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Publicado el 13 de agosto, 2018

La mujer que conecta a Lula Da Silva con el nuevo jefe de Bachelet

Autor:

Bastián Garcés

María Luiza Ribeiro fue funcionaria del gobierno del ex Mandatario brasileño, donde ejecutó la iniciativa «Acción contra la pobreza» en el ministerio de Relaciones Exteriores, además de ser su embajadora en la ONU. En 2015, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, la designó como su jefa de gabinete. Ambos tendrán ahora diálogo fluido con la ex Presidenta Bachelet como Alta Comisionada para los DD.HH., quien ha protagonizado la campaña a favor de Lula, actualmente preso.

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Bastián Garcés

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A poco menos de un mes de asumir como secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el portugués António Guterres -nuevo «jefe» de Bachelet- seleccionó a tres mujeres para los puestos clave en el organismo internacional. De esta forma, en diciembre de 2016, dio a conocer que la coreana Kyung-wha Kang sería su asesora especial de políticas, en tanto la nigeriana Amina Mohammed asumiría como vicesecretaria general y la brasileña María Luiza Ribeiro Viotti se transformaría en su jefa de gabinete.

Ribeiro trabajó en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y de Dilma Rousseff. Y ahora, por su posición tendrá una comunicación directa con la ex Presidenta Michelle Bachelet, cuando asuma en septiembre como Alta Comisionada para los Derechos Humanos del organismo, cargo al que fue nominada por Guterres.

La funcionaria brasileña tuvo una destacada participación en el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, durante el gobierno de Lula. Entre 2004 y 2006 fue directora general del Departamento de Derechos Humanos y Asuntos Sociales de la cartera. Período en el que incluso, estuvo a cargo de ejecutar la iniciativa del ex Mandatario Lula da Silva «Acción contra la Pobreza», razón por la cual participó en enero de 2005 en el Foro Social Mundial de Sao Paulo, organizado por la Internacional Socialista, que en esa época estaba encabezada por Guterres.

En el encuentro, Ribeiro estuvo presente en la reunión especial «Acción Internacional contra el Hambre y la Pobreza: la Búsqueda de nuevos mecanismos de financiamiento para el desarrollo», que fue organizada por la Internacional Socialista con el objetivo de «apoyar los esfuerzos del Presidente Lula contra el hambre y la pobreza».

Un año después fue designada por el ex Mandatario como representante permanente de su país en las Naciones Unidas, puesto que ostentó hasta 2013, ya que en el gobierno de la destituida Presidenta Dilma Rousseff, la destinó entre ese año y 2016 como embajadora en Alemania.

Fue durante su último año como embajadora de Brasil ante la ONU que Ribeiro participó en el homenaje que el organismo internacional realizó en memoria de Hugo Chávez, quien falleció en a principios de marzo de ese año. En la instancia, en la que también intervinieron el entonces secretario general de la entidad, Ban Ki-moon, el embajador cubano, Rodolfo Reyes, entre otros, Ribeiro expresó que el Presidente venezolano «emprendió un proceso de progresos económicos, políticos y sociales que redujeron significativamente la desigualdad social entre los venezolanos». Además indicó que, a nivel regional, el líder del Partido Socialista Unido de Venezuela «desempeñó un papel muy importante en la integración, en la creación de Unasur y la comunidad de Celac, de Estados latinoamericanos y del Caribe».

Bachelet y «Quero Lula»

La diplomática, Guterres y Bachelet tienen en común la simpatía que demuestran por Lula Da Silva, en la actualidad preso en Brasil por corrupción.

De hecho, un mes antes de ser nominada como Alta Comisionada para los Derechos Humanos por Guterres, la ex Mandataria encabezó una carta firmada por 46 personalidades políticas chilenas apoyando al líder del Partido de los Trabajadores. En la misiva, los adherentes apelaban «al Poder Judicial del Brasil para que garantice el pleno respeto a la Constitución, permitiendo la inscripción de Lula como candidato presidencial. Lo exige la democracia brasileña. Lo demandamos también los demócratas chilenos».

Además, expresaban su «preocupación por la crisis política que atraviesa Brasil y nuestra solidaridad con el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva, mantenido actualmente en prisión». Gesto que fue criticado tanto por autoridades chilenas como brasileñas.

Y pocos días después del polémico texto, la ex Presidenta viajó a Brasil para participar como conferencista principal en el XII Congreso Brasileño de Salud Colectiva. Si bien finalmente no concretó una visita a Lula a la cárcel de Curitiba, como se especuló incluso en medios brasileños, Bachelet sí se encargó de hacer un gesto a su amigo. Este fue el fotografiarse con una polera y una bolsa con la cara del ex Jefe de Estado de Brasil, con las frases «#Quero Lula» y «La esperanza va a vencer el miedo una vez más».

Las reiteradas negativas de la ex Presidenta para reunirse con disidencia cubana y venezolana

En estos días, los partidos del oficialismo han declarado que esperan que la ex Mandataria, ahora desde su nuevo cargo, se pronuncie por las violaciones de DD.HH. en países de la región como Venezuela, Cuba y Nicaragua. Y son algo escépticos al respecto puesto que mientras estuvo en La Moneda, Bachelet negó en más de una ocasión audiencias con representantes de la disidencia de esos países.

El primer antencedente de la futura Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, sucedió en julio de 2013, cuando Bachelet era abanderada de la Nueva Mayoría. Durante ese mes, Hernique Capriles visitó Chile y solicitó una cita con la candidata de la centroizquierda. En ese entonces, la militante del PS se excusó diciendo: «No voy a juntarme con él porque mi agenda no me lo permite».

Ello motivo que Capriles respondiera: «Lo más fácil para la Presidenta Bachelet es no hacer nada. Es muy fácil no hacer nada. Esto no puede ser un tema de gobiernos que se ponen de acuerdo detrás de una cortina», señaló el líder venezolano.

Ya como Presidenta electa, en marzo de 2014, entregó apoyo a Nicolás Maduro en medio de la crisis del país caribeño y las protestas que dejaron más de 43 muertos y la detención de figuras de la oposición. «No nos parece adecuado que haya acciones violentas que busquen desestabilizar a un gobierno democráticamente elegido», dijo a días de asumir la presidencia.

En abril, la actitud de la actual autoridad de DD.HH. de la ONU no fue distinta. En 2015, Lilian Tintori y Mitzy Capriles, esposas de Leopoldo López y Antonio Ledezma, respectivamente, viajaron a Chile para dar a conocer la situación que vivían sus maridos. López fue condenado a 14 años de prisión, mientras que Ledezma era acusado de incitar a la violencia en las marchas estudiantiles de febrero de 2014. Pese a que solicitaron una cita con la ex Presidenta, la misma Bachelet descartó cualquier posibilidad. «Comentaristas se preguntaban por qué no recibía a las señoras venezolanas. La verdad es que nunca pidieron una reunión», argumentó la entonces gobernante. Lo que motivó que Tintori señalara que hacía meses le había enviado una “carta escrita a mano con un pedido personal”.

Ese mismo mes, vino a Chile la periodista y bloguera cubana, Yoani Sánchez. En los preparativos de su visita, la fundación encargada de traer a Sánchez, La Otra Mirada, solicitó un encuentro con la ex Presidenta, pero se negaron, nuevamente, por temas de agenda.

A fines de noviembre, tras la muerte de Fidel Castro, la ex Presidenta lamentó su deceso con palabras que generaron polémica. «Mis condolencias al Presidente Raúl Castro por la muerte de Fidel, un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina”, señaló en la ocasión.

Y, en diciembre de ese año, cuando Ana Julia Jatar, hermana del periodista chileno-venezolano Braulio Jatar, viajó a Chile para denunciar la “absoluta falta de justicia” y pedirle a la entonces Mandataria Bachelet que intercediera ante Maduro para que expulsara a Braulio a Chile. Bachelet optó por excusarse de la cita, aduciendo por razones de agenda.

El último año de gobierno de la Nueva Mayoría no estuvo exento de estas polémicas. En mayo de 2017, Rosa María Payá, hija del disidente cubano Oswaldo Payá, visitó Chile y pidió una una reunión con Bachelet. «Es esencial que se tome posición sobre la tiranía más longeva de América Latina, de un totalitarismo que ha afectado no sólo a los cubanos y venezolanos en el continente, y es hora de que se responda en consecuencia o al menos se nos diga si están a favor de los criminales en el poder o si están de parte del pueblo cubano», explicó Payá sobre sus deseos. Pese a su argumentación, La Moneda, nuevamente, dijo que esta cita no se podría realizar por «problemas de agenda».

Y en enero de este año, a menos de dos meses de dejar La Moneda, Bachelet viajó a Cuba donde se reunió con Raúl Castro. Pese a que el Congreso le solicitó a la ex Jefa de Estado agendar una cita con las Damas de Blanco, ella no lo consideró en su itinerario.

 

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