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Publicado el 24 de septiembre, 2018

Gabriel Gaspar: «La demanda ante la Corte no es el problema. Es un síntoma del problema real»

Autor:

Gabriel Gaspar

La demanda es parte integrante de la estrategia altiplánica. El reto no es jurídico, el Estado Mayor boliviano no espera resolverlo en un solo acto, pero espera quedar mejor posicionado.

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El primero de octubre próximo la Corte entregara su fallo. Con ello se terminará el proceso. Me pregunto: ¿Terminará también la aspiración marítima boliviana?

 

La demanda ante la Corte no es el problema. Es un síntoma del problema real. Este radica en que otro Estado (Bolivia), tiene reclamaciones territoriales en contra nuestra. No es un problema solo con la actual administración altiplánica, es un mandato constitucional. Así lo dice el art. 267 de su Carta Magna: “El Estado boliviano declara su derecho irrenunciable e imprescriptible que le de acceso al océano Pacífico”, al tiempo que subraya que dicho acceso debe ser soberano y que constituye un “objetivo permanente e irrenunciable del Estado boliviano”.

Lo que Bolivia quiere es que ese acceso (por Arica o por donde sea) sea soberano, es decir, implique una cesión territorial».

Ese es el desafío principal en contra de nuestros Intereses Nacionales. Bolivia no quiere acceso al Pacífico. Porque lo tiene, merced al Tratado de 1904 Chile le otorga el más amplio libre tránsito y facilidades portuarias y aduaneras, en especial en el puerto de Arica, donde más del 80% de la carga va o viene de Bolivia. Lo que Bolivia quiere es que ese acceso (por Arica o por donde sea) sea soberano, es decir, implique una cesión territorial.

 

Para conseguir su objetivo Bolivia empezó hace años a maniobrar, y diseñó una estrategia. Uno de los pilares de ella es que el tema dejase de ser un tema bilateral (entre los dos países) para tratar de convertirlo en un tema internacional. Y además a presentar su reclamo como “un derecho”. ¿Por qué? Porque ello le permite judicializar el tema, llevarlo a tribunales. Y esa es la razón de su demanda. Es parte de su estrategia.

 

En efecto, el juicio ante La Haya le permite una tribuna internacional de gran exposición. Por cierto, la maniobra boliviana no se queda en lo jurídico, se compone de varias dimensiones: es diplomática (sus embajadores no pierden espacio multilateral para plantear su demanda), es comunicacional, porque apelan a elementos emocionales de fácil y rápida absorción por el público al cual llegue su mensaje (pobre David abusado por el matón Goliat). Por cierto, también es una estrategia que permite penetrar en su propia población donde, cabe advertir, después de décadas, la aspiración marítima es virtualmente unánime, y de un alto contenido emocional. Esto es preciso asumirlo porque en su tratamiento la población boliviana no sigue patrones exclusivamente racionales sino fuertemente combinados con esta emocionalidad.

 

Por todo ello, es que somos muchos los que afirmamos que el problema entre Chile y Bolivia no es un tema jurídico, ni menos un tema que vaya a resolver la Corte. La demanda es parte integrante de la estrategia altiplánica. El reto no es jurídico, el Estado mayor boliviano no espera resolverlo en un solo acto, pero espera quedar mejor posicionado.

 

¿Qué podemos hacer? En primer lugar asumir la realidad. Tenemos un gran desacuerdo con Bolivia, como lo tendríamos con cualquier otro Estado que nos reclame territorio o tratase de imponernos condiciones que afecten nuestra soberanía. No es un problema con el Presidente Morales, porque si mañana viniese otro, igualmente adoptaría una política similar.

 

Junto con asumir la realidad, también es recomendable asumir la Historia. No es la primera vez que tenemos desafíos territoriales. La pregunta es si nuestra estrategia de defensa es la adecuada. Y la historia reciente nos muestra que no. Es el caso del litigio con Perú que desconoció los Tratados de 1952 y 1954. En esa oportunidad terminamos por aceptar la propuesta limeña de “las cuerdas paralelas”, es decir, “dejar en La Haya lo que es de La Haya”, y seguir tranquilos con el resto de la agenda, especialmente la económica. En esos días llegó a decirse que “vivíamos el mejor momento de nuestra historia bilateral”. Todos conocemos cómo terminó.

No es un problema con el Presidente Morales, porque si mañana viniese otro, igualmente adoptaría una política similar».

Lo más preocupante de ello es que como Estado no hicimos un examen autocrítico de lo que falló. No realizamos la crítica de la maniobra como se enseña en todas nuestras academias. Está pendiente. Y el tema se reactualizó con la demanda boliviana, que sacó la equivocada lectura de que los chilenos no nos molestamos cuando nos demandan territorio.

 

Hoy estamos a pocos días de un evento importante. ¿Qué hacer? Férrea unidad en torno a los intereses nacionales. Pero la defensa nunca es pasiva, por el contrario, debemos movilizarnos. En una perspectiva multifacética. Parte integrante de ello es diagnosticar bien el problema, no es jurídico, es político estratégico porque se busca un pleito por soberanía.

 

Es decir, además de abogados, aquí debe entrar la Diplomacia profesional, la Estrategia y por cierto las comunicaciones.

 

Lo que no ayuda es restarle importancia al problema, menos reducirlo a un juicio. Tampoco las personalizaciones, no es un conflicto con Evo Morales, es un conflicto con Bolivia. Por cierto no ayuda el secretismo, y mucho menos los tonos ultra duros o el sarcasmo, que pueden ser buenos para la interna, pero que contribuyen a darle la victoria comunicacional al pobre David.

 

Finalmente, esto no es político partidario, es político estatal, es interés de todos los chilenos por lo cual cabe escuchar y no descalificar. Es momento de unidad nacional.

 

*Gabriel Gaspar, ex embajador en misión especial por la demanda de Bolivia ante La Haya.

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