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Publicado el 18 de abril, 2019

Politólogo peruano: «Nuestras democracias se han visto erosionadas por el dinero mal habido»

Autor:

Emily Avendaño

Fernando Tuesta, doctor en Ciencias Sociales, analiza el impacto que tendrá para su país la inesperada muerte del ex Presidente Alan García, a quien se le investigaba por corrupción vinculada al caso Odebrecht. El analista explica que los peruanos atraviesan un «shock político», aunque al momento de su muerte ya García experimentaba bajos niveles de popularidad. Destaca que en la región ahora se trata de dar la batalla contra la corrupción y advierte sobre los riesgos de caer en «populismos de cualquier color».

Autor:

Emily Avendaño

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El esquema de corrupción de la constructora brasileña Norberto Odebrecht S.A. extendió sus tentáculos en al menos 12 países de la región y dinamitó la política no solo de Brasil, sino también del Perú. Cuatro ex Presidentes peruanos se han visto acorralados por este caso: Alejandro Toledo es prófugo de la justicia desde 2017, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski han estado en prisión y, ayer, Alan García, cuando su detención era inminente optó por darse un tiro en la cabeza, muriendo a las pocas horas.

A la operación de corrupción en la que se le involucraba se le conoce como Lava Jato. Consistía en la petición de sobornos a empresas de ingeniería y construcción para favorecerlos en los procesos de licitación. Luego, el dinero se cargaba al costo final del proyecto y se reintroducía en el sistema para blanquearlo a través de hoteles, lavanderías y estaciones de servicio. Más tarde el dinero se transfería al extranjero a través de empresas fachada. La constructora también se involucraba en política y financiaba campañas electorales, sin ningún sesgo ideológico, a cambio de ganar luego proyectos importantes. García estaba siendo investigado por presuntos sobornos en la construcción del Metro de Lima.

La investigación además alcanzaba a su círculo más cercano durante su segundo mandato presidencial, de 2006 a 2011: Enrique Cornejo, ministro de Transportes; el ex secretario de la Presidencia, Luis Nava, y a quien fuera vicepresidente de la estatal Petro Perú, Miguel Atala Herrera. Este último habría recibido 1,3 millones de dólares en una cuenta en la Banca Privada D’Andorra.

Va a haber una cierta paz política, pero pasados estos momentos las cosas no van a cambiar. Está muy enraizado un rechazo fuerte a la política», opina el analista Fernando Tuesta.

En particular, el equipo especial de la fiscalía para el caso Lava Jato investigaba a García por los delitos de colusión, lavado de activos y tráfico de influencias, no solo por la línea 1 del Metro de Lima sino por haber recibido aportes irregulares para su campaña electoral. El ex Presidente tenía orden de no abandonar el país desde noviembre pasado. Pidió asilo en Uruguay, al refugiarse en la casa del embajador de ese país en Lima, pero su solicitud fue negada.

Fernando Tuesta, profesor principal de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), quien además fue jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y ex director del Instituto de Opinión Pública de la PUCP, analiza el impacto que la muerte de García tiene en la política de su país.

-¿Cuál ha sido la reacción de los políticos y de los ciudadanos peruanos tras darse a conocer la noticia del suicidio del ex Presidente García?

-Estamos a poco tiempo de este fatal desenlace y, como es obvio, dejando de lado posturas políticas e ideológicas, todos se han pronunciado, lamentando el hecho. Ya habrá las evaluaciones políticas respectivas. Ha sido un shock político lo que hemos experimentado los peruanos en el amanecer de este miércoles, con esta noticia que nos ha impresionado y que pone fin a la vida de una de las figuras más trascendentes en el país.

-¿Esto puede reorganizar las fuerzas políticas en Perú? Darle más peso, por ejemplo, a quienes no han estado en el poder y no tienen vinculación con Odebrecht.

-No directamente. Si bien es cierto que Alan García era una figura, repito, importante, él estaba pasando quizás por el peor momento de su carrera política. Justo salió hoy día que su nivel de aprobación es de 2%. Aparecía como un político no solo con bajo nivel de aceptación, sino con altísimo rechazo. Él estuvo librando una batalla política y legal desde hace mucho tiempo y esto, de alguna manera, también involucró a su partido, el APRA; pero el ex Presidente Alan García ‘murió en su ley’: esto quiere decir que él nunca quiso comparecer ante la justicia, la evadió de todas maneras, y esta fue la última fuga. No es que esto abra la posibilidad a terceros, porque políticamente tenía incidencia, pero electoralmente ya había demostrado en 2016 el ocaso de su figura -ese año se postuló nuevamente a la Presidencia, pero solo obtuvo 6% de los votos-. En los últimos tiempos estuvo confinado, no podía salir del Perú. Había intentado, como todos sabemos, asilarse. No lo logró. Era una persona ya con serios problemas de liderazgo, en general, más allá de su partido, y comprometido con actos que rodearon su gobierno y que cada vez más lo comprometían a él. No ha podido soportar esto y ha hecho lo que sabemos: acabar con su vida.

«Muchos dicen que se ha judicializado la política, pero también es cierto que la gente siente que los políticos tienen que pasar por la justicia»

-En una entrevista reciente que usted dio al diario de Perú La República dijo: «La política no puede seguir siendo como es hasta ahora. El pueblo pide cambios y la propuesta está en manos del Congreso». ¿Esto tendrá algún impacto en que la gente siga solicitando que la política peruana se renueve?

-Estos días, que coinciden con Semana Santa, son de bastante recogimiento y, sobre todo, pesar por el caso del ex Presidente Alan García. Va a haber una cierta paz política, pero pasados estos momentos las cosas no van a cambiar. Está muy enraizado un rechazo fuerte a la política. Muchos dicen que se ha judicializado la política, pero también es cierto que la gente siente que los políticos tienen que pasar por la justicia y ya son ¿cuántos Presidentes comprometidos? Fujimori está preso, Toledo está prófugo. Ollanta Humala estuvo preso y está con impedimento de salida del país. Alan García, como sabemos, acaba de suicidarse y Pedro Pablo Kuczynski está preso y hoy día está en una clínica en cuidados intensivos. Estamos hablando de los Presidentes de los últimos 30 años. Todos alrededor de temas relacionados a corrupción y derechos humanos. Una cara de la moneda es ver que la justicia no tiene miramientos en el Perú y caen quienes tienen que caer, pero, por otro lado, esto no solamente cuestiona a los Mandatarios, sino que de alguna manera nos cuestiona a nosotros mismos, porque finalmente nosotros somos quienes los hemos entronizado a ellos en el poder. De verdad, el Perú vive una etapa sumamente compleja, y claro, de los momentos difíciles muchas veces salen las grandes decisiones, pero también siempre se abren camino para los populismos de cualquier color. Esto es siempre un riesgo.

Si antes se trataba de librar América Latina de dictaduras, de gobiernos autoritarios, no digo que ahora no existan, ahora de lo que se trata es de la batalla contra la corrupción».

-Precisamente, se ha venido alertando que Fuerza Popular, fujimorista, podría recuperar el control del Congreso. ¿El caso de Odebrecht podría tener alguna incidencia en esto?

-Ellos han relanzado el partido. No hay nada relativamente nuevo, porque el relanzamiento no ha operado, creo yo, en función de reposicionarse; sino lo que han hecho es mostrar las figuras más ortodoxas del fujimorismo que regresan. El control del Congreso no lo van a perder. En julio, se elige la Mesa Directiva del Congreso y Fuerza Popular se ha dado cuenta de que erosiona su imagen encabezándolo. Por lo tanto, van a negociar con agrupaciones políticas para que alguien asuma la Presidencia del Congreso, pero ellos van a mantener una cuota de votos y escaños muy importantes. Tienen 55 de 130 votos, pero además hay bancadas como la del APRA que generalmente votan las cosas importantes con ellos. Y se ha formado una bancada próxima a ellos con la que están por encima de la mayoría absoluta. Creo que se leyó mucho de la pérdida del control del Congreso, pero en realidad, creo yo, nunca dejaron de controlarlo.

Nos cuestiona a nosotros mismos, porque finalmente nosotros somos quienes los hemos entronizado a ellos en el poder. De verdad, el Perú vive una etapa sumamente compleja, y claro, de los momentos difíciles muchas veces salen las grandes decisiones, pero también siempre se abren camino para los populismos de cualquier color».

-¿El APRA, partido de Alan García, cómo queda en esta ecuación?

-El APRA es el partido histórico más importante del país. Sumamente golpeado, reducido, con solo cinco congresistas. Muy activos ellos, con mucha experiencia. Probablemente, en el primer tiempo, sienten que pueden cohesionar sus tendencias divergentes al interior a través de una unidad partidaria; pero creo que, como suele suceder, y en el APRA ya ocurrió, la desaparición de Alan García va a abrir el campo de la pugna por el poder y eso ha estado de alguna manera latente. Difícil pensar ahora en un APRA sin Alan. Él ha sido gravitante en los últimos 30 años de su vida. Alan llevó a su partido desde la cima, hasta la debacle electoral… hasta lo más hondo.

-Hay quienes han criticado a los fiscales que llevan el caso, Domingo Pérez y Rafael Vela, por su persistencia en investigar a los políticos de mayor peso. ¿Esto podría verse como una cacería de brujas, como dicen algunos políticos?

-Todos los políticos acusan a los fiscales y al Ministerio Público de persecución política, pero el tema es ¿quién persigue? -y se responde-: Los fiscales. Cuando se dice eso quiere decir que detrás de los fiscales debe haber alguna fuerza política. Y no hay ninguna fuerza política que pueda operar con esa magnitud para llevarse a todos los políticos de diferentes colores. Alan García acusaba incluso al gobierno del Presidente Martín Vizcarra, y el Presidente Martín Vizcarra creo que más allá de lo que él quisiera, no tiene capacidad ni poder para presionar, para persuadir, para manipular el Ministerio Público, ni el Poder Judicial.

-El caso Odebrecht ha tenido tentáculos en toda la región. En Brasil Lula Da Silva está preso y Dilma Rousseff fue destituida de su cargo. En Argentina, los Kirchner también han sido señalados. En Venezuela, la constructora reconoció el mayor pago de sobornos después de Brasil. También hay procesados en Ecuador y Colombia… ¿Eso qué dice de América Latina?

-Ya solo ese listado, que incluso queda corto, dice mucho de la política y sus líderes en América Latina; pero dice también de cómo nuestras democracias, que parecían consolidarse, se han visto erosionadas por dentro por el factor que antes, si bien era importante no era decisivo, que es el dinero. El dinero mal habido. El dinero que busca controlar al Estado y no ha hecho sino tener efectos negativos y perversos sobre los sistemas políticos y su representación. Esto es muy penoso. Si antes se trataba de librar América Latina de dictaduras, de gobiernos autoritarios, no digo que ahora no existan, ahora de lo que se trata es de la batalla contra la corrupción. Esto es mucho más complicado, más complejo, no tiene un solo rostro. Tiene múltiples formas de expresarse y muta con facilidad y es evidentemente muy complicado.

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