Publicado el 28 de agosto, 2019

La última cruzada de Alicia Bárcena en línea con el bacheletismo: Que Chile firme el tratado de Escazú

Autor:

Bastián Garcés

La secretaria ejecutiva de la Cepal instó al gobierno a suscribir el Acuerdo Regional de Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales. Si bien la administración de la Nueva Mayoría encabezó las negociaciones, tras el cambio de mando, La Moneda postergó la ratificación del documento para analizar posibles conflictos de soberanía. Sin embargo, la funcionaria internacional, de conocidos lazos con la izquierda, ha insistido en la materia al igual que la ex jefa de gabinete de Bacehelet, Ana Lya Uriarte. «Estamos en obligación de firmar el Pacto de Escazú», dijo la abogada.

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Bastián Garcés

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«Esperamos contar con Chile entre el grupo de países que están mostrando su compromiso con el desarrollo sostenible, la democracia ambiental y los derechos humanos y nos acompañe en esta oportunidad«, dijo el lunes pasado la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la mexicana Alicia Bárcena. De esta forma instaba al gobierno del Presidente Sebastián Piñera que firmara el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, conocido como Acuerdo de Escazú.

Un instrumento jurídico en cuya elaboración y negociación el gobierno de Michelle Bachelet jugó un rol fundamental. Sin embargo, la decisión de firmar el acuerdo quedó en manos de la actual administración. En septiembre del año pasado, La Moneda optó por no ratificar el documento y argumentó  que el «otorgamiento de jurisdicción a Tribunales Internacionales debe ser estudiado con responsabilidad y rigor, toda vez que ello significa una cesión de nuestra soberanía«.

A un año de que La Moneda tomara esa postura, la secretaria ejecutiva de la Cepal, defendió el acuerdo afirmando que «marca un hito sin precedentes para el multilateralismo regional con miras al desarrollo sostenible». La mexicana aseguró que se trata del primer documento en «proteger de manera específica a las defensoras y defensores ambientales».

De hecho, Bárcena argumentó a favor de los beneficios del Acuerdo de Escazú utilizando el informe de la Defensoría de la Niñez respecto a la crisis medioambiental que ocurrió el año pasado en Quintero y Puchuncaví. Barcena aseguró que la Defensora de la Niñez, Patricia Muñoz, «hace un llamado a los órganos de la administración del Estado a observar las mejores prácticas posibles sobre acceso a la información, participación pública y acceso a la justicia en asuntos ambientales, conforme los tratados internacionales y en línea con lo establecido en el Acuerdo de Escazú» y aseveró que «avanzar en las recomendaciones a Chile de la OCDE sobre democracia ambiental son otro ejemplo en que el Acuerdo resulta de utilidad».

Unas declaraciones que reavivaron el debate sobre el acuerdo, el cual ha sido defendido públicamente por ex funcionarios de la Nueva Mayoría y la centroizquierda. Una tendencia a la que Bárcena se siente muy cercana. Tres días después de que la secretaria de la Cepal llamara al gobierno a firmar el documento, la ex jefa de gabinete de Michelle Bachelet, Ana Lya Uriarte, reapareció para criticar la postura de La Moneda.

«Chile va a ser sede de la COP y eso es le impone un rol estelar dentro del desarrollo y el éxito que pueda tener», afirmó Uriarte a La Tercera y aseguró: «Estamos en obligación de firmar el Pacto de Escazú porque es incomprensible que siendo sede, la información ambiental, la justicia ambiental y la participación ciudadana, no sean temas que nosotros hayamos suscrito y ratificado en un nivel de tratado». Incluso, la ex jefa de gabinete remarcó que «como país lo impulsamos, logramos atraer a otros países para que lo suscribieran y nosotros no lo suscribimos. Es decir: quedamos como el capitán Araya: los dejamos a todos embarcados y nos quedamos en la playa«.

Aunque no ha sido la única figura de la centroizquierda que se ha referido a la negativa del gobierno de firmar el acuerdo. En abril de este año, el ex ministro de Medio Ambiente de Michelle Bachelet, Pablo Badanier, señaló a Emol que «son acuerdos multilaterales y en este caso tiene la particularidad que es regional (…) sería importante, si bien no es una condición, que Chile pudiera firmar Escazú antes de la realización de la COP 25». El ex secretario de Estado también afirmó que «Chile no haya firmado el Acuerdo de Escazú merece una explicación. Y hasta la fecha de hoy no tiene explicación, nadie de este Gobierno ha dado una siendo que se inició en el primer gobierno del Presidente Piñera y lo continuó el gobierno de la Presidenta Bachelet».

Si bien fue la idea nación en la Conferencia de desarrollo sustentable de Naciones Unidas de Río de Janeiro 2012, con un mensaje presentado por la primera administración de Sebastián Piñera, fue el gobierno de la Nueva Mayoría quien realizó el mayor impulsó con el objetivo de transformarlo en uno de los legados de Michelle Bachelet en materia medioambiental. No solo eso, también fue una de las «herencias» internacionales que recibió Chile Vamos en su regreso La Moneda como el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular de Marrakech.

La cercanía de Bárcena con la izquierda y su amistad con los Castro en Cuba

La relación de Alicia Bárcena con la izquierda no es algo desconocido. En 2009 en una entrevista con la agencia Notimex afirmó: «No me siento tan conocedora como para decir que fui marxista, pero pertenecía un grupo en el que creíamos en valores de igualdad y teníamos este sueño de hacer un México bueno, un México nuevo«. En la conversación, además, la jefa de la Cepal recordó que en México, durante su juventud, fue integrante del Comité de Lucha de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Un año después, en 2010, señaló a El País en momento en que aún se sentían los efectos de la crisis económica de 2008 que «hay que sentar en el banquillo de los acusados al que debe estar ahí, que no es la sociedad del bienestar, sino el sistema financiero«.

Una cercanía que se volvió a hacer patente el año pasado, cuando Bárcena designó a Cuba como sede del trigésimo séptimo período de sesiones de la Cepal, que se realizó en La Habana entre el 7 de y 11 de mayo. Fue durante esos días que la secretaria ejecutiva aseveró que «Cuba es un ejemplo relevante de cooperación sur-sur» y que el organismo internacional mantenía su «compromiso de seguir acompañando a Cuba en su propio y soberano recorrido hacia el desarrollo».

No era la primera vez que la mexicana realizaba gestos de apoyo al régimen castrista. En 2013, cuando Raúl Castro ejercía la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la funcionaria internacional se reunió con el Jefe de Estado para manifestar la disposición de la Cepal para apoyar el trabajo del país caribeño como cabeza de la Celac.

Aunque la mayor polémica ocurrió tres años después, en 2016, con la carta en la que la Cepal expresaba sus condolencias por la muerte de Fidel Castro. «El rostro presente de nuestro continente lleva impreso en sus rasgos la huella de su presencia, el timbre de su voz, los colores de los sueños que animó«, señalaba el texto firmado por Bárcena en donde afirmaba que «imposible intentar comprender el siglo XX latinoamericano y caribeño, y el paisaje compartido de estas décadas tempranas del nuevo milenio, sin ubicar a Fidel como protagonista de primer orden».

No solo eso, Bárcena destacaba que el ex Jefe de Estado cubano «lideró un ejercicio de voluntad popular que cristalizó en una Cuba que se erige como evidencia de que es posible abordar los desafíos de presente y futuro sin renunciar a los sentidos esenciales de un proyecto nacional que optó por poner el bienestar integral de sus ciudadanos a la cabeza de sus prioridades».

Ese mismo año, fue investida doctora honoris causa por la Universidad de La Habana. En una ceremonia en la que estuvieron representantes del gobierno. De hecho durante su visita, Bárcena fue recibida por Raúl Castro, en un encuentro en donde la cabeza de la Cepal manifestó la disposición del organismo para continuar acompañando el proceso de actualización del modelo económico cubano.

Otra muestra de su simpatía por la centroizquierda se dio a principios de este año, cuando la mexicana aseguró a El País que «no creemos que las políticas tipo Escuela de Chicago sean la solución». En conversación con el medio español, la jefa del organismo internacional criticó las medidas impulsadas por el Presidente brasileño Jair Bolsonaro: «Hasta ahora lo que se ve venir es una política neoliberal –privatizaciones quizás– que podrían dinamizar la economía en un corto plazo. Pero no sé si al mediano o largo plazo sea la solución. Ya hemos pasado por ahí en otros países».

La secretaria de la Cepal, durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet valoró públicamente las reformas realizada por el Ejecutivo. Y, en 2016, la mexicana señaló que las modificaciones respondían a medidas «de larga data que en realidad definen cuál va a ser el pacto futuro». De hecho, uno de los artífices del cambio tributario, el ex ministro de Hacienda Alberto Arenas, ingresó a trabajar en la Cepal en junio de 2015.

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