Publicado el 24 de julio, 2020

El emotivo discurso de José Said Saffie (1930-2020), donde resaltó el rol de la ética en las empresas

Autor:

Sebastián Edwards

La muerte del empresario de 90 años, presidente de Parque Arauco y Scotiabank, generó pesar transversal en el mundo empresarial y político. En el año 2003, al recibir un premio en Icare, entregó un discurso donde señaló: «Más que el valor material de las cosas, importa el bien que nuestros actos dejan en los demás». Y agregó: «Es un desafío ético, para nosotros empresarios, armonizar la integración personal con las responsabilidades sociales».

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Ayer el mundo empresarial chileno se remeció con la noticia. José Said Saffie, destacado empresario en los sectores del consumo y la banca, falleció a los 90 años de edad. Su partida generó un impacto transversal. Lamentaron su deceso desde Andrónico Luksic -quien señaló que era «una enorme pérdida para Chile”- hasta el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue (PC) -quien expresó que «trabajó incansablemente por Palestina. Mi gratitud y reconocimiento»-.

«Se va un gran hombre y un gran empresario, un ejemplo de trabajo, integridad, esfuerzo y creatividad, que se forjó de cero y procuró durante toda su vida hacer empresa dentro de valores y principios admirables», señaló el Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Juan Sutil.

De ascendencia palestina y nacido en Arequipa (Perú), José Said asumió desde joven su rol empresarial en la familia Said. Asumió la cabeza de las empresas Rayón Said, Industria Química de Cobre Cerrillos, tejedurías de Rayón Unidas y Compañías de Seguros la Panamericana.

En el día de su muerte, la Comunidad Palestina de Chile lamentó «la pérdida de su destacado miembro que fue importante en reivindicar y visibilizar la ocupación en Palestina y sus esfuerzos por mejorar la calidad de vida, a través de la Fundación Palestina Belén 2000, de los niños y niñas palestinas»

En 1982 se hizo mayormente conocido por levantar el primer centro comercial de América Latina, Parque Arauco, empresa de la cual fue presidente hasta sus últimos días. Asimismo, se desempeñaba como presidente de Scotiabank.

Casado con Isabel Somavía, tuvo un hijo y tres hijas. Los Said Somavía forman parte de las cinco familias controladoras de Embotelladora Andina y Edelpa, fábrica de envases donde tienen un 47% de la propiedad. Se calcula que el patrimonio del Grupo Said supera los US$ 4 mil millones.

«La cultura de cualquier empresa, pequeña, mediana o grande, debe estar impregnada por consideraciones éticas, morales y sociales»

Quienes lo conocieron destacan que Said tenía una visión empresarial «guiada por la ética y la moral». Muchos atribuyen esto, en parte, a su formación ignaciana y cercana a la congregación de los jesuitas. En una ocasión, el empresario señaló que un empresario «debe ser capaz de crear equipos donde existan relaciones respetuosas entre las personas. Por eso ha de comprender que su misión de dirección y mando es un modo de servicio y no un camino de autopromoción».

En todo momento me he entregado por entero a ser empresario. Lo siento como una forma de contribuir al engrandecimiento del país, creando empleo, generando una mejor calidad de vida para muchos, y especialmente inculcando valores permanentes en nuestro quehacer», dijo en 2003.

En el año 2003 (a sus 73 años de edad), Icare le entregó el premio en la categoría empresario. Al recibir el galardón, comenzó diciendo que «nunca he buscado la exposición pública, y los empresarios normalmente preferimos abocarnos a nuestro trabajo. Un trabajo que en mi caso iniciaron mis antepasados que llegaron desde Belén, en Palestina».

«Mi familia echó raíces en el siglo XIX en Perú, Bolivia y especialmente en Chile, país al que pertenecemos y queremos con toda nuestra alma. Aquí hemos desarrollado empresas industriales, inmobiliarias, comerciales y financieras. Mi abuelo Issa Said se inició en ellas como pequeño empresario, formando a sus descendientes en el rigor del trabajo y del emprendimiento. Esa enseñanza la recibí de mi padre y de sus hermanos que trabajaron estrechamente vinculados, lo que se ha proyectado en nuestra generación», relató.

En nuestras acciones debemos reflejar un deseo de servir más que de controlar, una capacidad de escuchar más que de mandar», dijo en su alocución en Icare.

En cuanto a su vida empresarial, en ella desarrolló diversas actividades. Sobre esto, afirmó que «en algunas he tenido el éxito esperado y en otras no lo he logrado completamente, como es habitual en nuestro trabajo. En ellas he conocido la lealtad y la amistad sin condiciones. He experimentado grandes alegrías y a veces penas y dolores».

Y agregó: «En todo momento me he entregado por entero a ser empresario. Lo siento como una forma de contribuir al engrandecimiento del país, creando empleo, generando una mejor calidad de vida para muchos, y especialmente inculcando valores permanentes en nuestro quehacer».

Recalcó que en la actividad empresarial «más que el valor material de las cosas, importa el bien que nuestros actos dejan en los demás. En nuestras acciones debemos reflejar un deseo de servir más que de controlar, una capacidad de escuchar más que de mandar, procurando transmitir felicidad y confianza en todos los ámbitos, en suma, procurar ser más que tener más».

Remarcó que «los mercados, los inversionistas, los propios clientes y la sociedad, en general, castigan la falta de transparencia, por lo que la cultura de cualquier empresa, pequeña, mediana o grande, debe estar impregnada por consideraciones éticas, morales y sociales».

Frente a esto, señaló que «los empresarios debemos procurar ser hoy ejemplo de una ética fortalecida, con pleno respeto por la verdad y fidelidad a la palabra empeñada. Esto implica una honradez a toda prueba y el rechazo a cualquier forma de corrupción. Sólo así los negocios, tanto dentro del país como con el exterior, pueden ser fluidos, porque se basarán sobre una confianza sólida».

«La ética es una visión total del hombre, es importante que el empresario sea sensible a la cultura y pueda apoyar las iniciativas en ese ámbito. Es un desafío ético, para nosotros empresarios, armonizar la integración personal con las responsabilidades sociales y económicas que nos incumben», recalcó Said.

Revise acá el discurso completo de José Said en Icare (2003)

 

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