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Publicado el 21 de junio, 2020

Final torneo italiano: no faltó nada, ni el escándalo

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

El miércoles 17 de junio de 2020 quedará en la historia del fútbol italiano y también mundial. El Napoli se coronó campeón de la Copa Italia al vencer vía penales (4×2) a la Juventus. El Estadio Olímpico de Roma, que lucía un aspecto fantasmal, fue el mudo testigo al ver titularse al primer campeón de una liga importante en medio de esta tragedia planetaria que es la pandemia covid-19. Pero lo grave estuvo después del partido.

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Gonzalo Mingo Ortega

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Recordemos que el título copero italiano se define en un partido único, con sede neutral. En las tribunas oficiales del Olímpico de Roma estaban los propietarios de ambos clubes. Por un lado, los del Napoli, liderados por Aurelio De Laurentis, empresario ligado al mundo cinematográfico; y por la Juve, Andrea Agnelli, reconocido por su ligazón al sector automotriz, propietario de la Fiat y con participación en Ferrari. Todos con sus familias, como corresponde a la tradición italiana.

El comienzo pudo ser mas obra de un guión de una película del mismísimo Dino De Laurentis, que de un pleito por una final. Lo que ocurrió cuando el italiano Sylvestre, famoso cantante por su éxito ‘Amici di Maria De Filippi’ y por su participación en el Festival de San Remo, se olvidó durante unos segundos de la letra del himno de Italia durante su interpretación previa, con todos los jugadores de Nápoles y Juventus formados en el césped, fue una tragicomedia, observada por millones de televidentes.

Del partido, poco que hablar. Resultó ser un exceso de tácticas por ambos cuadros, que estaban más preocupados de no perder que de ganar, con dos o tres llegadas claras por equipo durante los 90 minutos. Aparecieron en mi mente “El cerrojo suizo” y el “Catenaccio”, sistemas ultra defensivos de los años 60.

Me quiero detener un momento para compartir un dato de la causa y para hacer el punto de lo observado. La “Vecchia Signora”, como se le llama a la Juventus, su plantel de futbolistas está conformado por 27 jugadores de 15 nacionalidades, incluida la italiana, que aporta con 8; le siguen Brasil (3), Argentina (3), Francia (2), Croacia (1), Suecia (1), Colombia (1), Portugal (1), Uruguay (1), Gales (1), Alemania (1), Bosnia Herzegovina (1), Turquía (1), Países Bajos (1), Polonia (1).

En la vereda del frente tenemos a los “Gli Azzurri”, como apodan al Napoli, que está integrado por una plantilla de 26 futbolistas de 17 nacionalidades, aportando Italia con 5 integrantes, seguidos por España (3), Polonia (2), Alemania (2), Grecia (2), Bélgica (1), México (1), Eslovaquia (1), Macedonia del Norte (1), Brasil (1), Argelia (1), Albania (1), Serbia (1), Portugal (1), Francia (1), Colombia (1), y Senegal (1).

Curioso es, por ejemplo, que el jugador más caro del campeón Napoli es su defensa central de 29 años, el senegalés Kolidou Kouliubaly, tasado en USD$63.000.000. Curioso, repito, porque casi siempre, por no decir siempre, los valores altos están en jugadores de la mitad de la cancha para arriba. En su momento Chile tuvo su máximo valor en un defensa central, me refiero a Don Elías Figueroa Brander, elegido tres veces el mejor jugador de Sudamérica y está en el podio de los tres mejores defensas centrales de la historia del fútbol mundial.

Al término podemos concluir que a este encuentro no le faltó nada, fue un partido disputado por un popurrí de jugadores, en que participaron desde el vamos solo 5 italianos, tribunas vacías, con la sola presencia de las dos familias dueñas de los equipos. Parecía más el Coliseo Romano que un estadio de fútbol. A esto le agregamos el olvido del himno del cantante Silvestre, el partido lento como, ya dijimos, un Cristiano Ronaldo escondido, como siempre en instancias definitorias.

En la premiación ningún dirigente estuvo presente para “colgarles” las medallas a los perdedores. Con un Diego Armando Maradona desde Buenos Aires, celebrando el título de su Napoli y más lúcido que nunca, con muy buen aspecto. O sea, cartón lleno, pero no podía faltar lo que no queríamos ver, una multitud se volcó a las calles de Napoli celebrando sin ninguna precaución, sin mascarillas, ni guardando la distancia física adecuada. El segundo de la OMS dijo que son unos “miserables desgraciados”, frase algo fuerte para una autoridad de la salud mundial. No se hizo esperar la respuesta del alcalde de la ciudad, Di Magistri, quien le espetó: “Ganó el contagio de la felicidad”. Ni lo uno ni lo otro, pero esta vez no faltó ni el escándalo.

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