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Publicado el 17 de octubre, 2019

Nueva rectora del Instituto Nacional no tuvo tregua: van 19 hechos de violencia en 28 días de clases

Autor:

Bastián Garcés

Lilí Orell asumió la dirección del establecimiento el pasado 2 de septiembre. Un día después firmó el «acuerdo por la paz» con el Centro de Estudiantes del Instituto Nacional y con el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri. Sin embargo, 5 de septiembre los encapuchados volvieron a la carga. La situación escaló a tal punto que los violentistas intentaron quemar las oficinas de las inspectorías y rectoría en al menos tres ocasiones.

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Bastián Garcés

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«Fuimos sobrepasados, lo reconozco«, afirmó este martes la rectora interina del Instituto Nacional, Lilí Orell, luego de que encapuchados incendiaran una inspectoría del establecimiento. «Tenemos que buscar instancias de seguridad«, añadió la máxima autoridad del emblemático colegio, una frase que entre líneas esconde la dura realidad que ha debido enfrentar desde que asumió en su cargo, el pasado 2 de septiembre.

En el Instituto Nacional se han producido 19 hechos de violencia desde que Orell asumió como rectora del establecimiento. La ex Seremi de Educación llegó al establecimiento con el objetivo de terminar la crisis que se vive al interior del recinto. «No estamos por la violencia, se puede dialogar, tengo una postura de puertas abiertas y espero poder conversar con todo el mundo«, sostuvo el día que asumió en su cargo.

Un día después de llegar al colegio, Orell se anotó un triunfo: selló el acuerdo entre el establecimiento, el Centro de Estudiantes del Instituto Nacional y el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, que buscaba mejorar las relaciones entre los estamentos y bajar los niveles de violencia. El texto que fue trabajado por su predecesor, Fernando Soto, estipulaba que «de no haber violencia delictual, no se revisará el Carnet, ni pase escolar, ni las mochilas para ingresar el establecimiento educativo», además de retirar a los efectivos de Fuerzas Especiales de las inmediaciones del recinto como un gesto para reducir los disturbios.

Pese a esto, el jueves 5 de septiembre, dos días después, la rectora interina debió enfrentar el primer hecho de violencia, cuando encapuchados se manifestaron afuera del colegio. La situación se volvió a repetir la semana siguiente. El lunes 9, los encapuchados volvieron a aparecer, alrededor de las 9 de la mañana, y se dedicaron a lanzar piedras contra Carabineros. El martes 10, en la víspera del 11 de septiembre en el colegio se llevó a cabo la semana de la chilenidad y si bien no hubo disturbios si aparecieron encapuchados con lienzos reivindicativos en relación al Golpe de Estado.

El miércoles 11 de septiembre, la dirección del establecimiento decidió suspender las clases con el  objetivo de evitar mayores desórdenes en el colegio y dejar «fuera de juego» a los encapuchados. Sin embargo, los antisociales reaparecieron un día después realizando un cortacalles en «conmemoración» del Golpe Militar, además de enfrentarse con Carabineros. Sin embargo, las clases al interior del colegio se desarrollaban de forma normal. Esa semana terminó con incidentes porque los encapuchados volvieron a salir a la calle el viernes 13.

La semana de Fiestas Patrias tampoco estuvo exenta de manifestaciones y desórdenes por parte de los encapuchados, quienes el mismo lunes 16 de septiembre realizaron nuevos cortacalles. Algo que es corroborado por estudiantes del establecimiento que señalan que ese día la situación era insostenible.

Tras el feriado dieciochero, los antisociales volvieron con las energías recargadas. En la semana que iba del 23 al 27 de septiembre, se produjeron cuatro enfrentamientos entre encapuchados y Carabineros. Los desórdenes se llevaron a cabo durante las mañanas de los días martes 24, miércoles 25, jueves 26 y viernes 27. Si bien hasta ese momento los incidentes se habían producido en las afueras del colegio, enfocados principalmente en las calles Arturo Pratt y San Diego, el viernes de ese semana se produjo el primer hecho al interior del Instituto Nacional, cuando encapuchados destrozaron algunos vidrios del edificio.

Según explica una apoderada, que por seguridad prefiere mantener su identidad en reserva, esta situación se produjo porque la rectoría mantenía firme su decisión de continuar con las clases pese a los desórdenes y además de evitar que Fuerzas Especiales ingresara al establecimiento. Esta última medida, explica la madre, se había tomado con el objetivo de evitar que los encapuchados se victimizaran de la «represión policial». Algo que enfureció a los jóvenes.

A raíz de esta situación, la violencia de los encapuchados cambiaron la estrategia y el lunes 30 de septiembre un grupo de jóvenes retiro las protecciones que evitaban los accesos al techo del recinto. Luego de hacer eso se subieron a la azotea para poder enfrentarse, desde la altura contra Carabineros. Incluso los llamados a manifestarse contra las autoridades se hicieron más recurrentes por redes sociales, particularmente a través de cuentas de Instagram.

El martes 1 de octubre si bien se realizó un cortacalles la cantidad de personas que participaron fue menor a la de días anteriores, sin embargo el día siguiente se produjo un hecho que por lo bajo puede ser catalogado de «curioso». Ese miércoles un grupo de encapuchados ingresó al colegio un esmeril, herramienta utilizada en construcción para cortar fierros, con la cual intentaron derribar las rejas interiores del colegio. Fue tal la situación que la rectoría tuvo que ordenar cortar la electricidad para que el plan no se pudiera concretar.

El día siguiente, fue uno de los pocos en los que hubo una relativa calma sin que se realizaran desmanes, sin embargo, el viernes los encapuchados volvieron a realizar desórdenes en la vía pública, incluso hay un vídeo de esa jornada en la que una apoderada camina raúdamente con su hijo al colegio para que asistiera a clases, mientras a su lado un grupo de jóvenes custodia y aviva una barricada.

Tras el fin de semana se volvieron a producir enfrentamientos entre encapuchados y Carabineros. Si bien el martes no se produjeron incidentes, el miércoles 9 de octubre se produje el mayor punto de inflexión. Ese día un grupo de encapuchados lanzó bombas molotov al interior de la inspectoría del sector 2, en medio del incendio que produjo la situación un profesor se quemó las manos tratando de apagar los sillones que se encontraban en llamas.

Un días después, el jueves 10 los encapuchados convocaron a estudiantes de otros colegios para manifestarse. Mientras un grupo realizaba barricadas con mobiliario del colegio en San Diego, otro ingresaba al establecimiento y se dirigía a la rectoría y a las inspectorías para destrozar las oficinas, algo que realizaron incluso con un combo de construcción, con el cuál dañaron seriamente el piso de los pasillos. Ese día la situación fue tal que se suspendieron las clases de la mañana. En ese contexto, los estudiantes del Instituto Nacional realizaron la primera evasión masiva en el Metro.

El viernes 19 la situación escaló aún más y encapuchados ingresaron a la rectoría con la intención de quemar la oficina pese a que la rectora se encontraba ahí. Eso motivó a que Orell se contactara con Carabineros para solicitar su ayuda y sacaran a los jóvenes del lugar. Fue la semana más compleja de la rectora interina y el preludio de lo que ocurrió este martes.

Si bien, esta semana comenzó de forma más calmada porque Carabineros realizó el domingo una inspección al interior del colegio en la que lograron incautar bombas molotov y material incendiario. Los encapuchados este martes volvieron a la carga e incendiaron una inspectoría del establecimiento, lo que motivó que llegarán 5 compañías de bomberos y se suspendieran la clases durante la jornada de la mañana.

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