Publicado el 14 de julio, 2019

Director del Injuv: “Es sensato que una comunidad decida lo que hace un menor de 14 años. El error es verlo desde lo punitivo”

Autor:

Emily Avendaño

Mirko Salfate, director nacional  del Instituto Nacional de la Juventud, cumplió un año en el cargo. En ese período destaca la labor que han hecho relacionándose con otras instancias del Ejecutivo para llevar sus programas a los “lugares adecuados y en el tono apropiado para los jóvenes”. Un ejemplo son los test rápidos de VIH, una política del Ministerio de Salud, que el Injuv asumió, llegando a aplicar casi 10.000 pruebas en cinco meses.

Autor:

Emily Avendaño

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Su nombre era más conocido por su trabajo urbanístico. Mirko Salfate fue encargado nacional de Reconstrucción y Director Nacional de Vivienda Definitiva en Un Techo Para Chile. Sin embargo, hace un año dio un vuelco a su carrera y asumió como Director Nacional del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), cuando por primera vez alguien ocupa esa instancia a través del sistema de Alta Dirección Pública. 

Utilizando su cambio como ejemplo, señala: «En Chile algo que enfrentan los jóvenes es que si alguien estudia una cosa tiene que dedicarse a eso toda la vida, y la verdad es que hoy lo que demuestran los mercados laborales más ágiles es que lo que se valora son otras capacidades. Sobre todo, aprender a resolver problemas y adaptarse a otras situaciones”. 

 Salfate conversa con El Líbero del balance que hace en su primer año en el Injuv, de los programas que aplican en conjunto con otros ministerios y del impulso que están dando a las organizaciones de voluntariado. Al final, el objetivo de su gestión será llegar a una política nacional de juventud “que pueda trascender a los gobiernos”

-¿Qué balance hace de este primer año de gestión? 

-Asumí hace un año. Soy el primer Director Nacional que entra a través del sistema de Alta Dirección Pública, lo cual es una señal muy clara que da el gobierno para reforzar una institución que tenía un daño institucional muy grande. En los últimos ocho años, el Injuv ha tenido siete directores que, en general, obedecían a acciones de política partidista, más que a políticas públicas para jóvenes. Nuestro foco ha sido devolver la institución a los jóvenes, transformarlos en protagonistas, y que la institución se entienda como una plataforma para fomentar sus capacidades y atender a los más vulnerables. Hemos abierto una política de relacionamiento con tres intermediarios, que nos parecen estratégicos: las oficinas municipales de juventud, las direcciones de asuntos estudiantiles del mundo universitario y técnico, y las ONG. Nos damos cuenta de que esa sinergia, esa igualdad de pares y sobre todo la capacidad de innovación que tienen estas organizaciones nos permiten ser mucho más acertados y eficaces en abordar estas temáticas públicas. 

-Este año se entrega la 9° Encuesta Nacional de Juventud. ¿Cuáles son lo principales hallazgos que cree que tendrá?

-No hemos hecho análisis de datos. Hay temáticas propias de la juventud que andan muy rápido. Esta encuesta, que se presenta cada tres años, nos permite sacar la foto a nivel nacional de situaciones que, quizás en la encuesta anterior no eran tan fuertes, por ejemplo, igualdad de género, medioambiente, salud mental y voluntariado. Son cuatro temas que hace tres años no estaban tan de manifiesto dentro de nuestra sociedad y que en el último tiempo los jóvenes lo han instalado de una manera radical. 

-La encuesta anterior tocaba el tema de la desigualdad, sobre todo potenciada por el acceso a la educación. «Entre los 20 y los 24 años es cuando la brecha socioeconómica se hace más grande», dice. ¿Esto es algo que como instituto están atendiendo?

-En ese período comenzó a operar la gratuidad en la educación superior. Una política pública que ha permitido mucho acceso y hace que hoy nos encontramos con otras realidades: hemos detectado un tema con los jóvenes de regiones que vienen a Santiago, a partir de la gratuidad, con quienes estamos viendo una estrategia para apoyar temas de arriendo o residencias para que puedan sostener sus estudios. Lo que se ganó en gratuidad hoy día está generando una nueva temática que tiene que ver con la sostenibilidad de estos jóvenes que ingresan a la educación superior, por eso estamos trabajando para apoyarlos. 

Es una señal muy clara que da el gobierno para reforzar una institución que tenía un daño institucional muy grande. En los últimos ocho años, el Injuv ha tenido siete directores que, en general, obedecían a acciones de política partidista, más que a políticas públicas para jóvenes».

-¿Existe un vacío en políticas públicas para el segmento juvenil? 

-En el último tiempo se han puesto los énfasis en otros grupos que han estado un poco olvidados, los niños y los adultos mayores. Independiente de eso, muchas de las temáticas juveniles son abordadas por otros organismos. Hay un rol intersectorial y colaboración entre los distintos ministerios. El año pasado nos mostró un caso relevante. En los últimos dos años aumentó de manera exponencial la población chilena portadora del virus VIH, el grupo que más aumentó fueron los jóvenes, por eso el año pasado el Ministerio de Salud lanzó un plan de VIH muy ambicioso, una de las novedades eran los test rápidos. A los cuatro meses, se dieron cuenta de que no estaban llegando a los jóvenes, que era un grupo vulnerable prioritario. Lo que nosotros hicimos fue subir esta política arriba de un camión y lo llevamos a donde estaban ellos, institutos, universidades, espacios públicos, eventos masivos. En un mes logramos hacer más test de los que el servicio de salud desarrolló en cuatro meses en una política intramuros. Además, le dimos visibilidad a muchas organizaciones, difundimos una educación sexual en un tono mucho más franco, repartimos condones masculinos y femeninos. Llegamos a 9.700 test en cinco meses. Si bien el Injuv es un organismo liviano en términos presupuestarios, tenemos la capacidad de hacer más eficiente y más eficaz la oferta de otros ministerios al llevarlo a los lugares adecuados y en el tono apropiado para los jóvenes

Lo que se ganó en gratuidad hoy día está generando una nueva temática que tiene que ver con la sostenibilidad de estos jóvenes que ingresan a la educación superior, por eso estamos trabajando para apoyarlos».

-Otro tema preocupante con respecto a la población joven chilena tiene que ver con el consumo problemático de alcohol y drogas.

-El plan islandés que se está llevando a cabo, «Elige vivir sin drogas», es una iniciativa pionera que cambia el foco desde lo punitivo hacia una acción comunitaria. Estamos trabajando con los municipios, que iniciaron este trabajo el año pasado, para abordar una de las aristas del plan que tiene que ver con la oferta de actividades estructuradas. Los jóvenes no tiene mucho que hacer después del horario de clases y esa es una situación de riesgo que se puede evitar a través de distintos tipos de acciones, ya sea al interior de los establecimientos educacionales o fuera de ellos. Estamos trabajando fuertemente para llevar oferta de talleres, actividades y articularlos con otros actores que nos permitan ofrecerles actividades atractivas y formativas a la vez. 

«En Chile menos de 10% de los jóvenes estudia y trabaja a la vez»

-¿Qué opina de los “toques de queda” votados por ocho comunas del país?

-Es un tema complejo. Este tono de «toque de queda» es una arista poco apropiada para impulsar este plan. Islandia, por ejemplo, promueve que las comunidades tomen ciertos acuerdos respecto a sus hijos. En ese sentido, a mí me parece sensato que una comunidad decida que un menor de 14 años no debería estar a ciertas horas en la calle y que, como comunidad, se hagan cargo de eso. Creo que el error desde Chile es ver esto desde lo autoritario y desde la perspectiva punitiva. Tenemos que avanzar hacia cómo la comunidad y, sobre todo, los padres toman el protagonismo en esta agenda. 

-Otro tema que involucra a un sector de la juventud es el tema de la violencia que rodea el Instituto Nacional. ¿El Injuv ha sido convocado por la Municipalidad de Santiago para abordar esto?

-No. Nosotros allí no intervenimos. Creemos que esas son relaciones de largo plazo entre organismos municipales y su comunidad educativa. Lo que ha pasado en el Instituto Nacional es un grupo pequeño de actores que puede monopolizar una agenda y creemos que es importante que allí se abran instancias de diálogo y mayores instancias deliberativas. La comunidad educativa del Instituto hace poco hizo un proceso interno para debatir sobre si tenía que ser mixto o no. Yo creo que allí los alumnos sí dieron una batalla que era más representativa de la comunidad. Lograron avanzar con una propuesta concreta de modernización de la institución sin amenazar su tradición. Esa es una agenda mucho más constructiva que la que hemos visto últimamente. 

En Chile menos de 10% de los jóvenes estudia y trabaja a la vez. En los países OCDE eso está entre 40% o incluso 50%. Es muy importante avanzar hacia allá porque una buena experiencia laboral inicial va a definir tu trayectoria laboral para el futuro».

-La cifra de desempleo en jóvenes duplica a la media nacional, ¿qué se puede hacer desde el instituto para ayudarlos a insertarse en el campo laboral?

-Una de las agendas que desarrollamos con el Ministerio del Trabajo el año pasado fue el nuevo Estatuto Laboral Juvenil, que busca compatibilizar a aquellos jóvenes que estudian y trabajan a la vez. Antes de la aprobación de la ley, hace tres semanas, los jóvenes tenían que elegir abandonar sus beneficios como estudiantes cuando firmaban un contrato, o trabajar en negro, que es la mayor precarización que pueden tener en su etapa laboral. La nueva ley viene a proteger que los jóvenes no pierdan sus beneficios como estudiantes, y que además integren los beneficios de tener un contrato formal. En Chile menos de 10% de los jóvenes estudia y trabaja a la vez. En los países OCDE eso está entre 40% o incluso 50%. Es muy importante avanzar hacia allá porque una buena experiencia laboral inicial va a definir tu trayectoria laboral para el futuro. 

-El cambio de ministro de Desarrollo Social afectó la forma en la que se estaban llevando las políticas de atención a la juventud en el instituto? ¿Cómo ha sido su coordinación con el ministro Sichel?

-El ministro Moreno era alguien muy comprometido con lo que estábamos haciendo y tenemos la suerte de que el ministro Sichel pasó por el Injuv en parte de su carrera profesional, así que conoce profundamente la institución, su potencial y sus debilidades. Hemos contado con su apoyo y, sobre todo, con su entusiasmo en la agenda de voluntariado que hemos estado empujando, que creemos es una oferta que puede influir en todo el quehacer del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. 

“Necesitamos desarrollar una Política Nacional de Juventud que pueda trascender a los gobiernos”

-El Injuv está impulsando una cultura de voluntariado. ¿Qué se persigue con esta política?

-Las cifras duras muestran que tenemos poco voluntariado. En general estamos entre 6% y 10%, cuando los países con los cuales nos gusta compararnos están entre un 20% y un 30%. Nos damos cuenta que Chile tiene mucho espacio de crecimiento para el voluntariado. Además, necesitamos que evolucione de un voluntario reactivo a uno preventivo. De un voluntariado muchas veces estacional, de verano o invierno, a uno más permanente y también que evolucione de un voluntariado que llega desde la caridad o el asistencialismo a uno que vaya a hacia la responsabilidad social y formación cívica. Existen muchos actores y un ecosistema muy diverso, pero que no está conectado, y nosotros estamos asumiendo ese rol. Es bueno porque los jóvenes desarrollan habilidades blandas: liderazgo, trabajo en equipo, resolución de conflictos, empatía. Hoy ya tenemos la Academia de Voluntariado, fondos concursables para organizaciones de voluntarios y sobre todo el 5 de diciembre, que es el Día Internacional del Voluntariado, en el contexto de la COP25, queremos visibilizar el voluntariado como una fuerza de cambio y como una estrategia sostenible.

En las juventudes chilenas ha aumentado el suicidio, el contagio de VIH, las denuncias de violencia intrafamiliar, se ha instalado el ciberbullying. Son dinámicas que tenemos que identificar de manera pertinente y abordarlas con la flexibilidad y con la contingencia que requieren».

-¿Los jóvenes quieren participar de estas organizaciones?

-Uno de los cambios radicales de esta generación es que no necesitan intermediarios para hacerse cargo de las temáticas públicas, y por eso el cuestionamiento de esta generación de los partidos políticos y de las instituciones tradicionales, pero una fuerte movilización por causas concretas que a ellos le hacen sentido. Al apoyarlos desde esas causas nos vinculamos de una manera mucho más directa, alineada con sus intereses y transformándolos a ellos en protagonistas. Son jóvenes auto-organizados, con capacidad de trabajar colaborativamente, articularse, y nosotros nos disponemos humildemente como una plataforma de apoyo.

-Me mencionaba el tema de la vinculación de los jóvenes con la política, volviendo a la encuesta pasada, los jóvenes mostraban una valoración positiva de la democracia como sistema, pero solo 12% afirmó estar satisfecho con la democracia en Chile.

Los jóvenes chilenos viven una paradoja. Por un lado, son los jóvenes que mayor beneficio han recibido del Estado en la historia de nuestro país, en temas de educación, salud, en distintos ámbitos. Pero, por otro lado, es una generación que no valora mucho las instituciones tradicionales de la democracia. Por eso es importante seguir reafirmando el valor de la democracia, seguir abriendo puertas para que las nuevas generaciones entren a espacios nuevos. Lo público no solo es lo que se hace dentro de los partidos políticos sino, sobre todo, es lo que se hace en el espacio público, en la interacción con los demás, y en eso los jóvenes tienen una sensibilidad particular. En temas de integración y tolerancia a las diferencias, son valores propios de las juventudes que a la sociedad en general nos hace bien incorporar. 

Los jóvenes chilenos viven una paradoja. Por un lado, son los jóvenes que mayor beneficio han recibido del Estado en la historia de nuestro país, en temas de educación, salud, en distintos ámbitos. Pero, por otro lado, es una generación que no valora mucho las instituciones tradicionales de la democracia».

-En una entrevista pasada usted mencionó la necesidad de avanzar en la transformación del instituto a un Servicio Nacional de la Juventud. ¿Eso qué implica?

-El Programa Presidencial definía que el Injuv tenía que evolucionar a un nuevo servicio nacional de juventud. Hemos estado trabajando, con la Subsecretaría y el Ministerio, en entender cuáles son los cambios que, más allá de un simple cambio de nombre, le permitirían a esta institución revitalizarse y reconectarse con las temáticas juveniles. Tiene que cumplir muy bien tres roles: ser un referente técnico, un experto en juventud, más allá de la encuesta y los sondeos. En las juventudes chilenas ha aumentado el suicidio, el contagio de VIH, las denuncias de violencia intrafamiliar, se ha instalado el ciberbullying. Son dinámicas que tenemos que identificar de manera pertinente y abordarlas con la flexibilidad y con la contingencia que requieren. Segundo, el rol intersectorial; hoy tenemos agenda con el Ministerio de la Mujer en temas de violencia en el pololeo. Con el Ministerio del Trabajo en empleabilidad. Con el Ministerio de la Cultura en tema de voluntariado patrimonial. Con el Ministerio de Salud para fomentar tanto lo de VIH como lo de salud mental. Tercero, fortalecer la oferta programática interna. 

Nos vinculamos de una manera mucho más directa, alineada con sus intereses y transformándolos a ellos en protagonistas. Son jóvenes auto-organizados, con capacidad de trabajar colaborativamente, articularse, y nosotros nos disponemos humildemente como una plataforma de apoyo.

-Ya pasó la fase de adaptación en la Dirección del Injuv, ¿ahora hacia dónde se dirige su gestión?

-Demostrar que los jóvenes sí tienen un compromiso social y cívico profundo. Creo que institucionalmente necesitamos desarrollar una Política Nacional de Juventud que pueda trascender a los gobiernos y a las direcciones nacionales. Una de las vulnerabilidades del instituto es que su trabajo es muy variable, según quien lo dirige, y tenemos que avanzar en una institucionalidad más sólida y robusta para generar políticas de mediano y largo plazo.

-Usted logró su cargo por el sistema de Alta Dirección Pública. Sin embargo, ha sido cercano a Evópoli. ¿Eso ha influenciado su gestión?

-La cercanía con Evópoli es a nivel personal con algunos de sus dirigentes, pero en mi quehacer el foco son los jóvenes y creo que la independencia política hoy día es un factor diferencial para poder mantener el foco.

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