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Publicado el 28 de octubre, 2019

Cómo Macron resolvió su peor crisis, similar a la que vive el Presidente Piñera

Autor:

Emily Avendaño

El movimiento de los chalecos amarillos, iniciado en Francia en noviembre pasado, puso en un complejo escenario al gobierno de Emmanuel Macron. Luego de semanas caracterizadas por bloqueos de carreteras, vitrinas rotas, barricadas y automóviles incendiados, logró que retornara la normalidad. Lo consiguió luego de un gran debate nacional que congregó a más de un millón y medio de franceses, que participaron en más de 10 mil reuniones y que llevaron al gobierno a presentar reformas sociales y económicas. Su ejemplo fue citado por el Presidente Sebastián Piñera cuando lanzó el sábado una iniciativa para recoger las demandas ciudadanas. 

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Emily Avendaño

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En su primera convocatoria, el movimiento de los chalecos amarillos franceses sumó a 280.000 personas en todo el país. En cambio, cuando retomaron las calles el pasado 7 de septiembre -luego de una pausa por el verano- la actividad solo alcanzó entre 1.500 (según las autoridades) y 3.000 manifestantes (según los organizadores). 

Mucho ha pasado en el país europeo desde el 17 de noviembre de 2018, cuando por primera vez tomaron las calles llamados por camioneros quienes lanzaron una convocatoria en Facebook a un “bloqueo nacional contra la subida del carburante”. Desde entonces ha transcurrido casi un año, miles de heridos y detenidos, y millones de euros en daños a la infraestructura pública. También hubo un gran “debate nacional”, que se prolongó durante dos meses -del 15 de enero al 15 de marzo- en el que participó más de un millón y medio de franceses, asistiendo a más de 10 mil reuniones locales, enviando sus contribuciones por internet o escribiendo sus peticiones en cuadernos de quejas.

Este diálogo desembocó en una serie de medidas, anunciadas por el Presidente Emmanuel Macron el pasado 25 de abril. Las decisiones incluyeron bajar los impuestos a las clases medias y trabajadoras, y una mejora de las pensiones. A demás mantuvo y aceleró las reformas por las que fue elegido en 2017.

El ejemplo francés fue citado por el Presidente Sebastián Piñera en la primera de dos alocuciones hechas la mañana del sábado. Instancia en la que el Mandatario anunció una iniciativa para recoger demandas ciudadanas, que encabezará el ministro de Desarrollo Social Sebastián Sichel.

“Aquí estamos viendo el ejemplo de otros países: lo que ocurrió en Francia, donde se produjo un debate a nivel de país que duró dos meses y después de esos dos meses, de haber tenido esa reflexión, después que los propios asistentes participaron en estructurar las conclusiones, y por tanto son sus ideas, y son ellos mismos los que las ordenan, las procesan y las presentan a la sociedad, se inició el camino de las soluciones, de las medidas. Yo creo que en Chile no tenemos dos meses”, apremió el Mandatario. 

Uno de los asistentes a la actividad en La Moneda relató que los ministros presentes hablaron poco y estaban más bien en posición de escuchar lo que cada uno de los dirigentes -sindicales, académicos, alcaldes- invitados tenía para decir y proponer. «El ambiente de los convocados era de aprehensión. No queríamos que se nos utilizara políticamente, pero el Presidente entendió. Felicitó la instancia y valoró los planteamientos. Ahora todos esperamos que esto no sea solo hablar y no llegar a ningún acuerdo».

El recorrido de Macron duró meses. Antes de llamar al debate tuvo que hacer concesiones y echar atrás algunas de sus decisiones -al igual que el gobierno chileno- para lograr aplacar su peor crisis desde que llegó al poder en mayo de 2017.

Las decisiones previas al “gran debate”

Macron llegó al Palacio del Elíseo sin haber competido antes en alguna otra elección. Fue ministro de Economía durante dos años y, antes, trabajó dos años más como asesor del Presidente François Hollande. Francia tiene uno de los niveles de vida más altos de Europa, con un salario mínimo bruto de 1.498 euros, frente a 858 en España, por ejemplo, menos pobreza que Reino Unido y más protección social. Pese a eso sus habitantes estaban disconformes. 

El aumento del diésel suponía un duro golpe al bolsillo para los habitantes de las provincias francesas a quienes les costaba llegar a fin de mes. Además, tenía un fin medioambiental: disuadir el uso de energía contaminante. Lo vieron como un agravio y una muestra de la desconexión del gobierno de Macron con la clase trabajadora. Finalmente se gestó un movimiento sin líderes ni estructura, que respondía a los llamados hechos por redes sociales; que alcanzó a tener 80% de la simpatía de la opinión pública, de acuerdo con algunos sondeos. 

El gobierno pudo avizorar su impacto, pero no detenerlo. El primer ministro, Édouard Philippe, anunció el 14 de noviembre de 2018 una batería de medidas para compensar la pérdida de poder adquisitivo de los automovilistas, que le costarían al Estado 500 millones de euros.

Ese mismo día, Macron, cuya popularidad cayó por debajo de 30%, se dirigió a los franceses en una entrevista con la cadena TF1: «No he logrado reconciliar al pueblo francés con sus dirigentes (…). Nuestros conciudadanos quieren tres cosas: que se les considere, que se les proteja, que se les aporten soluciones. No declaraciones: soluciones. Y la consideración, sin duda no la hemos aportado».

El 4 de diciembre Macron ofreció otra señal: dio marcha atrás a la subida de las tasas sobre el carburante prevista para el 1 de enero de 2019. Lo hizo cuando la presión en la calle, de la oposición y dentro de las propias filas gubernamentales se hizo insoportable. «Ninguna tasa merece poner en peligro la unidad de la nación», dijo en una declaración televisada el primer ministro, Édouard Philippe. 36 horas después el gobierno francés informó que la cancelación del alza se prolongaría durante todo 2019. 

Luego vino el aumento del salario mínimo en 100 euros (anunciado el 10 de diciembre de 2018), y la exención de impuestos y cargas fiscales en las horas suplementarias. El coste estimado de estas medidas se elevó a 10.000 millones de euros. “Sé que a veces he herido a algunos de ustedes con mis palabras”, dijo Macron en un discurso de 13 minutos desde el palacio del Elíseo.

Para ese momento ya la ciudadanía debatía en las calles sobre el referéndum de iniciativa ciudadana, o RIC. Su objetivo era impulsar la organización de referendos mediante la recolección de un número determinado de firmas, 700.000 según algunas propuestas; y se convirtió en el eslogan presente en diversos carteles durante las protestas. La Constitución francesa, adoptada hace 60 años, permite estas consultas, pero delimita las vías para organizarlas y su alcance.

En paralelo, Macron aprobó un aporte de 300 euros para 110.000 policías y gendarmes movilizados desde que el 17 de noviembre empezaron los bloqueos; y tuvo otro gesto de humildad. Escribió directamente en la plataforma de internet donde se inició el movimiento: “He escuchado el mensaje. Les respondo directamente: tienen razón”.

La carta de Macron y «un nuevo contrato para la nación»

El Presidente francés publicó una carta abierta a los ciudadanos donde propuso negociar un “nuevo contrato para la nación” en su cuenta de Twitter el 13 de enero. Para ese momento iban nueve semanas consecutivas de protestas. 

Fue en esa misiva donde lanzó el ya anunciado debate nacional, construido en torno a cuatro ejes: fiscalización, organización del Estado, transición ecológica, y democracia y ciudadanía. Invitó a los ciudadanos a participar y aclaró que no era ni una elección, ni un referéndum. 

Algunas de las preguntas planteadas por el Jefe de Estado francés eran: ¿Hay que hacer el voto obligatorio?, ¿qué propone para mejorar la inmigración en nuestra nación?, ¿qué proposiciones concretas haría para acelerar nuestra transición medioambiental?, o ¿qué impuestos hace falta bajar como prioridad? 

«Intento transformar con ustedes la cólera en soluciones», subrayó Macron al final del documento. «Para mí, no hay temas prohibidos. No estaremos de acuerdo en todo, lo que es normal en una democracia. Pero al menos mostraremos que somos un pueblo que no teme hablar, intercambiar, debatir», pese a eso trazó algunas «líneas rojas» sobre las que no pensaba transar, en particular la supresión del impuesto sobre la fortuna, una decisión tomada al principio de su mandato, que se convirtió en una de las más impopulares.

El debate comenzó el 15 de enero y duró hasta el 15 de marzo. En el ínterin, el Presidente recibió en Versalles a 150 dirigentes de las principales multinacionales: Microsoft, Uber, JP Morgan, General Electric, Coca-Cola, Allianz, BMW, Bayer, Bosch, Samsung, Toyota, Alibaba, entre otros, asistieron. El mensaje a los franceses era: “Mantenemos el rumbo”. 

Para febrero, Macron había recuperado la popularidad perdida. Un sondeo el instituto Ifop y el semanario Paris Match, mostró una subida de seis puntos respecto a enero y 11 respecto a diciembre, hasta el 34%, el nivel previo a la crisis de los chalecos amarillos. Además, el partido gobernante, La República en Marcha (LREM), apareció de nuevo como favorito para las elecciones europeas de mayo. 

Transcurridos los dos meses del debate nacional Macron había participado en once sesiones de las más de 10 mil que se desarrollaron por toda Francia. Además, la paciencia de los franceses con los chalecos amarillos también empezó a acabarse: 58% de los ciudadanos consideraba que la violencia desacreditó ampliamente el movimiento, mientras que el 55% deseaba que terminaran ya con las protestas, según una encuesta de Odoxa publicada por Le Figaro y FranceInfo, difundida el 22 de marzo.

De acuerdo con la presentación de los primeros resultados del gran debate, hecha por el primer ministro el 9 de abril, “revela una Francia que quiere menos impuestos. Considera que estos pesan demasiado sobre las clases medias y que ahora la carga fiscal está mal repartida. Cree que quienes ganan más deben contribuir más. Al mismo tiempo, asume la necesidad de recortar el gasto público. Los recortes deberían centrarse en el gasto militar y las ayudas a la vivienda, según el informe. En Francia el gasto público representa el 56,8% del producto interior bruto, el segundo más elevado de la OCDE, y este es el que más impuestos recauda respecto al PIB, un 46,3%. También es uno de los países con políticas fiscales más redistributivas”, resumió el diario español El País.

«Es el aislamiento, el abandono, la indiferencia, la falta de atención y de consideración», dijo el primer ministro Philippe. «Vivimos en un país en el que ya no nos vemos, ya no nos hablamos».  

Macron iba a anunciar el paquete de medidas el 15 de abril, pero debió posponerlo ante el incendio de la Catedral de Notre Dame. Habló el 25 de abril. “Hay un profundo sentimiento de injusticia fiscal, territorial y social. Y hay que darle una respuesta”, afirmó. 

Los chalecos amarillos siguen en las calles. Alcanzan 50 semanas de protestas; pero Macron recuperó la gobernabilidad y su popularidad. 

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