Publicado el 11 de marzo, 2020

División del “polo insurreccional” y politización de la convocatoria: los factores que debilitaron la huelga general

Autor:

Emily Avendaño

El llamado a paro del día lunes 9 de marzo tuvo resultados distintos a las convocatorias de este tipo, caracterizadas por dejar un balance general muy violento y mayor adhesión. En esta ocasión los disturbios fueron aislados si se compara con los llamados previos en los que hubo saqueos e incendios. Hubo, además, pugnas entre las organizaciones convocantes. “No representan al pueblo, sino a grupos que tienen intereses políticos” a diferencia de la marcha del día anterior que mostró un contenido más transversal, analiza Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem.

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Emily Avendaño

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Tras los actos conmemorativos por el Día Internacional de la Mujer, el balance de Carabineros daba cuenta de 16 detenidos y 19 funcionarios policiales lesionados, luego de una marcha que congregó a alrededor de 800 mil personas, de acuerdo con el balance hecho por la ministra secretaria general de Gobierno, Karla Rubilar. El lunes, el llamado a la huelga general feminista comenzó con cortes de tránsito y barricadas a cargo del movimiento Ukamau y al mediodía lanzaron objetos a La Moneda las mujeres que eran partícipes de la marcha. Además, el Metro operó con intermitencia en algunas estaciones. 

Si bien hubo episodios aislados de violencia, los números no se comparan con los resultados a los llamados a huelga general hechos a finales del año pasado, después del 18 de octubre, que aparecen como las jornadas con más eventos graves desde el inicio del estallido. 

Organizaciones sindicales como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Asociación Nacional Empleados Fiscales (Anef), Confusam, Fenpruss y Sindicato de Walmart, se unieron al llamado hecho por la Mesa de Unidad Social para los días 23 y 24 de octubre, período en el cual aún se mantenía el Estado de Emergencia. Entre ambas jornadas sumaron 295 eventos graves, 203 civiles y 179 funcionarios de seguridad lesionados; y 1.714 detenidos. 

La otra convocatoria a huelga fue el martes 12 de noviembre. De ese día el general Enrique Monras, jefe de zona Metropolitana Oeste de Carabineros, dijo: “Fue uno de los días más violentos que hemos tenido, especialmente en relación a los ataques a cuarteles, saqueos, la cantidad de funcionarios lesionados”. El reporte entregado por las autoridades al día siguiente daba cuenta de 189 eventos graves, 46 civiles y 347 efectivos de carabineros, PDI o Fuerzas Armadas lesionados y 1.020 detenidos. 

Ese día en la Región Metropolitana se volvió a saquear y quemar el Hotel Principado de Asturias, el restaurante La Hacienda Gaucha, se atacó por segunda vez la Embajada de Argentina; e incendiaron la iglesia de la Veracruz.

Sobre este lunes, Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, señala: “Sin lugar a dudas hay un tema de desgaste, pero también hay un tema con el contenido de una huelga. Cuesta entender qué significa una huelga feminista por una parte, y en segundo lugar, es muy distinto de un llamado transversal como se hizo el domingo”.

El pueblo es la gente de clase media, media baja, que lo que está pidiendo son demandas sociales y no apalancar organizaciones que se atrincheran en luchas frente al poder”, señala Roberto Izikson.

El ex ministro Mauricio Rojas, a cargo de las publicaciones del Laboratorio de Análisis Político de la Fundación Para el Progreso (FPP), explica -sobre las jornadas del 8 y 9- que si bien se trató de una “situación tranquila”, esto dice poco con respecto a lo que sus informes han definido como el “polo insurreccional” que va “desde el Partido Comunista y otros partidos y movimientos de la izquierda radical, incluyendo un fuerte y novedoso componente anarquista así como remanentes trotskistas y al feminismo militante, hasta las barras bravas y las bandas criminales asociadas a la delincuencia barrial y el microtráfico de drogas, que han asumido un rol protagónico como organizadoras locales de las acciones más violentas, como los cientos de ataques a cuarteles de Carabineros, los saqueos y los incendios”, según su primer informe especial titulado Chile 2020: Contexto y categorías de análisis. 

Para Rojas, este fin de semana “no vimos en acción a los grupos más violentos, fueron muy marginales las acciones. Existe un conjunto de fuerzas que es muy distinto. No hay una gran organización, sino que son muchas organizaciones, que atacan el orden establecido, en el sentido de quizás tomarse el poder o con ideas más políticas”. Se suman esto, los narcotraficantes en los barrios, las bravas bravas, los anarcos. Agrega: “Todo ese conjunto de fuerzas está ahí, no hay nada que indique que se ha debilitado, todo lo contrario, su poder ha crecido, pero no se manifestaron en estas dos jornadas”. 

Por su parte, Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem, opina que la ciudadanía no se plegó masivamente al llamado a la huelga general del lunes por venir de grupos “politizados” que “no representan al pueblo, sino que a grupos políticos que tienen intereses políticos”. En esta misma línea está Guzmán, quien sostiene que “hay cosas muy distintas entre lo que fue la marcha del domingo, que es una marcha que tiene bastante transversalidad, en el sentido en que es un llamado que aglutina en torno a un elemento común: paridad, igualdad; y una huelga que connota ciertas características políticas y económicas, en que la gente no necesariamente está de acuerdo, que altera la normalidad”.

Todo ese conjunto de fuerzas (polo insurreccional) está ahí, no hay nada que indique que se ha debilitado, todo lo contrario, su poder ha crecido, pero no se manifestaron en estas dos jornadas”, analiza Mauricio Rojas. 

Izikson destaca que “esas organizaciones intermedias que buscan representar segmentos hoy día no son representantes de la movilización, que está mucho más asociadas al pueblo y el pueblo es la gente de clase media, media baja, que lo que está pidiendo son demandas sociales y no apalancar organizaciones que se atrincheran en luchas frente al poder”. Subraya que la demanda feminista es mucho más transversal. “Tiene una característica distinta porque viene hace al menos dos o tres años en Chile. La demanda feminista no es expresión clara de lo que pasó el 18 de octubre, se sumaron otras demandas igual de importantes, pero la del feminismo es anterior a eso”, profundiza.

Hoy hay una nueva convocatoria hecha por el bloque sindical de la Mesa de Unidad Social. Se trata de una jornada de protesta nacional que consta de dos iniciativas: paralizar todas las actividades a las 11:00 horas durante 11 minutos, y un cacerolazo nacional a las 20:30 horas. 

Hay un tema de desgaste, pero también hay un tema con el contenido de una huelga. Cuesta entender qué significa una huelga feminista por una parte, y en segundo lugar, es muy distinto de un llamado transversal como se hizo el domingo”, apunta Eugenio Guzmán.

“Soy bastante escéptico que a estas alturas podamos pensar que esto se va a reducir. Lo que pasa es que probablemente uno dice, ‘ah no están saqueando el supermercado equis como ocurrió los primeros días, ni están quemando estaciones de metro’. Pero sí están quemando buses. Lo leemos a la luz de una expectativas que teníamos, que era mucho más parecida a lo que fue el 18 de octubre y hemos aumentado nuestros niveles de tolerancia, por lo tanto, decimos como que pareciera ser que ya no hay tanta violencia, pero la verdad es que sigue habiendo. Mientras que no se pueda caminar tranquilo por la Plaza Italia, es muy difícil que uno pueda decir que la violencia se ha acabado”, concluye Guzmán.

Los conflictos en la Mesa de Unidad Social

El Movimiento Internacional de Trabajadores (MIT) calificó como una “burla” la convocatoria del bloque sindical de la Mesa de Unidad Social: “La continuidad de las luchas ha seguido en curso y a pesar de ello a Piñera lo sostienen los partidos del régimen y la Unidad Social que se compone de dirigencias de sectores como la Confederación del Comercio, Colegio de Profesores, Bancarios, Cut, Confusam, Fenats, Anef; movimientos sociales como NO+AFP, Ukamau, Modatima; de DD.HH. y federaciones estudiantiles de los cuales sus dirigentes nacionales son parte de partidos de izquierda que están en el parlamento, como el Partido Comunista, Humanista o Frente Amplio y responden a ellos”.

El MIT es una colectividad trotskista, fundada en 2017. Su principal dirigente es María Rivera, abogada fundadora de la Defensoría Popular. El texto continúa con una alusión al paro de noviembre: “El 12 de noviembre mostró el camino, muchos de los sindicatos incluso mineros como La Escondida o los Portuarios, hicieron efectivo el llamado a huelga. Piñera tuvo que retroceder, pero este solo duró un par de días y no tuvo carácter indefinido. Ese 12 de noviembre logró que el gobierno hablara de un proceso constituyente que no quería, y ahora está instalada con ello la discusión del plebiscito, pero que está lleno de trampas”.

Esa noche volvió a estudiarse la posibilidad de decretar nuevamente estado de emergencia. No obstante, el Presidente Sebastián Piñera optó por hacer un llamado para lograr un Acuerdo por la Paz, la Justicia y una nueva Constitución, el mismo día en que la totalidad de la oposición había unido fuerzas en una carta para apuntar que la Asamblea Constituyente era el camino. Tres días después se materializó el acuerdo que fue llevado a cabo el lunes en el ex Congreso, y que establece la posibilidad que de triunfar el “apruebo” la Constitución la redacte una Convención Constitucional o una Convención Mixta Constitucional. 

El MIT no es la única organización que ha cuestionado el rol de las instancias que componen el bloque sindical de la Mesa de Unidad Social. La Coordinadora Feminista 8M, que tuvo a su cargo la organización de las actividades de este 8 y 9 de marzo, emitió un comunicado el 7 de enero en el que expone las razones por las cuales se separa de esta coalición. 

“Nos retiramos planteando una crítica a aquellos dirigentes, incluidas dirigentas, que ayer le cerraron literalmente la puerta en la cara a nuestras compañeras sindicalistas para impedir su ingreso al Comité Nacional de Huelga y que se presentan hoy ante la prensa como organizadoras del 2do Encuentro Plurinacional de las que Luchan y de la Huelga General Feminista del 8M. Este intento de apropiarse de un trabajo del que no han sido parte y que está siendo levantado en un esfuerzo largo y mancomunado de organizaciones feministas de todo el país, da cuenta de hasta qué punto este espacio ha sido un intento de Unidad Social sin unidad social”. La Coordinadora Feminista 8M formaba parte de Unidad Social desde sus inicios en julio de 2019.

El comunicado cuestiona que las organizaciones que conforman este bloque, que no son todas las organizaciones sindicales que están en Unidad Social, quieran apoderarse del movimiento, que se tomen para sí la toma de decisiones y las vocerías. “El Bloque Sindical ha sostenido un camino que es contrario a la unidad y que se parece más a la exclusión. La unidad no es la subordinación de muchos acuerdos tomados por pocos”, dicen.

En una columna de opinión firmada por Ricardo Rebolledo en La Izquierda Diario, el periódico del Partido de Trabajadores Revolucionarios -otra organización trotskista reconocido por el Servel como partido político entre junio de 2017 y mayo de 2018-, comparte los dichos del texto de la Coordinadora Feminista 8M.

“La MUS organiza a la CUT, dirigida actualmente por el Partido Comunista, el Colegio de Profesores, dirigida por el Partido Humanista (que rompió con el Frente Amplio a raíz de la votación por la ley antiprotesta), la Confech y la Fech dirigidas por Comunes y Convergencia Social del Frente Amplio, la Anef dirigida por el Partido Socialista, junto a un centenar más de organismos, siendo los mencionados los más grandes, que entre todos agrupan a cientos de miles de trabajadores, funcionarios y estudiantes, y que aun contando con esta fuerza no se atrevieron a convocarla para acabar con el gobierno de Piñera, mientras este le declaraba la guerra a quienes se manifestaban”, afirma Rebolledo. 

En tal sentido, cuestionan la firma del Acuerdo por la Paz. “De ahí en adelante la MUS fue un zigzagueo constante mientras el gobierno recuperaba territorio perdido, en sintonía por supuesto de los partidos que lo dirigen, que en el caso del Frente Amplio significaron batallas intestinas que dividieron sus fuerzas dentro del bloque”, dice. 

A propósito de la Huelga General Feminista del 9 de marzo también hubo discrepancias. El MIT rechazó que no se le haya llamado “Huelga General por las mujeres y la revolución” pues esto habría evitado confusiones con respecto a si estaban o no convocados los hombres. 

“Pero peor que eso, es que organizaciones separatistas que defendieron y conquistaron un bloque separatista en la marcha, hoy están fomentando esa confusión, traicionando la resolución de Huelga General y pasando a llevar a todas las mujeres que participamos de este Encuentro -en alusión al II Encuentro Plurinacional de las que Luchan-, ya que están haciendo un llamado a una huelga únicamente de mujeres, tachando en el afiche la palabra ‘general’”, se quejan desde el MIT.

Además, en La Izquierda Diario publicaron que el Colegio de Profesores bloqueó la fuerza para generar un paro total el lunes, “luego de que algunos de sus dirigentes como Mario Aguilar y Magdalena Reyes, a través de un instructivo hicieron un llamado a los hombres a atender cursos y realizar turnos éticos, para que las colegas mujeres participen de la movilización y asistan a la marcha. Además, especificaron mediante el uso de mayúsculas que LAS mujeres son las que tienen que paralizar el día lunes”. 

¿El cansancio es un factor?

“Los grupos trotskistas son muy buenos para tener un periódico, para decir cosas estridentes, pero una de las características de lo que llamamos polo insurreccional, es que no hay ninguna organización política hoy día capaz de controlarlo, de decidir cuándo interviene o cuando no interviene, porque son fuerzas muy dispares, o sea, la capacidad de influenciar a las mafias locales en los barrios o accionar las barras bravas o de los anarcos, ahí una organización como el MIT o el PC, o las feministas, no tienen ninguna influencia, sino que son grupos que se manejan por sus propios intereses, con su propia lógica y hay que tratar de no simplificar esto. No reducirlo a algunos grupos visibles, por ejemplo, como el MIT”, advierte Mauricio Rojas.

El informe de la FPP destaca que se trata de una multitud de “tribus antisistema” que confluyen y se apoyan mutuamente, sin por ello estar orgánicamente coordinadas ni ideológicamente unificadas. El documento traza para mediano y largo plazo la existencia de un “empate estratégico orden-violencia” porque, explica Rojas, “aquí el Estado no ha ganado nada, el orden no ha ganado nada, por eso es que hablamos de un empate estratégico. Situación que impera en Chile y que va a seguir imperando, y probablemente se active mucho más en la medida en que se acerque el plebiscito. Vamos a ver otro tipo de violencia: el enfrentamiento entre el rechazo y el apruebo, eso se va incrementar. En un momento determinado, es difícil decir cuándo y cómo, puede explotar de nuevo todo este conjunto de grupos y actuar simultáneamente, porque es entonces cuando cobran gran fuerza, cuando actúan simultáneamente en distintas partes de Santiago y en distintas partes del país”. 

Coincide Eugenio Guzmán, para quien otro factor es que los más jóvenes “ven esto como una actividad casi festiva. Ahí tenemos un problema, hay un marcado significado que todavía no logramos entender bien, pero yo no diría que la gente está agotada y que de ahora en adelante vamos a vivir un proceso más calmo, yo sería bastante más escéptico”.

El informe de la FPP resalta que, según la última encuesta CEP, 42% de los jóvenes entre 18 y 30 años con educación superior respondió “siempre”, “casi siempre” o “a veces” a la pregunta: “¿Con qué frecuencia Ud. justificaría participar de barricadas o destrozos como forma de protesta?”

Otro punto que pudo haber influido en que no hubiese un apego masivo al paro pudo ser el cansancio. “Hay varios factores. Evidentemente hay resignación. La resignación viene desde el cansancio, desde la sensación de que han pasado cuatro meses y todavía ellos no visibilizan los cambios, viene de que también hoy día son muchos más factibles los costos económicos de las manifestaciones. La movilización va a continuar de forma espontánea, porque lo que prima hoy día es la preocupación frente a la ausencia de cambios y creo que eso va a seguir hasta después del plebiscito”, analiza Izikson. 

El gerente de asuntos públicos de Cadem subraya que la violencia continuará, pero de forma focalizada, más selectiva y reactiva contra carabineros. Por lo cual descarta estallidos de violencia similares a los ocurridos en el mes de octubre, por lo que a su juicio el contexto del plebiscito será de “relativa normalidad”.

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