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Publicado el 11 de mayo, 2019

La trampa mortal en que hacen caer a los medios los ecoterroristas

Autor:

Bastián Garcés

«Sin comunicación no habría terrorismo», planteó a fines de los setenta el teórico de la comunicación Marshall McLuhan, sobre la necesidad que tienen los autores de este tipo de hechos de buscar atención pública. Tras el fallido atentado en contra del presidente de Metro, Louis de Grange, la organización que se adjudicó el accionar se jacta en su página web de cómo los medios cubren sus actos. El Consejo Nacional de Televisión, recomienda «un tratamiento informativo especialmente riguroso y ajeno por completo a cualquier tipo de concesiones al sensacionalismo y a la especulación».

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Bastián Garcés

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«Atentado terrorista» fue una de las palabras que se repitió en los medios de comunicación durante los últimos días, luego de que se conociera que Carabineros había desactivado un artefacto explosivo dirigido al presidente de Metro, Louis de Grange. Pese al hermetismo de las primeras horas, la noticia se hizo conocida y saltó a las portadas de diarios y a los titulares de los noticiarios de TV.

El hecho fue similar al que afectó al presidente de Codelco, Óscar Landerretche, a quien en enero de 2017 le explotó un paquete que llegó a su domicilio. El economista sufrió lesiones en el brazo, antebrazo y abdomen, aunque no fueron de gravedad. Ambos ataques se los adjudicó el autodenominado grupo ecoterrorista Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS), la misma agrupación que el 4 de enero de este año afirmó estar detrás de una explosión en un paradero del Transantiago, en el que una pareja de venezolanos resultó herida.

Los grupos que planifican y ejecutan dichos actos necesitan que el resultado de éstos aparezca en la portada de un diario y en los titulares de apertura de un noticiario de TV».

En las tres oportunidades, los medios de comunicación realizaron extensas coberturas de los hechos. Especialmente en el que ocurrió a principios de este año, en donde los canales de televisión pararon sus transmisiones habituales para realizar emisiones extraordinarias de los departamentos de prensa. No solo eso, sobre este grupo se han realizado reportajes, conversatorios en programas de TV y entrevistas. Algo que la agrupación antisocial se ha encargado de recopilar en su sitio web, en donde ya almacena al menos 30 piezas audiovisuales de canales como Chilevisión, Mega, 24 Horas, Canal 13, CNN Chile y emisoras extranjeras como Russia Today o Telesur.

A raíz de esto, la frase pronunciada en la década de los setenta por el teórico canadiense de la comunicación Marshall McLuhan, «sin comunicación no habría terrorismo«, cobra sentido. Algo que, el propio Consejo Nacional de Televisión (CNTV) ya estudiaba dos años antes de que se produjera el ataque contra Landerretche.

CNTV y terroristas: «Necesitan que el resultado de éstos aparezca en la portada de un diario y en los titulares de apertura de un noticiario de TV»

La minuta «Medios de comunicación y terrorismo», el CNTV se hace eco de las palabras de McLuhan y afirma que «el terrorismo necesita de los medios para convertir los hechos en imágenes de propaganda«, aunque también señala que «los medios utilizan el terrorismo como noticia sobre la cual es preciso entregar antecedentes, de acuerdo a los principios de la libertad de expresión y derecho a la información».

Las actividades terroristas deben ser objeto de un tratamiento informativo especialmente riguroso y ajeno por completo a cualquier tipo de concesiones al sensacionalismo y a la especulación».

En las 13 páginas del documento, el organismo comenta la frase del teórico canadiense y explica que de ella «se desprende la idea de que el terrorismo sería consustancial al mundo moderno». Algo que ejemplificaban con el ataque del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, los que según el CNTV se «realizaron para que pudieran ser vistos por televisión».

También se analiza la diferencia que realiza la investigadora María Gil Casares entre un acto criminal y uno terrorista -la que deja de lado las motivaciones políticas-, y que consiste en que «pocos delincuentes comunes necesitan de publicidad para ver sus aspiraciones satisfechas». Algo que para el consejo implica que «los terroristas exigen necesariamente esta propaganda para que sus objetivos se cumplan», razón por la que la relación entre estos actos y los medios de comunicación «resulta fundamental para la correcta comprensión del fenómeno de la violencia política y con su consiguiente impacto en las audiencias».

«Los grupos que planifican y ejecutan dichos actos necesitan que el resultado de éstos aparezca en la portada de un diario y en los titulares de apertura de un noticiario de TV», se lee en el documento. Esto porque si bien los medios de comunicación informan a la opinión pública sobre estos actos, al mismo tiempo son «plataformas de propaganda para los grupos terroristas y sus acciones».

El principio de libertad de información no debe ser el prioritario cuando vidas humanas están en peligro».

Incluso el organismo plantea que «el fenómeno terrorista reviste un afán de exhibición», el cual desarrolla una puesta en escena para llamar su atención y dirigir sus acciones hacia un grupo identificable. Una característica que para el CNTV no es casual: «Los terroristas son tremendamente conscientes de la significación de sus acciones».

No solo eso, este tipo de agrupaciones sabe que encuentra «en los medios el eco deseado para propagar su denominación o su propio mensaje; así, los terroristas proporcionan, a su vez, el espectáculo que los periodistas necesitan para satisfacer a la audiencia».

Es por este motivo, que la minuta plantea una serie de recomendaciones para el tratamiento de este tipo de hechos, las que se basan en la cobertura que realizó la BBC -tras el atentado del 7 julio de 2005 en el transporte público de Londres-  y en el Consejo de Europa. La premisa fundamental es que las «actividades terroristas deben ser objeto de un tratamiento informativo especialmente riguroso y ajeno por completo a cualquier tipo de concesiones al sensacionalismo y a la especulación«.

Si bien se reconoce que los medios de comunicación tienen la obligación de informar sobre este tipo de hechos, porque es un derecho de los ciudadanos recibir dicha información, se insta a negarles a las organizaciones terroristas la «plataforma de alta publicidad que buscan», porque los terroristas consideran a los medios de comunicación como un instrumento más de sus actividades y los «periodistas han de evitar contribuir» a sus objetivos ideológicos.

Otro punto que se pone de relevancia es el derecho a la intimidad de las víctimas y sus familiares, el que debe ser conjugado con el derecho de los ciudadanos a recibir información lo más objetiva posible. «Entre ambos espacios debe mediar la responsabilidad de los medios al informar sobre los hechos», sostiene el documento.

La minuta también recoge aspectos vinculados a la libertad de información y que apuntan un “tratamiento selectivo” de los antecedentes para construir las noticias sobre actos terroristas, propuestos por el investigador Miquel Rodrigo Alsina. Entre los que destacan establecer una diferencia clara entre hechos y opiniones, lo que debe enfocarse en «dar la información de los hechos sin disminuir su importancia, pero favorecer una toma de conciencia antiterrorista».

También se postula no sobredimensionar los acontecimientos, no difundir ningún elemento propagandístico de la organización terrorista -como comunicados o entrevistas-, además se recomienda no utilizar la terminología usada por este tipo de organizaciones, tener claridad en la «línea editorial de rechazo y condena de las acciones terroristas», y que «el principio de libertad de información no debe ser el prioritario cuando vidas humanas están en peligro».

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