Publicado el 06 de junio, 2020

Lüders y crisis del 82: «Hay varias lecciones importantes y casi todas están siendo recogidas actualmente»

Autor:

Bastián Garcés

El economista y ex biministro de Hacienda y Economía analiza las enseñanzas que dejó la crisis económica de 1982 a la luz del actual escenario por el coronavirus. El período volvió a la memoria luego del Imacec de -14.1%. «No tengo dudas de que la revalorización de los acuerdos pasa por un delicado proceso de reconstrucción de confianzas y de la voluntad de transar», asegura el ex secretario de Estado respecto al diálogo entre el gobierno y la oposición.

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Bastián Garcés

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Mantener la libertad de precios, tener un sistema financiero sano y a todas las empresas viables en hibernación. Son para el ex biministro de Hacienda y Economía Rolf Lüder las más importantes enseñanzas que dejó la crisis económica de 1982 y que se están aplicando para enfrentar el actual panorama económico que ha producido la pandemia del Covid-19.

El Imacec de abril de -14,1% trajo de vuelta a la memoria la crisis económica que se vivió en el país hace 38 años, ya que las cifras que se dieron a conocer este lunes solo pueden ser comparadas con las de ese período. «La similitud existente entre la crisis de 1982 y la actual es su posible gravedad, medida en términos de caída del PIB y de la magnitud del desempleo», asegura el economista en conversación con El Líbero.

-El lunes se dio a conocer que el Imacec de abril tuvo una contracción de un 14,1%, sobre esta cifra el ministro de Hacienda Ignacio Briones afirmó que estaba «sobre las estimaciones», ¿se tuvo un falso optimismo frente a la situación?

-El ministro de Hacienda ha estado advirtiendo, desde que asumió su cargo, que la situación socio-económica del país iba a ser muy seria, de tal manera que difícilmente se le puede criticar de ser en exceso optimista.  Y la verdad es que el dato del Imacec tomó de sorpresa a la mayoría de los economistas del país. Los niveles de actividad en este momento en Chile dependen en buena parte del programa sanitario, que como todos sabemos varía de semana en semana de acuerdo con los grados de contagio que se observan en las distintas partes del país.  Como el comportamiento del coronavirus que nos preocupa no es predecible y tampoco se puede anticipar el comportamiento correspondiente de la población, es muy difícil realizar una buena predicción -incluso a corto plazo- de los niveles de actividad.

-Los expertos han señalado que «lo peor está por venir», ¿concuerda con este análisis?

-Por los motivos señalados en la respuesta anterior, no sé si estamos en el peor momento de la pandemia en Chile, ni es predecible el comportamiento de los demás países en materia de comercio exterior, factor clave en la futura evolución de la actividad económica en el país. Existe en estos momentos incertidumbre knightiana con respecto a la evolución de la pandemia en Chile, es decir, simplemente es imposible anticipar su desarrollo o de evaluar los riesgos asociados. No obstante, la esperanza es que el programa de cuarentenas y de las medidas orientadas a mitigar la difusión del virus en la población logren controlarla, estirando el período de su existencia, en espera de una vacuna o remedio. El arte consiste, entonces, en equilibrar mientras tanto, en el margen, los daños en vidas que causa el virus, con las pérdidas de vida originados por las consecuencias (hambre, otras enfermedades) de la falta de actividad económica generada por las medidas de mitigación antes comentadas.

Existe en estos momentos incertidumbre knightiana con respecto a la evolución de la pandemia en Chile, es decir, simplemente es imposible anticipar su desarrollo o de evaluar los riesgos asociados».

La regla de política de esto ignora el costo, en términos de pérdidas de libertad, que las cuarentenas y demás reglas sanitarias -impuestas por la autoridad- implican para los ciudadanos. Curiosamente en Chile los que más preocupados están en minimizar este costo parecen ser las autoridades del Minsal pero, comparado con otros países más desarrollados, hay poco debate público sobre la materia. Al respecto es interesante la experiencia de Uruguay, que ha evitado las cuarentenas y sin embargo tiene relativamente poco contagio y relativamente pocas muertes causadas por el virus. ¿Permite una población mejor educada utilizar métodos más respetuosos de las libertades individuales para paliar los efectos del coronavirus?

-Se ha comentado que este Imacec solo puede ser comparado con las cifras que se vivieron durante la crisis financiera de 1982, usted fue biministro de Hacienda y Economía durante ese período, ¿qué similitudes ve entre ambas situaciones?

-La similitud existente entre la crisis de 1982 y la actual es su posible gravedad, medida en términos de caída del PIB y de la magnitud del desempleo. Sin embargo, el entorno y las causas de la crisis son muy diversas. La crisis de 1982 tuvo su origen en el exceso de endeudamiento de los agentes económicos y en una recesión causada por un fuerte aumento del precio del petróleo y la aplicación en los países desarrollados de políticas monetarias fuertemente contractivas.  La actual crisis tiene su origen en la difusión del coronavirus y la aplicación de medidas sanitarias que tienen como efecto una gigantesca contracción de la producción de ciertos servicios (turismo, transporte aéreo, restaurantes, etc.) en todo el mundo y en Chile. Antes de que se desatara la actual crisis la situación económica mundial era más que satisfactoria y la situación de la banca del país excelente.

Hay que mantener los precios libres para que la economía se pueda ajustar lo más rápidamente posible a las nuevas y cambiantes circunstancias».

En 1982 fue relativamente fácil identificar su origen y luego encontrar los medios para resolver la crisis, en cambio esta vez no conocemos el comportamiento que tendrá el coronavirus, ni la duración del fenómeno. Con esta incertidumbre es muy difícil evaluar políticas públicas.

-¿Qué lecciones de la crisis de 1982 se pueden aplicar para enfrentar la crisis económica del Covid-19?

-Hay varias importantes, y en realidad casi todas están siendo recogidas actualmente. Una primera lección es que hay que mantener los precios libres, para que la economía se pueda ajustar lo más rápidamente posible a las nuevas y cambiantes circunstancias.  En 1982 tuvimos hasta ya bien entrada la crisis, simultáneamente, el tipo de cambio fijo y una regla de reajuste automático de remuneraciones de acuerdo con la inflación.  La fijación cambiaria existió porque en esos momentos estaba de moda un esquema de ajuste macro automático de la balanza de pagos y el reajuste automático de salarios fue una política adoptada para facilitar la reforma laboral de la época. Estas políticas hicieron -hasta que no se liberara el tipo de cambio y se relajara la mencionada regla- muy difícil mantener, para qué hablar de aumentar la competitividad de la economía chilena.

Es conveniente mantener a todas las empresas viables en hibernación, de tal manera que, cuando se reactiva la actividad económica, no se pierda tiempo y esfuerzo en reconstruirlas».

Una segunda lección fue que hay que tener en todo momento un sistema financiero sano. Por motivos muy válidos -la privatización de las empresas nacionalizadas en períodos anteriores y el deseo de crecer- los agentes económicos chilenos se endeudaron fuertemente. Ese endeudamiento se hizo posible por el optimismo reinante -la economía iba a crecer a altas tasas por un largo período- y porque la misma esperanza se transmitió al extranjero. Por ello, la banca internacional estuvo dispuesto a financiar los mencionados endeudamientos.  Cuando llegó la hora de la verdad, al país le faltó la liquidez necesaria para evitar la caída de la actividad.

Y una tercera lección es que es posible y conveniente mantener a todas las empresas viables en hibernación, de tal manera que, cuando se reactiva la actividad económica, no se pierda tiempo y esfuerzo en reconstruirlas. Evidentemente, en el caso de empresas grandes -en que se puede separar propiedad y administración- hay que tener especial cuidado de que tal ayuda no se traduzca en un subsidio estatal a las grandes empresas y el consiguiente riesgo moral.

Si seguimos por el camino de confrontación por el cual veníamos caminando hacia fines del año pasado, volveremos a caer en un barranco, que esta vez puede ser incluso más hondo que aquel en que caímos en los 1970″

-El ministro Briones sostuvo la importancia de lograr un acuerdo nacional en materia económica con la oposición para proteger los ingresos y asegurar una reactivación económica, más aún tras las últimas cifras, ¿qué elementos debería tener este acuerdo?

Lo importante, me parece, es que este acuerdo sea el paso inicial de un proceso que vuelva a valorar los acuerdos políticos como un elemento absolutamente esencial de toda democracia. El Chile de los años 90 fue tan exitoso porque se implementaron las políticas sociales adecuadas, pero -y ese es el punto- esas políticas solo se pudieron adoptar porque, por ejemplo, un Edgardo Boeninger y un Sebastián Piñera, las podían, como sucedía antaño también, concordar.

Luego el clima societal cambió y «acuerdo» pasó a ser sinónimo de contubernio, de cocina. ¿Por qué pasó eso?  No lo sé, pero no tengo duda que la revalorización de los acuerdos pasa por un delicado proceso de reconstrucción de confianzas y de la voluntad de transar. Dicho lo anterior, los tres ejes de un acuerdo propuestos por Ignacio Briones -la protección del ingreso de las familias, la reactivación económica y el empleo, y la convergencia fiscal- me parecen temas actualmente muy relevantes y al mismo tiempo asuntos en que, habiendo bastante acuerdo técnico, debiera ser posible llegar a un consenso político. Por lo demás, y por lo dicho anteriormente, sería un error pretender que en este proceso se pretenda llegar, al menos en un comienzo, a un acuerdo de todos los sectores políticos.  Basta con que sea una amplia mayoría.

-¿Están las condiciones para lograr este acuerdo?

-No lo sé, pero me temo que si seguimos por el camino de confrontación por el cual veníamos caminando hacia fines del año pasado, que es la alternativa práctica, volveremos a caer en un barranco, que esta vez puede ser incluso más hondo que aquél en que caímos en los 1970.

No tengo duda de que la revalorización de los acuerdos pasa por un delicado proceso de reconstrucción de confianzas y de la voluntad de transar».

-Un grupo de economistas junto al Colegio Médico propusieron usar el saldo del Fondo de Estabilización Económica y Social como marco de referencia para definir lo que se podría gastar durante los próximos 18 meses, lo que permitiría financiar bonos de $300 mil al mes para familias de 4 integrantes, ¿es viable esta propuesta?

-Claro que es viable y en gran medida porque en recientes décadas el país siguió políticas públicas muy responsables. El fisco, al margen de tener un endeudamiento moderado y haberse creado un merecido prestigio internacional (que es equivalente a un cierto capital), fue engrosando un fondo de reservas precisamente para ser utilizado en un período como el actual.  Y si esto fuese poco, creó un cuantioso fondo de cesantía.

La pregunta del millón de dólares -en vista de la incertidumbre knightiana existente y la necesidad de reactivar la economía tan pronto lo sanitario lo hago posible- es a qué ritmo el fisco gasta esas reservas y se endeuda.  Frente a esa coyuntura caben dos posturas extremas obvias, quemar todas las reservas o atesorarlas todas, o diferentes intermedias.  Tanto la posición de Hacienda, como aquella del Colegio Médico apoyado por un grupo de economistas, corresponden a estas últimas posiciones, la primera más cautelosa, como le corresponde a un ministro de Hacienda, y la segunda más arriesgada.

-En medio de esta situación varias empresas se han visto afectadas y han solicitado ayuda estatal para enfrentar la crisis. Al respecto usted comentó que «lo importante es que la ayuda se otorgue a las empresas, y no a sus dueños, y que se haga siempre que éstas sean viables». ¿Cómo se puede asegurar que los fondos sean utilizados por las empresas?

-Me imagino que en el trasfondo de la pregunta está el temor de que los fondos de auxilio recibidos por estas empresas sean utilizados para pagar dividendos, que luego serían utilizados por sus dueños para darse la gran vida o transferirlos al extranjero. La forma de desincentivar este comportamiento -que de acuerdo con las encuestas solo preocupa a la opinión pública en el caso de las grandes empresas- es otorgar la ayuda de tal modo que no exista un subsidio estatal implícito. Es decir, hay ayuda para poder hibernar mientras dure la crisis, pero no hay subsidio.  ¿Cómo se puede hacer eso?  Se me ocurren al menos dos modos.  Uno es que el Estado adquiera parte de la empresa, siempre que sea viable, a precio de mercado actual, que normalmente será muy bajo por las circunstancias.  La otra, que me gusta más, es que el Estado -asesorado competentemente- garantice la emisión de papeles de deuda de la empresa viable en problemas transitorios por la crisis.  Tal emisión de papeles sería en el mercado, a las tasas de interés de mercado actuales, y el aval estatal sería garantizado por los dueños de la empresa con 120-150 por ciento del valor del crédito en acciones de la empresa o activos reales, también valorizados a precio de mercado.

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