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Publicado el 30 de junio, 2020

Falla sistémica

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

No vamos a descubrir ahora que el fútbol chileno está en crisis. Hace rato que lo está y en todos sus estamentos: en la dirigencia, en lo técnico-futbolístico, en las mal llamadas hinchadas y también, porqué no, en la administración gubernamental, que no supo o no pudo controlar el orden público en los estadios ni alrededores. Una falla sistémica con mayúscula.

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Gonzalo Mingo Ortega

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El verano de San Juan se terminó y duró aproximadamente 10 años, justo lo que duraron en buena forma los Vidal, los Alexis, los Medel y los otros que todos conocemos como parte de la «generación dorada». Una época que partió en el año 2006 con el maestro José Sulantay a la cabeza, descubriendo talentos futbolísticos por todo Chile. Rápida y hábilmente, el tándem del argentino Marcelo Bielsa en la dirección técnica -apadrinado desde la testera de la ANFP por Harold Mayne-Nicholls- continuó con el trabajo de base y los resultados estuvieron a la vista. Participación en dos Copas Mundiales (2010 y 2014) y dos Copas América.

Esto trajo consigo la valorización del fútbol chileno, en que jugadores nuestros alcanzaron valores insospechados, participando en las mejores ligas europeas y en los equipos más cotizados del mundo. Tanto duró el vuelo de esta buena gestión, que usufructuaron Sergio Jadue del 2011 al 2015, con Borghi y Sampaoli en la banca, y Arturo Salah del 2016 al 2019, con Pizzi y Rueda. Al presidente actual, Sebastián Moreno, le ha tocado la peor parte.

Hoy, la desvalorización de nuestro fútbol es total y en los mismos niveles descritos al principio de este comentario. Es curioso: cuantos más recursos han tenido los clubes, peor andan las instituciones. ¿Se acuerdan que a fines del 2018, desde esta misma tribuna comenté “Fútbol chileno agarra espectacular bono navideño”? Fueron un poco más de tres millones de dólares por club. Mucha plata, sí mucha, para un fútbol tan paupérrimo. ¿Qué pasó con esos ingresos, en qué se gastaron? He hecho esta pregunta, y «no se escucha, padre».

En mi época de dirigente, debo reconocer que éramos más hinchas que directores, pero en los clubes manejábamos valores muy similares a los de nuestras empresas. Es decir, no eran números ajenos a nosotros. El sueldo de un futbolista podía ser tres o cuatro veces más que el del gerente comercial de nuestra fábrica de zapatos -y estoy hablando que en la Unión Española, por ejemplo, teníamos por entonces ocho titulares de la selección chilena, del 1973 al 76-. Hoy en día la cosa es distinta. Muchos dirigentes son funcionarios muy exitosos en empresas que generalmente no son de ellos y por lo tanto el dinero no les duele, aunque si lo hacen mal, les pedirán la renuncia, sí o sí. Ya sé que hay excepciones, por supuesto, los conozco muy bien, pero no los nombraré para estigmatizar a los que no conozco pero sí sé que lo hacen muy mal.

La «generación dorada» se terminó hace dos años y en todo este tiempo no hemos sacado ningún jugador que pudiéramos decir “este podría llegar a ser un…” Cero, ninguno. Las estadísticas de jugadores chilenos jugando en el exterior bajó considerablemente en cantidad, calidad y en valores.

Aquí hay un cuadro de los jugadores que participan fuera de sus países y, de verdad, hoy nos han pasado por arriba. Está la relación de jugadores en el exterior versus cantidad de habitantes del país. Chile, de tener 500 jugadores en el exterior hace cinco años, hoy solo tiene -con regular éxito- 156, igual que Burkina Faso. Se acuerdan que jugamos con ellos y no sabíamos de dónde venían… bueno, aquí están, empatándonos en jugadores en el exterior, ellos en subida y nosotros en baja. Razones sobradas tiene Claudio Bravo para que, a sus 38 años, siga en Europa. Tal vez sea en Turquía, país cuya liga pesa 605 millones de dólares, tres veces la de Chile, con 154 millones de dólares (por estos días se define su futuro).

Para concluir, y como casi única alternativa, tenemos que ponernos el overol y recorrer el país buscando jugadores que nadie ve. ¿Cómo nadie puede hacer el trabajo de don Jose Sulantay? Hay que volver hacer la pega. Levantarse temprano, caminar y caminar, ver y ver fútbol y más fútbol, no tanto en las divisiones inferiores de los clubes de primera división, pues estos ya están muy trajinados, sino que observar y buscar en las inferiores de segunda y tercera división de nuestro país. Ver al Municipal Mejillones, Deportivo Pilmahue de Villarrica, Provincial Ranco o Brujas de Salamanca.

Hay 80 clubes más con sus divisiones inferiores trabajando, son alrededor de 6.000 jugadores que ya tienen avanzado con sus respectivos entrenadores. Como no pueden aparecer 50, hay que ir al rescate de ellos y les aseguro que en cinco años tendremos otra generación dorada, como la de 1962, 1974, 1998 y 2007, que brinde un buen fútbol, que nos vuelva a seducir y la queramos como propia.

Por favor, no le echemos la culpa al 18 de octubre o al Covid-19, que por cierto es un drama nacional y mundial. Cuando todo pase, esperemos que esta pandemia no sirva de excusa o distractivo para que una vez más barramos debajo de la alfombra las miserias del fútbol chileno.

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