que no están habitualmente en la calle, que están con la cabeza más fría en los medios. El editor tiene que estar pauteando a qué le damos prominencia y qué privilegiamos. O si no, dejas de ser periodista, el micrófono, la cámara, la página la secuestra de alguna manera la realidad. Es como que yo me hiciera una herida y el médico, en vez de atenderme, me enfrente a mí a la herida, no tengo la capacidad de manejarla.

-Ustedes en el dictamen apuntan a la cobertura o transmisión durante todo el día. ¿Eso podría haber sido un error o, por el contrario, era mejor que se conociera toda la información?

-Nosotros a propósito no quisimos adjetivarlo, dijimos que era una decisión prudencial de cada medio en particular. Pero sí supone un desafío enorme. Ningún medio tiene personas para que estén 24/7, o sea no tienes equipos humanos preparados para estar cubriendo 24/7 en vivo y en directo. Y tampoco los puedes improvisar porque no es cuestión de contratar a más gente. Está súper estudiado que cuando los televisores comienzan a despachar en directo y rompen la programación habitual se produce el fenómeno que se llama la televisión cautiva. Es muy difícil cortar eso porque el público curiosamente se queja porque le cortas la programación habitual, pero también se queja si no le estás dando información permanentemente. Lo que hay que hacer es un trabajo de editores en frío, tampoco lo puede hacer el periodista que está en la calle ni el que está en el estudio porque esos dos tienen que mantener la transmisión. En frío, desde un backstage, tiene que haber un equipo de personas que diga «interrumpamos el directo» con datos, con cifras escritas, con personas que evalúen la situación porque eso le baja la ansiedad al público. Parte importante de las quejas que tenemos es que el público se sintió muy angustiado, es lógico, la situación era angustiante.

Parte medular del trabajo profesional del periodista es la capacidad de jerarquizar y seleccionar desde la pauta».

-¿Esa angustia podría ser uno de los peligros que genera la transmisión 24/7?

-Efectivamente tienes que manejar eso con información trabajada e información dura. La gente quiere saber qué pasa con el país y con las demandas, pero también quiere saber qué pasa porque tiene que seguir su vida diaria. De alguna manera el periodismo tiene que manejarse entre esos dos mundos: el mundo de lo que está sucediendo en la crisis y al mismo tiempo de la continuidad de la vida diaria. Es muy difícil. Por eso nosotros no queremos calificarlo ni de ético ni de antiético, sino que decimos que son decisiones que tiene que tomar cada medio pero sabiendo el efecto disfuncional que produce, y morigerarlo.

-¿Qué tan complejo es que en la televisión se usen secciones que normalmente son recreativas, como los matinales, para abordar información contingente o de actualidad?

Lo clave es explicarle mucho al público de por qué se toman las decisiones. Tú tienes que decir, dado que la situación es muy crítica, nosotros vamos a romper la programación habitual y lo vamos a llevar a secciones recreativas o programas más misceláneos con información dura. ¿Cuál es el desafío? Esa gente habitualmente no está acostumbrada a manejar información dura, no tiene por qué manejarla. Entonces,  al final se le entrega información muy dura, muy llena de contenido de actualidad a personas que no tienen por qué tener los datos y así fue que se produjeron una serie de debates que no fueron buenos.

-En ese caso, ¿se puede generar desinformación en la gente?

-Nos parece que hoy en día, a través de la web y por la interactividad que tienen todos los medios, se puede informar mucho al público de las dificultades que se están enfrentando. Eso lo hacen sobre todo los medios norteamericanos, «las escenas que vamos a mostrar pueden ser violentas para personas sensibles», te lo dicen antes de la escena porque hay gente que dice «me la salto». Los medios tuvieron dificultades concretas para la cobertura, entonces, el medio le tiene que decir eso al público porque eso le baja presión, es una forma de transparencia también.

El periodismo tiene que manejarse entre esos dos mundos: el mundo de lo que está sucediendo en la crisis y al mismo tiempo de la continuidad de la vida diaria».

-En el caso del lenguaje, ustedes plantean que no sea sesgado y que no se induzcan las respuestas. Durante este mes, ¿las preguntas que se han hecho son en esa línea?

El reporteo es un gran plus del periodismo, lo distingue de las redes sociales. Para que el reporteo sea bueno tiene que ser muy abierto, en el sentido de que te enfrentas a la persona que estás entrevistando y tratas de oír lo que esa persona tiene en la cabeza. No es que estemos diciendo que lo hicieron mal los reporteros porque estaban en la calle, estaban con mucha presión, estaban muy sorprendidos todos inicialmente por esta situación. Pero decir «esta es una manifestación pacífica», ahí le estás poniendo un framing a la pregunta. El reporteo es un tema muy importante, muy difícil de hacer en este tipo de circunstancias y parte de las quejas lo que dicen es que se fue poco empático con la persona a la que se entrevistaba porque se iba a buscar una respuesta y se tiene que ir con una pregunta. Y dependiendo de la respuesta ahí sigues tirando, eso es lo propio del reporteo.

-¿Cuáles podrían ser los efectos de un lenguaje mal utilizado?

El lenguaje es muy potente porque con el lenguaje encuadras la situación. Es muy distinto decir «vemos gente saliendo del supermercado», «vemos a los saqueadores saliendo del supermercado» o «vemos gente robando el supermercado». Son tres palabras completamente distintas. Inicialmente es una cuestión que mejoró mucho a lo largo del tiempo. Decir que la persona va saliendo del supermercado no califica la situación y uno tiende a calificar las situaciones. Los medios tienen una especie de términos que están aprobados para ser usados en determinadas situaciones. A un tipo que le saca la cartera a una señora en la calle no se califica de «se llevó la cartera», sino que «está robando la cartera». Es un desafío enorme porque había gente que estaba cometiendo delitos tipificados y por otra parte estás frente a cuestiones que son confusas, no son delitos tipificados como «el que no baila no pasa». Nadie aceptaría que al entrar a una tienda a comprar le dijeran «mire tiene que bailar antes de entrar» porque es un abuso de libertad.

El reporteo es un tema muy importante, muy difícil de hacer en este tipo de circunstancias y parte de las quejas lo que dicen es que se fue poco empático».

-Usted apuntaba recién al que no «baila no pasa», ¿cómo se debería tratar ese tipo de prácticas?

Cuando el periodista se lo describe al público le tiene que dar la connotación real de que no es un chiste, no es un juego. No se puede calificar de juego porque no es un juego. Después se podrá traer a gente para que hable cuán abuso es de poder, pero estrictamente no es un juego entonces no se puede tratar de modo liviano con humor. No se puede tratar con humor cuestiones que no son humorísticas, además no están siendo hechas para reírse, están siendo hechas para violentar de alguna manera a la otra persona. Es un abuso de poder. No se puede calificar de juego porque de alguna manera te hace cómplice a no ser que te parezca que es un juego, ahí el periodista tiene que tomar una postura. Ese video además aparece en la televisión y ahí se produce lo que llamamos la revictimización porque esa persona se sintió muy frágil frente a los que pedían que bailara para pasar, pero además se vio en la noche en la televisión. No solo se vio una vez sino que se vio dos veces, tres veces, cuatro veces repetida la escena.

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