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Publicado el 20 de julio, 2019

Hombre en la Luna: El entusiasmo de Frei Montalva con la hazaña y el interés de EE.UU. por su “revolución en libertad”

Autor:

Bastián Garcés

La afinidad entre ambos gobiernos, la colaboración científica chilena con estaciones de rastreo satelital y la figura del Mandatario democratacristiano como «la última esperanza del continente» en medio de la Guerra Fría. Este fue el contexto en el que los astronautas Neil Armstrong y Richard Gordon viajaron a Chile en 1966. A medio siglo de que el hombre pisara por primera vez la Luna, el historiador Alejandro San Francisco reflexiona: «La carrera espacial y el desarrollo del conocimiento eran parte de la lucha política».

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Bastián Garcés

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Tres años antes de ser el primer hombre en pisar la luna, en octubre de 1966, Neil Armstrong estuvo en Santiago durante tres días. La visita fue encargada por el Presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson.  Quince días después de que se completara la misión Gemini 11 -que orbitó 44 veces la Tierra-, el Mandatario le solicitó al piloto de la expedición, Richard Gordon, y a Armstrong, quien formó parte del equipo de reserva, que realizaran una una gira de buena voluntad por América del Sur durante 24 días.

La visita de los astronautas estadounidenses se dio en medio de la carrera espacial impulsada por la Guerra Fría y, al igual que la carrera por conquistar el espacio, el viaje de los integrantes de la NASA tuvo un claro componente político.  Sobre este período, el historiador Alejandro San Francisco explica a El Líbero que «tenía una dimensión específicamente latinoamericana, especialmente después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959″.

La victoria de los revolucionarios encabezados por Fidel Castro y Ernesto Guevara sobre Fulgencio Batista significó la instalación del primer régimen socialista en el continente americano. Algo que para el historiador «tuvo un impacto tremendo y fue el origen de la Alianza para el Progreso en la década de 1960, sobre la que el Presidente John F. Kennedy afirmó, con mucha ilusión y poco realismo, que al final de esa década el hambre y la pobreza iban a ser parte de la historia».

La década de los sesenta marcó una polarización de la sociedad chilena, la que se dividió en los llamados «tres tercios» electorales: derecha, centro e izquierda. Tendencias ideológicas que entre 1958 y 1973 compitieron por la hegemonía de la política en el país, logrando instalar cada sector a un Presidente de la República: el independiente Jorge Alessandri Rodríguez (1958-194), quien fue apoyado por el Partido Conservador Unitario, el Partido Liberal y los Comandos Populares; el democrátacristiano Eduardo Frei Montalva (1964-1970); y el socialista Salvador Allende Gossens (1970-1973).

«La última esperanza del continente»

En este escenario San Francisco plantea que el Presidente democratacristiano jugó un rol importante. «Eduardo Frei Montalva fue el hijo predilecto de Estados Unidos y también fue ‘la última esperanza del continente'», afirma el historiador, quien explica que el Mandatario destacaba por encabezar la «Revolución en libertad» que buscaba presentarse como una alternativa a las revoluciones marxistas y a las dictaduras militares que intentaban evitar este tipo de levantamientos.

La positiva visión que tenía EE.UU. de Eduardo Frei Montalva se vio reflejada en una carta que el Presidente Lyndon Johnson envío al Jefe de Estado chileno el 4 de noviembre de 1964, un día después de que el DC asumiera como máxima autoridad chilena. En el texto, el líder demócrata señala: «Sé que es innecesario destacarle lo profundamente comprometidos que nos sentimos el pueblo de Estados Unidos y yo en el éxito del programa mutuo al cual estamos abocados y que conocemos por Alianza para el Progreso».

En la misiva el Mandatario estadounidense destaca que el programa de desarrollo económico y reformas sociales propuesto por el gobierno de Frei Montalva se enmarca «dentro de un esquema democrático» el cual es «totalmente consistente con los elevados principios de la Alianza (para el Progreso). En ese sentido, Johnson compromete que en EE.UU. «estaremos siempre dispuestos para ayudarlo en sus esfuerzos, dentro de lo que nos sea posible». En el texto el líder demócrata, incluso, remarca: «Estamos profundamente convencidos de que su éxito en Chile tiene importancia no solo para nuestro hemisferio sino que para todo el mundo».

El rol de Chile y el gobierno del líder DC no solo era relevante para Estados Unidos en un aspecto político, también fue importante en el desarrollo científico de la NASA para lograr superar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en la carrera espacial. El régimen socialista había anotado una serie de triunfos en la conquista del cosmos.

En 1957, la URSS fue el primer país en poner un satélite artificial en órbita: el Sputnik I. Ese mismo año lograron enviar al primer animal en el espacio, la perra Laika a bordo del Sputnik II. Cuatro años después, en 1961, la Unión Soviética mandó al primer hombre fuera de la atmósfera terrestre, Yuri Gagarin quien tripuló el Vostok 1. Y en 1963 colocó en órbita a la primera mujer, Valentina Tereshkova en el Vostok 6.

Esta serie de triunfos del régimen soviético dejaban en entredicho el poderío estadounidense y generaban dudas sobre quién podría ganar la Guerra Fría. «No estaba claro quién iba a ganarla, lo que hace que durante mucho tiempo se pensara que la URSS era más poderosa que EE.UU., porque era más unitaria, tenía un poder más monolítico y, por ende, las posibilidades de triunfo eran mayores», explica San Francisco.

«Fue como un espaldarazo que estos astronautas hayan venido a Chile»

Los logros soviéticos que generaron que el Presidente estadounidense John F. Kennedy fijara, en septiembre de 1962, uno de los objetivos más ambiciosos para el país del norte: lograr que el hombre pisara por primera vez la Luna. «Nosotros elegimos ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas, no porque sea fácil, sino porque es difícil», afirmó el Mandatario quien no logró ver cómo Neil Armstrong y Edwin Aldrin cumplían con la meta, al ser asesinado en 1963.

«Si bien Chile no es ni Estados Unidos ni Rusia en el viaje a la Luna, como país aportamos y se hicieron rastreos satelitales en Antofagasta y Peldehue, y por otra parte en el norte tenemos cielos muy limpios», explica a El Líbero la subdirectora de la Casa Museo Eduardo Frei Montalva, Maite Gallego, quien sostiene que «muchas de las investigaciones que fueron parte del viaje a la luna se hicieron en Chile». La estación ubicada en Antofagasta fue instalada durante 1959, mientras que la de Peldehue -ubicada en la comuna de Colina- en 1961. Esta, actualmente aún se encuentra en funcionamiento bajo la administración del Centro de Estudios Espaciales de la Universidad de Chile.

Esta colaboración, fue uno de los motivos que tuvo el Presidente Johnson para solicitar a Armstrong y a Gordon visitar Chile en la gira que contempló 11 naciones y 14 ciudades. La comitiva estaba compuesta por las esposas de los astronautas, además del embajador de los Estados Unidos Ralph A. Dungan y el director adjunto del Centro de Naves Espaciales Tripuladas por la NASA, George Low. «Frei era mucho más idóneo con Estados Unidos que con Rusia», afirma Maite Gallego quien agrega que «fue como un espaldarazo que estos astronautas hayan venido a Chile, era una señal y un agradecimiento por las investigaciones«.

Durante su estadía en Chile, que se extendió por tres días entre el 27 y el 30 de octubre de 1966, los astronautas dieron una charla en el Hotel Carrera, actual sede del ministerio de Relaciones Exteriores, en la que hablaron sobre los avances tecnológicos  que permitirían que el hombre llegara a la luna, incluso mostraron el traje espacial. Según se ve en registros de la época, Armstrong y Gordon fueron recibidos como verdaderas estrellas de rock. En las calles, los chilenos acompañaron el recorrido que hicieron los astronautas en un auto descapotable desde el Aeropuerto de Cerrillos hasta la Plaza Bulnes. La razón de la locura que desataron era porque en esa época los «viajeros espaciales» no superaban las 12 personas en todo el mundo.

Aunque la visita no solo tuvo momentos científicos. Armstrong sobrevoló los cerros San Ramón y Manquehue piloteando un planeador Blanik CC-K8W e, incluso, bebió chicha en cacho. Durante su estancia Armstrong y Gordon fueron recibidos por 50 mil personas en el Estadio Nacional, que minutos después sería el campo de juego para un partido entre Colo Colo y Ferrobádminton.

Aunque la anécdota más curiosa que vivieron los astronautas estadounidenses se relaciona directamente con el Presidente Eduardo Frei Montalva. Dentro del itinerario de la visita estaba presupuestado que Armstrong y Gordon tuvieran una reunión con el Mandatario en La Moneda, sin embargo el Jefe de Estado estaba afectado por un cuadro viral, razón por la cual la cita cambió su lugar pasando de ser en el Palacio de Gobierno a la casa de la familia Frei Montalva ubicada en el número 683 de la calle Hindenburg, ubicada en el Barrio Santa Isabel de Providencia. Una solicitud que fue realizada por el propio Presidente.

Ya en la casa del Mandatario, los astronautas tuvieron que esperar cerca de 40 minutos para poder concretar la cita, que se llevó a cabo en la sala de estar de la casa del Presidente, tiempo que utilizaron para observar las rosas que la familia cultivaba en el patio delantero de la residencia. Mientras, el Presidente Frei Montalva sostenía un encuentro político con su par chipriota Michaíl Muskos -también conocido como Makarios III-. En la ocasión, los miembros del programa espacial entregaron una fotografía al Jefe de Estado del acercamiento del Gemini 8 -que era tripulado por Armstrong- a una Agena, una nave de acoplamiento. «A los hijos de la familia de don Eduardo Frei Montalva» se lee en el marco de la imagen, la que actualmente se exhibe en Casa Museo Eduardo Frei Montalva.

Longovilo, la antena satelital que fue fundamental para la transmisión de la hazaña

Un año después, a principios de 1967, el Presidente fue invitado a Estados Unidos a realizar una visita oficial, la que se realizaría entre el 30 de enero y el 5 de febrero. Sin embargo el viaje no se concretó debido a que la Constitución de 1925 establecía que el Ejecutivo debía solicitar un permiso especial al Senado para poder salir del país, el cual fue negado por la Cámara Alta, que en ese entonces era encabezada por Salvador Allende. El rechazo del Senado al viaje, constituyó, en palabras del propio Frei Montalva, «el más grave, o por lo menos el más desagradable, tropiezo que he tenido en mi administración».

El entusiasmo del Presidente Frei Montalva por la posibilidad de que el hombre pisara por primera vez la luna, tuvo otro hito en 1968. Ese año, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) instaló en Longovilo, Melipilla, la primera antena de comunicaciones por satélite de Sudamérica, que jugaría un papel fundamental el 20 de julio de 1969 para retransmitir la señal de la NASA, cuyos derechos fueron financiados por el gobierno para que los canales universitarios y TVN pudiera transmitir la mítica frase: «Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad».

El último año de la década de los sesenta, fue el año decisivo para la carrera espacial, algo que el Presidente chileno tenía bastante presente. De hecho, si bien el alunizaje se concretó el domingo 20, el Mandatario otorgó medio día feriado el lunes 21 para que nadie se perdiera ningún detalle de la transmisión. Incluso, ese domingo se entregó café y televisión gratis en los locales del centro de Santiago para seguir la noticia.

Si bien el Presidente Frei Montalva era el primer interesado y emocionado por el evento histórico, no podía dejar de lado sus obligaciones como cabeza del Ejecutivo. La mañana de ese día, el Mandatario tenía una reunión con trabajadores de Chuquicamata para tratar temas sobre la nacionalización del cobre. Es por este motivo que en el Aeropuerto de Santiago se dispuso un televisor para que el Jefe de Estado pudiera seguir los pormenores del alunizaje del Apolo 11. Sin embargo, el Mandatario calculó el tiempo del que disponía y concluyó que podía alcanzar a llegar a su casa y verlo con su familia. De esta forma, la familia Frei vio en el 683 de Hindenburg  cómo el hombre pisaba por primera vez la Luna.

La bandera chilena que viajó a la Luna

Casi medio año después del alunizaje, Richard Gordon regresó a Chile. Gordon fue el encargado de dirigir el Apolo 12, la segunda misión que puso al hombre en la Luna, el 19 de noviembre de 1969. Con esa credencial, el astronauta visitó Chile en febrero de 1970.

Ya en el país, se trasladó en helicóptero hasta el Palacio Presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar, en donde se reunió con el Presidente Frei Montalva y su esposa María Ruiz-Tagle. En el encuentro, Gordon le regaló al Mandatario una fotografía del Apolo 12 orbitando la luna, en donde se observa el Océano de las Tormentas, lugar de aterrizaje de la misión. Imagen que cuenta con las firmas de los tres tripulantes de la nave: Alan Bean, Charles Conrad y el propio Gordon.

No obstante, el presente más importante que le entregó el astronauta es un pedestal que contiene cuatro fragmentos lunares, junto a una bandera que viajó a la luna en el Apolo 11. En la placa, firmada por Richard Nixon, está escrito en inglés: «Esta bandera de vuestra nación fue llevada a la luna y traída de vuelta por el Apolo 11, y este fragmento de la superficie lunar fue traído a la Tierra por la tripulación de ese primer aterrizaje lunar tripulado». Pieza histórica que actualmente se encuentra en la Casa Museo Eduardo Frei Montalva.

El símbolo patrio que viajó a bordo del Apolo 11, lo hizo junto a banderas de más de 100 países y los deseos de sus gobernantes. «Que los hombres de nuestro planeta lleven a la Luna un mensaje de paz y buena voluntad de este lugar sobre la Tierra que es Chile», fue la frase que envió el Presidente chileno.

A medio siglo de que Estados Unidos pusiera por primera vez a un hombre en la Luna, el historiador Alejandro San Francisco reflexiona sobre lo que significó ese logro: «La carrera espacial, la lucha tecnológica, el desarrollo del conocimiento, cualquier triunfo que fuera lateral, incluso el Nobel de Literatura, eran parte de la lucha política» y agrega que «el que daba un golpe parecía que llevaba la delantera».

Pese a este triunfo del Bloque Occidental y la popularidad de Frei Montalva, en las elecciones de septiembre de ese año Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales junto a la Unidad Popular. Sobre el proceso, el historiador comenta que fue una elección muy reñida. La derecha se había reorganizado a través del Partido Nacional en 1967 y contaba con la candidatura del ex Mandatario Jorge Alessandri, y la izquierda tenía a Salvador Allende, una reconocida imagen a nivel nacional, que logró articular a los partidos del sector e, incluso, fraccionar a la Democracia Cristiana. «Los cambios que se produjeron en 1969 fueron muy dinámicos y rápidos. El MAPU se forma dos meses antes de que el hombre llegara a la Luna y la Unidad Popular tres meses después de este histórico hecho», afirma el historiador.

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