Publicado el 11 de septiembre, 2019

En qué consiste el «populismo autoritario» que reflotó Harald Beyer por acusación contra Cubillos

Autor:

Bastián Garcés

El ex ministro de Educación citó el ensayo de la ganadora del Pulitzer Anne Applebaum en el que aborda cómo los populismos destruyen las democracias liberales. Mentiras, eliminación de la meritocracia, y el uso de mecanismo legales e ilegales para reducir la competencia política y económica, son algunos de los elementos que la periodista dice que utilizan grupos autoritarios y populistas. Un «modelo» que, según Beyer, han adoptado los acusadores de la secretaria de Estado.

Autor:

Bastián Garcés

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

En un día que estuvo marcado por el sorteo en la Cámara para designar la comisión que analizará la acusación constitucional contra la ministra de Educación, Marcela Cubillos, el ex titular de la cartera, Harald Beyer, publicó en El Mercurio una carta en la que recordó un ensayo de la historiadora y periodista ganadora del Pulitzer Anne Applebaum.

En su misiva, el ex secretario de Estado -que fue destituido por un libelo impulsado por la centroizquierda durante el primer gobierno de Sebastián Piñera- destacó la tesis de la historiadora sobre «el atractivo que seguía teniendo en muchas sociedades democráticas el autoritarismo».

En estas, señala Beyer en su texto, surgen «voces que creen que hay algunas personas, ideas o concepciones que tienen un ‘mejor derecho’ que otras a ocupar los espacios públicos». De hecho, se lee en la carta que este tipo de «liderazgos apuntan a distorsionar la evidencia, las leyes e incluso el pensamiento racional para intentar defender la posición correcta»

Una forma de hacer política que para el rector de la Universidad Adolfo Ibáñez «no es monopolio de ningún sector político en particular, pero en la acusación constitucional contra la ministra Marcela Cubillos son sus acusadores quienes hacen gala de ella«. En esa línea el ex ministro de Educación se sumó a las críticas en contra del libelo impulsado por el Partido Socialista al afirmar que los «sus fundamentos son tan débiles, los argumentos presentados en sus cinco ejes tan extremados y el hilo conductor del libelo tan cargado y manipulado que no puede concluirse sino que el populismo autoritario se apoderó de algunos sectores de la oposición».

Una advertencia de Europa, el ensayo en el que Applebaum advirtió sobre los populismos autoritarios

La periodista estadounidense, nacionalizada polaca, Anne Applebaum es una de las voces más prestigiosas sobre comunismo y el desarrollo de la sociedad civil surgida en Europa del Este tras la Unión Soviética. Una carrera que tuvo uno de sus primeros puntos altos entre 1988 y 1991 cuando la reportera cubrió el colapso del régimen socialista en Polonia, como corresponsal de la revista The Economist y el periódico Independent.

Toleran la existencia de opositores políticos, pero utilizan todos los medios posibles, legales e ilegales, para reducir la capacidad de funcionamiento de sus oponentes y reducir la competencia en política y economía», dice Applebaum sobre movimientos populistas y autoritarios.

Actualmente, Applebaum es columnista de The Washington Post, y directora del programa Arena en el Instituto de Asuntos Globales de la London School of Economics, que se enfoca en la «desinformación y propaganda» del siglo XXI. En su carrera ha colaborado con diversos medios de comunicación como la revista Spectator y los periódicos Evening Standard, Sunday Telegraph y Daily Telegraph.

Además, la periodista es autora de los libros «Entre el Este y el Oeste. A través de las fronteras de Europa» (1994); «Gulag: Historia de los campos de concentración soviéticos» (2003); «El telón de acero. La destrucción de Europa del Este 1944-1956» (2012), y «Hambruna roja: La guerra de Stalin contra Ucrania» (2017). Textos con los cuales ha sido galardonada con distintos premios, el más importantes de ellos fue el Pulitzer de no ficción que consiguió en 2004 por Gulag.

Publicado en la edición de octubre de 2018 de la revista The Atlantic, «Una advertencia desde Europa » fue el texto que el ex ministro Beyer recordó para comentar el actuar de la oposición en la acusación constitucional contra la titular de Educación, Marcela Cubillos. En el ensayo -que formó parte de un especial enfocado en responder la pregunta: ¿Está muriendo la democracia?-, la periodista analiza la situación de países de Europa del Este que giraron hacia un populismo autoritario.

El texto comienza con una anécdota de la propia Applebaum, en la que recuerda cómo los invitados a su fiesta de fin de año de 1999 tomaron veredas opuestas, para luego explicar de qué forma el populismo en Polonia logró hacerse con el control del Estado.

Alientan a sus seguidores a comprometerse, al menos parte del tiempo, con una realidad alternativa»,  que puede desarrollarse orgánicamente o «con la ayuda de técnicas modernas de marketing, segmentación de audiencia y campañas en redes sociales», plantea la periodista.

En esa línea, la periodista afirma que «dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede volverse contra la democracia. De hecho, si la historia es algo para guiarse, todas las sociedades eventualmente lo harán«. Algo que la autora ejemplifica con el caso Dreyfus, en el cual el oficial francés-judío Alfred Dreyfus fue acusado en 1894 por el ejército galo de espionaje a favor de Alemania, razón por la que fue condenado al exilio.

Un hecho que dividió a la sociedad francesa entre quienes estaban a favor y en contra del oficial. Sobre este último grupo Applebaum afirma que «para probar lo que no se puede probar, los anti-Dreyfusards tuvieron que menospreciar la evidencia, la ley e incluso el pensamiento racional». Desconfiaron, explica la historiadora, incluso de la ciencia «tanto porque era moderna y universal como porque entraba en conflicto con el culto emocional de la ascendencia y el lugar».

Un hecho que marca una de las claves de los populismos: La división de una sociedad. «Solo un caso judicial, un juicio en disputa, sumió a un país entero en un debate furioso, creando divisiones irresolubles entre personas que previamente no sabían que no estaban de acuerdo entre sí«, algo que para la periodista se repitió en Polonia a comienzos de los 2000 y que se repite en las sociedades que son presas de los populismos.

Algo que además, para la historiadora, se cristaliza en debates que se ven tanto en la Francia del siglo XIX como en la Europa del Este del siglo XXI, y que tienen su núcleo en las preguntas: «¿Quién puede definir una nación? ¿Y quién, por lo tanto, puede gobernar una nación?». Interrogantes sobre las que la periodista reflexiona que «durante mucho tiempo, hemos imaginado que estas preguntas se resolvieron, pero ¿por qué deberían serlo?«.

La polarización es normal, más al punto, agregaría, que el escepticismo sobre la democracia liberal también es normal. Y el atractivo del autoritarismo es eterno».

Luego de esta introspección, la ganadora del Pulitzer introduce el concepto de «Estado iliberal de un solo partido», el cual actualmente se encuentra en países de todo el mundo como China, Venezuela o Zimbabwe, un modelo «que muchos de los autócratas en ciernes del mundo usan hoy en día». El cual, afirma Applebaum, fue introducido por Lenin en Rusia a partir de 1917, razón por la que el fundador de la URSS «seguramente será recordado no por sus creencias marxistas, sino como el inventor de esta forma duradera de organización política».

En esa misma línea, la periodista sostiene que «a diferencia del marxismo, el estado leninista de un solo partido no es una filosofía, es un mecanismo para mantener el poder. Funciona porque define claramente quién llega a ser la élite». Un mecanismo que, a diferencia de las democracias occidentales modernas, no apunta a utilizar formas de competencia, como campañas y votaciones, pruebas meritocráticas para determinar el acceso a la educación superior, o los mercados libres. Además, comenta que no es un modelo que solo ha sido adoptado por la izquierda, sino que también por sectores de derecha como la Alemania Nazi de Adolf Hitler o la Sudáfrica del Apartheid de fines del siglo XX.

Al respecto, la autora profundiza sobre  partidos de derecha que están en el poder en Europa, Ley y Justicia en Polonia, y la Unión Cívica Húngara en Hungría. Applebaum señala que este tipo de colectividades «toleran la existencia de opositores políticos, pero utilizan todos los medios posibles, legales e ilegales, para reducir la capacidad de funcionamiento de sus oponentes y reducir la competencia en política y economía«. Un aspecto que también es destacado por el ex ministro Beyer en su carta del martes.

No solo eso, la historiadora también indica que a este tipo de populismos «no les gusta la inversión extranjera y critican la privatización, a menos que esté diseñada para beneficiar a sus partidarios. Socavan la meritocracia». Además, agrega que «al igual que Donald Trump, se burlan de las nociones de neutralidad y profesionalismo, ya sea en periodistas o funcionarios públicos. Desalientan a las empresas a anunciarse en medios de ‘oposición’, a los que se refieren como ilegítimos».

El lenguaje utilizado por la derecha radical europea -la demanda de ‘revolución’ contra las élites, los sueños de violencia de ‘limpieza’ y un choque cultural apocalíptico- es inquietantemente similar al lenguaje una vez utilizado por la izquierda radical europea», apunta la historiadora.

En esa misma línea, la ganadora del Pulitzer profundiza que este tipo de Estados iliberales de un solo partido «representa el fin de las nociones de meritocracia y competencia, principios que, por definición, nunca beneficiaron a los menos exitosos«, uno que apunta a dejar fuera de juego a los mejores capacitados, ya sea política, económica o culturalmente.  La periodista afirma que este «sistema manipulado y poco competitivo suena mal si quieres vivir en una sociedad dirigida por talentosos. Pero si ese no es su interés principal, ¿qué tiene de malo?«.

Además, para Applebaum estos regímenes difieren de sus predecesores del siglo XX. «Los movimientos políticos polarizadores de la Europa del siglo XXI exigen mucho menos de sus seguidores, no requieren creer en una ideología completa y, por lo tanto, no requieren violencia o policía terrorista», afirma la periodista quien agrega «la mayoría de ellos no despliegan propaganda que entre en conflicto con la realidad cotidiana«. Sin embargo, argumenta, «todos ellos dependen, si no de una Gran Mentira, de lo que el historiador Timothy Snyder me dijo una vez que debería llamarse Mentira Mediana, o tal vez un puñado de Mentiras Medianas».

En esa misma línea, señala que los populismos autoritarios «alientan a sus seguidores a comprometerse, al menos parte del tiempo, con una realidad alternativa», la cual puede desarrollarse orgánicamente o «con la ayuda de técnicas modernas de marketing, segmentación de audiencia y campañas en redes sociales». Un modelo de mentiras, señala la periodista en su ensayo, que puede aumentar la polarización.

«Donald Trump entró en la política estadounidense a espaldas del ‘birtherismo’, la falsa premisa de que el Presidente Barack Obama no nació en Estados Unidos», dice la autora en su texto, quien además sostiene que se trató de «una teoría de la conspiración cuyo poder se subestimó seriamente en el tiempo, y eso allanó el camino para otras mentiras».

Una táctica que ha evolucionado en los países de Europa del Este, como Polonia y Hungría, en donde una teoría de la conspiración fue «propagada primero por un partido político como el eje central de su campaña electoral, y luego por un partido gobernante, con toda la fuerza de un aparato estatal centralizado y moderno detrás de él«.

En esa línea, la autora sostiene que meses después del triunfo de Ley y Justicia en Polonia, las instituciones europeas y grupos de Derechos Humanos se centraron en el debilitamiento de los tribunales y los medios públicos, sin embargo dejaron de lado la «institucionalización de la teoría de la conspiración de Smolensk», una tesis levantada por el partido de gobierno que sostiene que tras el accidente aéreo en el que murió el Presidente Lech Kaczyński -hermano gemelo del actual Jefe de Estado Jarosław Kaczyński – hubo un complot político.

Sobre esta Mentira Mediana, la periodista afirma que «la decisión de poner una fantasía en el corazón de la política gubernamental realmente fue la fuente de las acciones autoritarias que siguieron«. Un hecho que impactó profundamente en el Estado polaco, tal como señala Applebaum tras el arribo al poder de Ley y Justicia «no hubo necesidad de competencia, ni de exámenes, ni de un currículum lleno de logros. Cualquiera que profese creer en la mentira de Smolensk es, por definición, un verdadero patriota y, por cierto, bien podría calificar para un trabajo en el gobierno«.

¿Pero qué hace que este tipo de ideas sean tan cautivantes para la ciudadanía? La historiadora explica en su ensayo que «los atractivos emocionales de una teoría de la conspiración están en su simplicidad» esto porque «explican los fenómenos complejos, el azar y los accidentes, y ofrece al creyente la sensación satisfactoria de tener un acceso especial y privilegiado a la verdad«. Mientras que para quienes se transforman en los «guardianes del Estado para aquellos que repiten y promueven las teorías conspirativas oficiales, la aceptación de estas explicaciones simples también trae otra recompensa: el poder».

La periodista relata que pudo conversar con el politólogo griego Stathis Kalyva, encuentro tras el que Applebaum reflexionó que  «la polarización es normal, más al punto, agregaría, que el escepticismo sobre la democracia liberal también es normal. Y el atractivo del autoritarismo es eterno«.

No solo eso, también la autora de Una advertencia desde Europa indica que «la historia también se siente circular en otras partes de Europa. La división que ha destrozado a Polonia es sorprendentemente similar a la división que dividió a Francia a raíz del asunto Dreyfus». La periodista incluso sostiene que «el lenguaje utilizado por la derecha radical europea —la demanda de ‘revolución’ contra las ‘élites’, los sueños de violencia de ‘limpieza’ y un choque cultural apocalíptico— es inquietantemente similar al lenguaje una vez utilizado por la izquierda radical europea«.

Un modelo que no solo está presente en Europa sino que también en Latinoamérica y con un color político distinto, algo que la historiadora ejemplifica con la cita que sostuvo con el escritor venezolano Moisés Naím en Varsovia meses después de que Ley y Justicia llegara al gobierno. «Naím me pidió que describiera a los nuevos líderes polacos: ‘¿Cómo eran como personas?’ Le di algunos adjetivos: ‘enojado , vengativo , resentido’ . ‘Suenan como chavistas’, me dijo«, recuerda en su texto la ganadora del Pulitzer.

Es por esta razón que la escritora finaliza su texto reflexionando que «no deberíamos habernos sorprendido, no debería haberme sorprendido, cuando se cuestionaron los principios de la meritocracia y la competencia». Applebaum profundiza esta idea al señalar que la democracia y los mercados libres pueden producir resultados insatisfactorios, especialmente cuando están mal regulados o cuando nadie confía en los reguladores. «Tarde o temprano, los perdedores de la competencia siempre iban a desafiar el valor de la competencia misma», sostiene.

En esa línea, para la periodista «los principios de competencia, incluso cuando fomentan el talento y crean una movilidad ascendente, no necesariamente responden preguntas más profundas sobre la identidad nacional», algo de lo que se diferencian de un Estado autoritario, o incluso uno semi-autoritario -como el Estado unipartidista o el iliberal-, que ofrecen la promesa de «que la nación será gobernada por las mejores personas, las personas merecedoras, los miembros del partido, los creyentes en La Mentira Mediana».

«Puede ser que la democracia tenga que torcerse o que los negocios se corrompan o que se rompan los sistemas judiciales para lograr ese Estado. Pero si crees que eres una de esas personas que lo merece, lo harás«, sentencia la historiadora.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: