Publicado el 30 de mayo, 2020

Presidente de profesionales mapuches: «Quienes optan por la violencia han demostrado que están ideologizados por una izquierda radical»

Autor:

Emily Avendaño

Hugo Alcamán, de la Corporación Mapuche Enama, reflexiona sobre la violencia rural que se vive en La Araucanía y la Provincia de Arauco. Subraya que la represión policial en la zona no basta, pues se necesita atender el problema desde tres frentes: político, socio-económico y con acciones de seguridad interior. Sobre el segundo punto afirma: “Sabemos que la pandemia nos va a dejar en peor situación y, por lo tanto, en mayor vulnerabilidad para que estos grupos violentos puedan actuar ganando adeptos a su camino político”.

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Emily Avendaño

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La seguidilla de ataques en La Araucanía y en la Provincia de Arauco, producto de la violencia rural no cesa. Organizaciones identificadas como «resistencia territorial mapuche» han ido contra predios, bodegas, contra una casa perteneciente a una misma comunidad indígena e, incluso, contra una escuela en un sector rural de Victoria. 

Hugo Alcamán, presidente de la Corporación Mapuche Enama, reflexiona sobre la situación de la IX Región, no como un dirigente -dice-, sino como un “activista de la dignidad del ser indígena”. Alcamán ha sido reconocido por su postura a favor de la paz. Asegura que está por el “diálogo con negociación” y resume la tirantez que hay en la zona como el resultado de organizaciones mapuche que han sido “ideologizadas por la izquierda internacional” para imponer una lucha que es política. “Los mapuche tradicionales que aspiramos conservar y respetar las virtudes, cosmovisión y conocimientos de buen vivir (küme mogen) de nuestros antepasados estamos tensionados entre la izquierda radical que intenta ‘domesticarnos’ en su ideología marxista internacional y la derecha radical que intenta ‘colonizarnos’ convirtiéndonos a todos en chilenos homogéneos en la cultura europea occidental”. 

Detrás de los grupos que se denominan resistencia territorial mapuche, sostiene, hay “actuaciones que son provocaciones políticas”, con el objeto de forzar acciones, también políticas, por parte del Estado. 

“Nosotros decimos que es un problema tripartito. Este no es un conflicto mapuche, este es un conflicto entre el Estado, la sociedad chilena y sus pueblos originarios, dentro de ellos está el pueblo mapuche, que tiene sectores que han tenido una postura más radical (…). Durante 24 años el Estado, los gobiernos, los parlamentarios, han mantenido una misma línea de acción. Mucho más los partidos de izquierda, que de derecha, porque los gobiernos de derecha han estado dos veces no más, de reprimir por la fuerza esta provocación política y en ese tiempo no se ha aprendido la lección, en cuanto a que no ha tenido ningún resultado”.

-La respuesta del Estado es por la fuerza porque las acciones que ejercen estos grupos, también son de fuerza.

-Sí, pero el móvil no es la fuerza. La fuerza es el método, el móvil es político. Está dicho hasta el cansancio que no es inteligente repetir una misma forma de enfrentar un problema y tener siempre los mismos resultados. Eso es lo que echamos de menos del poder político y de un sector de la sociedad que exige esta vía. Hay un sustrato. El motivo es que el pueblo mapuche está rezagado. No ha podido salir de la situación de desmedro que tiene, de la falta de oportunidades y eso es un problema socio-económico. El pueblo mapuche sabe que tiene derechos que le permiten vivir con dignidad. Además, tenemos derechos reconocidos por la comunidad internacional donde Chile se ha hecho parte. Tenemos dos causas: nuestro rezago económico-social, porque Chile mantiene esa mirada peyorativa. Y, por otro lado, un problema político: tenemos derechos, no los podemos ejercer y eso afecta nuestra dignidad. 

-Estos grupos, que tienen este reclamo político, ¿se han dejado infiltrar por organizaciones como las FARC?

-Sí, absolutamente. Habiendo hecho esa explicación de las causas viene el efecto. El efecto es que ante el silencio, la falta de respuesta del Estado y de la sociedad hay una reacción, que ha sido utilizar la violencia. Otros sectores, como el nuestro, tenemos la postura del diálogo con negociación y, desgraciadamente, quienes estamos por esta vía no tenemos avance. La política indígena del Gobierno está suspendida. De forma muy impotente observamos que el camino de la violencia se va profundizando. La violencia se empieza a instalar como una alternativa al diálogo con negociación política. A nosotros efectivamente nos preocupa que quienes han optado por la violencia han demostrado con su discurso, en la forma de expresarse de sus dirigentes, que están ideologizados políticamente por una izquierda radical. No tengo nada contra una persona de izquierda, pero que intenten imponer su ideología es absolutamente reprochable, porque para imponer esa ideología ellos recurren a todos los apoyos y no me cabe duda que en la búsqueda de esos apoyos reciben ayudas de estos países donde está instalada la fuerza para imponerse ante la sociedad. Soy un activista mapuche por la dignidad mapuche. No me interesa ser dirigente, ni tampoco soy un actor político partidista, estamos en esto porque no queremos, ni aceptamos la colonización. Por otro lado, viene la domesticación que es la instalación de ideología sobre nuestra cultura, aquí es donde esa izquierda radical internacional trata de imponerse sobre nosotros. Al final, los pueblos originarios y el pueblo mapuche queda entre dos fuegos. Se nos hace muy difícil a los que somos mapuche, conservadores de nuestra cultura, historia, cosmovisión, mantenernos, porque estamos entre dos bandos que intentan apropiarse de nosotros. Esa es una tensión muy grande y solo se resuelve desde el punto de vista político.

De forma muy impotente observamos que el camino de la violencia se va profundizando. La violencia se empieza a instalar como una alternativa al diálogo con negociación política. A nosotros efectivamente nos preocupa que quienes han optado por la violencia han demostrado con su discurso, en la forma de expresarse de sus dirigentes, que están ideologizados políticamente por una izquierda radical».

-Usted ha defendido que hay que cambiar la manera en que el Gobierno se enfrenta a este problema, a su juicio ¿en qué áreas hay que enfocarse?

-Planteo que es un error del gobierno solamente enfrentar una arista. Hay tres aristas a nuestro parecer: está la acción política avanzando en los compromisos del programa de Gobierno para los pueblos originarios y en el ejercicio de los derechos indígenas reconocidos por el propio Estado ante la comunidad  internacional. La agenda indígena ahora no existe. El segundo tema que hay que desarrollar es el socio-económico. Sabemos que la pandemia nos va a dejar en peor situación y, por lo tanto, en mayor vulnerabilidad para que estos grupos puedan actuar ganando adeptos a su camino político. El gobierno partió con un Plan Impulso Araucanía y la propia Sofo (Sociedad de Fomento Agrícola) y la Multigremial han denunciado que ya no existe. La tercera arista es la acción de seguridad interior, la represión policial a delitos que se cometan. Hay un Estado de Derecho que hay que respetar y son los tribunales los que finalmente tienen que determinar si hubo delito y qué penas tienen.

-Las agresiones no se limitan a las forestales o a personas no mapuche, hace una semana hubo un ataque a balazos al domicilio del alcalde Juan Carlos Reinao, quien además fue amenazado de muerte.

-Cuestionamos y repudiamos a estos movimientos que se supone que están luchando por alcanzar los derechos que legítimamente tenemos reconocidos ante la comunidad internacional atacando a nuestra propia gente. Eso no es aceptado bajo ninguna excusa y es absolutamente repudiable. No es posible que atenten con la vida de nuestra propia gente, como en el caso de los hijos del lonco Cariqueo, en el que el asesino de sus hijos terminó siendo declarado «preso político», esa es una aberración; o el peñi de Lleu Lleu Claudio Pilquiman, quien hoy está postrado nada más que por tener una ideología política diferente, por ser un hombre de derecha. Está postrado con una bala en una rodilla y una bala en la cabeza y está recién volviendo a aprender a hablar; además mataron a su mamá frente a sus ojos. Eso no lo podemos aceptar. Así, una seguidilla, podríamos dar un montón de ejemplos, que después la prensa señala como hechos delictuales y no como asesinatos de estos grupos radicales. Estos grupos radicales han perdido su legitimidad y pierden su legitimidad política cuando atacan, agreden, asesinan a nuestra propia gente solo por pensar diferente. 

Cuestionamos y repudiamos a estos movimientos que se supone que están luchando por alcanzar los derechos que legítimamente tenemos reconocidos ante la comunidad internacional atacando a nuestra propia gente. Eso no es aceptado bajo ninguna excusa y es absolutamente repudiable. No es posible que atenten contra la vida de nuestra propia gente».

-¿Por qué cree usted que desde la declaratoria del Estado de Catástrofe han aumentado los hechos violentos, tanto en número como en gravedad, pese a la presencia de más oficiales de seguridad?

-Se dice que la guerra de guerrillas fue inventada acá en Chile, por los mapuche. Era un sistema de guerrilla que no se conocía y que se aprendió y fue muy exitoso. Atacar cuando Chile está en cuarentena es parte de una guerra de guerrillas, y cuando la guerrilla se instala es muy difícil que los estados puedan controlarlas, porque es muy difícil de enfrentar.

Sabemos que la pandemia nos va a dejar en peor situación y, por lo tanto, en mayor vulnerabilidad para que estos grupos puedan actuar ganando adeptos a su camino político».

-Tanto el ministro Blumel, como el subsecretario Galli han ido a la zona, designaron un jefe de seguridad. ¿Cree que las medidas que han anunciado van a tener efecto en la región?

-Hemos sido muy honestos con el gobierno. Están haciendo un triste papel con la designación del Coordinador de Seguridad de la Macrozona Sur. Vino el propio Ministro del Interior a instalar este cargo y a partir de ahí los hechos de violencia recrudecieron, se multiplicaron. Eso el gobierno debe aprender a leerlo. Es una política que ya tiene 24 años instalada por gobiernos de izquierda, mantenida por gobiernos de derecha, y que no tiene ningún resultado. Además, también hay grupos radicales de derecha que insistentemente plantean terrorismo y la acción represiva no solo de la policía, sino que exigen militares, lo que es un grave error. El gobierno debe darse cuenta de que con la instalación de este Coordinador de Seguridad está corroborando una política fracasada. El coordinador es una persona de Santiago, no conoce nuestra idiosincrasia, nuestra historia, lo que se puede interpretar como un insulto del centralismo ya exasperante del Estado de Chile. Por último, hubiesen puesto a un coordinador de la propia región. Este gobierno tiene una tremenda oportunidad, porque instaló a un activista de los derechos mapuche, el gobernador Richard Caifal y no se le ha aprovechado políticamente. Él tiene conocimiento, es un hombre político, pero el centralismo no considera la participación de actores regionales y prefiere tener el concurso de actores de Santiago que vienen a aprender. Cuando el señor Francisco Merino aprenda lo que es el pueblo mapuche y nuestra situación, seguramente ya habrá terminado el gobierno. Nos pasa con todos los ministros de Desarrollo Social que han pasado, que todos pierden un primer año, incluso dos, aprendiendo y cuando terminan de aprender se tienen que ir. ¿Por qué no toman gente que ya sabe? y esa gente está en la región.

-¿Las personas mapuche que, como usted, optan por la paz, se han sentido amenazadas?

-No, la verdad es que no. Nos sorprende que se haya atacado a gente nuestra en forma violenta y asesina, pero uno tiende a pensar que esa irracionalidad no es el patrón de conducta. Tiendo a pensar que no tenemos porqué estar asustados, pero indudablemente es una posibilidad y no quisiéramos que sea cierta.

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