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Publicado el 11 de diciembre, 2018

Por qué Australia, ícono de la inmigración, no firmó al igual que Chile, el Pacto Mundial sobre Migración de la ONU

Autor:

Bastián Garcés

“Entraría directamente en conflicto con principios importantes que han sustentado nuestro enfoque exitoso (en materia migratoria)”, argumentó el Ejecutivo del país oceánico para no suscribir al acuerdo propuesto por Naciones Unidas. Tampoco adhirieron al texto gobiernos de centroizquierda como República Dominicana y Eslovaquia, quienes entregaron razones similares a las de Chile, como el respeto a la soberanía y la distinción entre inmigración legal e ilegal.

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Bastián Garcés

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Cada país es soberano de fijar sus reglas de migración“, afirmó el canciller Roberto Ampuero sobre la decisión del gobierno de no suscribir al Pacto Mundial sobre Migración propuesto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). “Chile no va adherir a nada que pueda ser usado en su contra en cortes internacionales”, remarcó el ministro de Relaciones Exteriores. Además argumentó que el documento no distingue entre migrantes regulares e irregulares.

La postura de La Moneda fue similar a la de otros países que se abstuvieron de formar parte del acuerdo, como Australia, nación emblemática de la inmigración, o incluso países gobernados por partidos de centroizquierda como República Dominicana y Eslovaquia.

Australia es considerada como una de las principales ‘naciones de inmigrantes’ del mundo (junto a Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos)“, señala un documento elaborado, en enero del año pasado, por la biblioteca del Parlamento del país oceánico que trata sobre las estadísticas migratorias australianas. En el texto se destaca que desde 1945 a la fecha se han “asentado más de 7,5 millones de personas y que la población de origen extranjero -estimada, en junio de 2015, en un 28,2%- es considerada alta en comparación a la mayoría de los países de la OCDE“.

El informe explica que los inmigrantes pueden llegar a través de dos programas: el de Migración, para extranjeros calificados o con familiares en el país; o el Humanitario, para refugiados o personas en situaciones similares. Se lee, además, que “cada año, el gobierno asigna lugares o cuotas para las personas que desean migrar permanentemente a Australia bajo estos dos programas“. En el mismo documento se explica que “a lo largo de las décadas, los números de planificación de los programas de migración han fluctuado de acuerdo con las prioridades y las consideraciones económicas y políticas del gobierno de cada época”.

En ese sentido, según el documento elaborado por el Parlamento australiano, el foco de la política migratoria pasó de buscar atraer extranjeros durante la década del 40, a centrarse en migrantes con un perfil predominante calificado. “Actualmente, la cifra de planificación para el Programa de Migración es de 190.000 cupos, la mayoría para migrantes calificados“, afirma el texto.

Estos son los antecedentes que precedieron la decisión del Primer Ministro australiano, Scott Morrison, para negarse a subscribir el acuerdo propuesto por las Naciones Unidas. Anuncio que realizó el pasado 21 de noviembre a través de una declaración conjunta con los ministros de Interior, Peter Dutton, y de Relaciones Exteriores, Marise Payne, en la que señalaron que el pacto es “inconsistente con nuestras políticas bien establecidas y con el interés de Australia“.

En la ocasión, las autoridades también expresaron que su país “ya alcanza” los objetivos de una migración segura, ordenada y regular y que el acuerdo “entraría directamente en conflicto con principios importantes que han sustentado nuestro enfoque exitoso (en materia migratoria)“. Esto debido que una de las principales agendas del gobierno del Partido Liberal Australiano es enfrentar la inmigración irregular, un tema que ha estado en el centro de la política local.

En ese sentido, Morrison y sus ministros advirtieron que la propuesta de la ONU podría significar “un riesgo al fomentar la entrada ilegal a Australia y revertiría los éxitos logrados en la lucha contra el comercio de contrabando de personas”. Agregaron que el pacto “no distingue adecuadamente entre las personas que ingresan ilegalmente y las que llegan a través del camino correcto, en particular con la asignación de asistencia social y otros beneficios“.

Los países de centroizquierda que le dijeron “No” a la ONU

Dos semanas después y a casi 17.500 kilómetros de distancia, un gobierno con un signo político e idioma totalmente distinto al australiano, argumentó razones similares para rechazar formar parte del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular de la ONU.

“Si bien el pacto tiene innumerables disposiciones que son bien vistas por el gobierno dominicano, así como la gran mayoría de los gobiernos alrededor del mundo, también tiene disposiciones que resultan contrarias al interés nacional“, afirmó el martes pasado el consultor jurídico del Poder Ejecutivo de República DominicanaFlavio Darío Espinal, al dar a conocer la decisión tomada por el gobierno de Danilo Medina, quien es militante e integrante de la dirección política del Partido de Liberación Dominicana, que forma parte del Foro de Sao Paulo.

El representante del Ejecutivo, además, argumentó que si bien el acuerdo no tiene carácter vinculante, “su adopción generaría compromisos al Estado dominicano que podrían socavar su capacidad para hacer valer sus normas migratorias e implementar con eficacia las políticas migratorias” y que, incluso, podrían “desbordar con creces los recursos del país“.

Aunque República Dominica no fue el único gobierno de centroizquierda en rechazar la propuesta de la ONU. El 26 de noviembre y tras la cumbre de la Unión Europea -en la que se aprobó la salida de Reino Unido del organismo-, el Primer Ministro de Eslovaquia, el socialdemócrata Peter Pellegrini afirmó que su país “no apoyará este pacto de las Naciones Unidas bajo ninguna circunstancia y no estará de acuerdo con él“.

De esta forma el gobierno de Dirección-Socialdemócrata, partido afiliado a la Internacional Socialista, argumentó que su país “no está de acuerdo en que no haya diferencia entre la migración legal e ilegal”.

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