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Publicado el 10 de febrero, 2019

La conversión de Clifton Ross: cómo el promotor del chavismo en EE.UU. se desencantó y terminó renegando del régimen

Autor:

Emily Avendaño

Clifton Ross es un escritor, traductor y poeta estadounidense, titulado en Escritura Creativa, con un magíster en Inglés, en San Francisco. A mediados de la década del 2000 se dejó cautivar por el chavismo. Vivió en Venezuela donde escribió a favor del régimen e incluso hizo un documental sobre ese país. Vio caer el socialismo en la Unión Soviética, en Europa del Este, se desencantó del sandinismo y ahora es testigo de cómo el “último bastión” del llamado “socialismo del siglo XXI” enfrenta su peor crisis. Dice que se arrepiente de haberse dejado engañar por el sistema que promovía Chávez, que ahora está convencido que llevó al país petrolero a la ruina.

Autor:

Emily Avendaño

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El escritor y documentalista Clifton Ross fue muchas veces a Venezuela a lo largo de la casi década que transcurrió entre 2004 y 2013. En sus primeras visitas aterrizó en Mérida (una ciudad de Los Andes, al occidente del país petrolero) y se encandiló con el “socialismo con rostro humano”, mejor conocido como el Socialismo del Siglo XXI que promocionaba Hugo Chávez. En el último de sus viajes pasó por el extremo opuesto de la nación: fue a Ciudad Guayana, al sur-este y, por el contrario, se desencantó al ser testigo del quiebre de las industrias básicas de esa región, que se encargaban de procesar hierro, bauxita, oro, diamantes y otros minerales.

2013 fue el año de su separación definitiva de la llamada Revolución Bolivariana. Pudo entrar a Venezuela el 15 de abril, un día después de que Nicolás Maduro fuese proclamado Presidente al vencer a Henrique Capriles por un estrecho margen de 1%. En el país arreciaron las protestas ciudadanas que denunciaban un fraude orquestado por el Consejo Nacional Electoral y ante la evidente ventaja de la campaña de Maduro, mediante el uso de los recursos del Estado a su beneficio. Ross quería llegar a Mérida, donde muchas veces lo habían bien recibido, pero solo pudo hacerlo a través de la buena voluntad de unos opositores que lo llevaron en su vehículo particular.

Yo fui un evangélico, cristiano, durante muchos años y mi conversión al socialismo-comunismo por la teología de la liberación en los primeros años de los 80 fue lógica; en el sentido de que el comunismo es simplemente una religión secular que tiene la misma narrativa del cristianismo”.

En las horas de viaje escuchó la otra versión de la historia. La que no hablaba del fin del analfabetismo, o de la institucionalización de los consejos comunales –organizaciones vecinales que en algunos casos toman visos partidistas– y de las cooperativas. Cuando pudo encontrarse con sus “amigos chavistas” en Mérida fueron a la Plaza Bolívar de la ciudad, donde había un grupo de gente protestando contra esos resultados electorales. La respuesta de sus amigos fue lanzar piedras a quienes se manifestaban y perseguirlos.

Llegó a Mérida considerándose como un “chavista crítico”. En ese momento estaba en shock.

“Le pregunté a mi amigo: ‘¿por qué están tirando piedras?, ¿ellos no tienen derecho a protestar?, ¿es ilegal protestar en Venezuela?’, y me dijo: ‘no. Es que quieren quemar todo el país’. A mí me pareció que nada de eso tenía sentido, no estaban quemando nada, no había ni basura en la calle. Ese momento cambió mucho para mí. Yo había apoyado un proceso que no toleraba las protestas. En mi país –Estados Unidos–, siempre estamos protestando, no hay problemas por protestar”, relata Ross desde California a El Líbero.

Empecé a leer mucho sobre la Revolución Bolivariana y poco a poco empecé a cuestionar el sistema del socialismo. En 2014, 2015 y 2016, y en los últimos dos años mucho, mucho más, hasta que llegué a la conclusión de que no había posibilidad de hacer la sociedad que queremos con el socialismo, ni el comunismo”.

Ese año hubo un segundo hito que lo hizo replantearse su relación con el chavismo. Se entrevistó con el periodista de Ciudad Guayana Damián Prat. Al encender la cámara, Prat le dijo: “Algunos de ustedes en los círculos intelectuales críticos de Europa y los Estados Unidos parecen pensar que está bien que en los países de nuestra América Latina haya gobiernos y procesos arbitrarios llenos de abusos que en sus países no permitirían ni un minuto. En tu propio país rechazarías enérgicamente las mismas cosas que crees que están perfectamente bien que ocurran aquí; lejos, donde es exótico e interesante”. Al escuchar esas palabras Ross se avergonzó.

El episodio está narrado en el artículo The Bolivarian God That Failed publicado por Ross en la plataforma Quillette el 1° de febrero de este año. El autor, quien además realizó la película Venezuela: Revolution from the Inside Out (2008), admite que el texto se trata de un mea culpa, “pero también estoy muy preocupado por Venezuela, por mis amigos allá. Cuando viví allá en 2005 y 2006 encontré a gente increíble, buenas personas, hice muchas amistadas y después volví muchas veces”.

“La gente que cree en el socialismo y en el comunismo tiene una concepción del mundo religiosa, es una doctrina de fe”

Ross ha reportado los movimientos sociales y revolucionarios de América Latina desde 1982. Acompañó el Movimiento de Solidaridad y se internó en la Revolución Sandinista. En diciembre de 2004, azuzado por el sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, quien había sido ministro sandinista de Cultura, viajó a Venezuela a conocer de primera mano la “revolución” que encabezaba Hugo Chávez.

Para ese entonces ya no se identificaba con el cristianismo y su fe en el marxismo también estaba en duda, pero sobre lo cautivador del sistema que halló en Venezuela responde: “Realmente el comunismo no es una teoría política, sino religiosa. La gente que cree en el socialismo y en el comunismo tiene una concepción del mundo religiosa, es una doctrina de fe, y la gente no puede dejar su fe de lado, incluso cuando ven que no tiene nada que ver con la realidad. Los cristianos siguen creyendo en Jesús resucitado aunque saben científicamente que no es posible”.

Empiezas a preguntar y cuestionar cosas y, poco a poco, llegas a tus propias conclusiones. Esto es un proceso de toda la vida. Sí me arrepiento, pero solo de esta manera está la posibilidad de crecer, de descubrir nuevas cosas y de cambiar mis ideas. Estoy agradecido a los chavistas por desencantarme del socialismo y del comunismo”.

Agrega: “Yo fui un evangélico, cristiano, durante muchos años y mi conversión al socialismo-comunismo por la teología de la liberación en los primeros años de los 80 fue lógica; en el sentido de que el comunismo es simplemente una religión secular que tiene la misma narrativa del cristianismo y por eso es muy fácil mudarse de una perspectiva espiritual de otro mundo a una religión materialista de este mundo”.

El escritor y traductor se mudó a Venezuela entre los años 2005 y 2006 con el fin de seguir el proceso de primera mano. En ese tiempo recopiló los testimonios para su película, que fue estrenada en 2008. Lo cautivaba en particular el auge de los movimientos sociales de base, en especial el de las casi 200.000 cooperativas que se habían conformado, en su mayoría desde que Chávez llegó al poder. En el artículo para Quillette lo describe así: “Se sentía como si algo realmente estuviera sucediendo y que se estaba construyendo una sociedad más justa”.

En julio de 2005, Ross representó a Estados Unidos en el Segundo Festival Mundial de Poesía y además se convirtió en colaborador –sin paga, según cuenta– de portales web con tendencia de izquierda. Aclara que no recibió dinero del chavismo, salvo por su participación en el festival de poesía: “En Venezuela vivía de mis ahorros, de mi propio dinero. De un negocio que había vendido, nada más”.

No hay posibilidad de ir de un lado a otro sin ser considerado como traidor. No es posible. La gente que quiere mantenerse en el centro no tiene alternativa, no es posible mantener una posición centrista en Venezuela, todo el mundo está por un lado u otro y si no está totalmente con un lado es traidor”.

Visitó intermitentemente Venezuela hasta el año 2008. Desde 2008 hasta 2011 se enfocó en realizar las entrevistas para su libro Until the Rulers Obey: Voices from Latin American Social Movements; y admite que al final de ese período ya habían comenzado sus dudas sobre lo que se vivía en Venezuela. Sin embargo, no se atrevía a publicarlas ni a “debilitar la revolución” porque no había podido constatarlo con sus ojos.

“Chávez murió en 2013 y volví ese año. Fueron dudas sobre Venezuela, no sobre el socialismo o el comunismo. En ese entonces pensaba que el socialismo era un sistema bueno, pero que no lo habían sabido implementar. En 2013 fue cuando empecé a dudar sobre el socialismo y el comunismo. Empecé a leer mucho sobre la Revolución Bolivariana y poco a poco empecé a cuestionar el sistema del socialismo. En 2014, 2015 y 2016, y en los últimos dos años mucho, mucho más, hasta que llegué a la conclusión de que no había posibilidad de hacer la sociedad que queremos con el socialismo, ni el comunismo”.

A Ross le afectó la corrupción que presenció, que para sus amigos chavistas era culpa de todos los que rodeaban a Hugo Chávez, pero no de este. “La corrupción es tan masiva que parece ser una política estatal”, escribió Ross en texto publicado en 2013, titulado Building a Critical Left Solidarity Movement.

Ya Venezuela se le parecía más a un petro-estado rentista, con una política de clientelismo y una mayor brecha entre la élite, o los “boli-burgueses” –gente que se enriqueció haciendo negocios con el Estado– y el “pueblo” cada vez más afectado por la escasez.

“Cuando Chávez vivía todos entendieron que este movimiento fue totalmente corrupto, pero dijeron: ‘Todos alrededor de él son corruptos, pero Chávez es puro’. Esa es la narrativa de los chavistas. Todos mis amigos chavistas siempre decían eso. Esto obviamente era una mentira total. ¿Cómo pueden aceptar que ahora quienes están en el poder son los mismos a quienes ellos calificaban de corruptos? Ahora los aceptan como el gobierno. No lo entiendo”.

“No hay posibilidad de ir de un lado a otro sin ser considerado como traidor”

En noviembre de 2013, Ross volvió a Venezuela por segunda vez en ese año. De nuevo a Ciudad Guayana, para entrevistarse con opositores y los sindicalistas que trabajaban en las empresas básicas que fueron nacionalizadas por Chávez (En 2018, Bauxilum planta cumplió 9 meses sin producir nada de alúmina, y Sidetur estuvo un año con cero producción de acero, por ejemplo). Estando allá lo detuvo una alcabala militar de camino hacia la frontera con Brasil.

No le pasó nada, pero a otro periodista que estaba grabando, “haciendo exactamente lo mismo que estaba haciendo yo”, lo encarcelaron por un tiempo. “En esos momentos vi que estaba corriendo un riesgo muy grave y no quise volver. Yo tengo 66 años y no aguantaría las cárceles de Venezuela que son de las peores del mundo. Honestamente, por razones de mi integridad personal, no quise volver y no he vuelto”.

El cambio de opinión le pasó factura. No pudo publicar sus escritos en ninguno de los medios en los que había escrito con anterioridad, por lo que afirma que “no hay forma elegante de salirse del chavismo”.

Cuando Chávez vivía todos entendieron que este movimiento fue totalmente corrupto, pero dijeron: ‘Todos alrededor de él son corruptos, pero Chávez es puro’. Esa es la narrativa de los chavistas”.

“No hay posibilidad de ir de un lado a otro sin ser considerado como traidor. No es posible. La gente que quiere mantenerse en el centro no tiene alternativa, no es posible mantener una posición centrista en Venezuela, todo el mundo está por un lado u otro y si no está totalmente con un lado es traidor. Los centristas somos traidores, porque yo me considero como centrista, yo no creo en el populismo de derecha ni de la izquierda. Odio el populismo, yo creo que el populismo es lo que está destruyendo nuestra política. Entonces, creo que no hay una manera elegante de hacerlo”.

Ross vio fallar el socialismo en China, en la Unión Soviética, en Europa del Este, en Cuba, Nicaragua y ahora en Venezuela. En particular, del caso de Venezuela ha escrito que ahora está convencido de que la revolución bolivariana se trató de un fraude, cometido por un narcoestado autoritario, dirigido por una mafia incompetente. Subraya que Chávez gobernó en una época con precios récord del barril de petróleo; pero dejó una economía en ruinas, con una deuda inmensa.

En esos momentos vi que estaba corriendo un riesgo muy grave y no quise volver. Yo tengo 66 años y no aguantaría las cárceles de Venezuela que son de las peores del mundo. Honestamente, por razones de mi integridad personal, no quise volver y no he vuelto”.

“Sigo siendo un activista de Solidaridad, pero no con gobiernos ni con partidos. Creo que en muchas partes del mundo la gente no entiende que los partidos no representan a los pueblos, sino a sus propios intereses. Hay partidos que manejan un gobierno bien: son eficientes, responsables, y toman en cuenta especialmente a los necesitados; y otros que no. Pero ningún partido realmente representa los intereses de un pueblo. Representan los intereses de su partido”, dice.

Reflexiona y asegura que hay que “re-pensar qué quiere decir solidaridad. No podemos seguir en lo mismo. Ha caído la Unión Soviética. China y Cuba están en proceso de crear mercados y cambiarse, transformarse a poderes capitalistas. Solo Venezuela está ahí con esta idea comunista de destruir el mercado para poner todo el poder bajo el mando de un partido vanguardista y un líder máximo”.

Le pregunté a mi amigo: ‘¿por qué están tirando piedras?, ¿ellos no tienen derecho a protestar?, ¿es ilegal protestar en Venezuela?’, y me dijo: ‘no. Es que quieren quemar todo el país’. A mí me pareció que nada de eso tenía sentido, no estaban quemando nada, no había ni basura en la calle. Ese momento cambió mucho para mí. Yo había apoyado un proceso que no toleraba las protestas. En mi país –Estados Unidos–, siempre estamos protestando, no hay problemas por protestar”.

Esta nueva postura crítica también lo llevó a apartarse del sandinismo. Pero dice que se trató de rupturas distintas. Su desencanto con el sistema centroamericano ocurrió al escribir Home from the Dark Side of Utopia: A Journey through American Revolutions, presentado en 2016, al revisar todo lo que había escrito antes del tema y a consultar otras fuentes y otras lecturas. “Empecé a entender que los sandinistas fueron marxistas, leninistas, opuestos a la democracia real. Lo de Venezuela fue mucho más profundo, inmediato, un rechazo fuerte en un momento, por lo que fue mucho más agudo”.

Ahora se describe como un agnóstico. No se queda con una sola cara de la historia, lee, y lee mucho, pues se ha vuelto un escéptico. “Chávez fue un experto en exacerbar o exagerar estos opuestos para mantenerse en el poder, igual que Maduro”, sostiene.

Cuenta que la mayoría de sus amigos chavistas han salido de Venezuela y en estos momentos no apoyan al régimen de Maduro. Él mismo se arrepiente de haber sido chavista alguna vez. “Siento muchas veces que fui tonto, pero una cosa es la tontería, y otra estar abierto al mundo y al aprendizaje. Empiezas a preguntar y cuestionar cosas y, poco a poco, llegas a tus propias conclusiones. Esto es un proceso de toda la vida. Sí me arrepiento, pero solo de esta manera está la posibilidad de crecer, de descubrir nuevas cosas y de cambiar mis ideas. Estoy agradecido a los chavistas por desencantarme del socialismo y del comunismo. La educación es un proceso doloroso siempre”.

*Crédito de Foto: Melvyn Aguilar

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