Publicado el 30 de enero, 2020

Cómo la violencia y las promesas incumplidas hicieron fracasar un plebiscito

Autor:

Bastián Garcés

Hasta hoy continúan las repercusiones en Colombia del referendo que rechazó el acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. A comienzos de esta semana la ministra del Interior de Iván Duque, Nancy Patricia Gutiérrez, afirmó que se trató de una «negociación política que no recogió a las mayorías del país». En octubre de 2016, Santos vivió un duro traspié luego que, de forma sorpresiva, triunfara el No en la consulta para validar el proceso de «cese al fuego».

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«El gobierno del presidente Iván Duque encontró un ambiente de país polarizado por una discusión, que no es el momento de darla, pero por una negociación política que no recogió a las mayorías del país«. Con estas palabras la ministra del Interior de Colombia, Nancy Patricia Gutiérrez, cuestionó este martes el proceso para la paz que llevó a cabo el ex Mandatario Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre 2012 y 2016, las que desembocaron en el acuerdo de La Habana, documento que fue rechazado en un plebiscito ratificatorio realizado a fines de 2016.

Gutiérrez calificó dicho proceso como «semifallido», no por culpa de la administración Duque, quien a su juicio ha «respetado la institucionalidad», sino que por la acción del grupo guerrillero. «Lo cierto del caso es que las FARC, como tal, no les respondieron a quienes creyeron en ellas. Unos sectores se apartaron del proceso, hoy en día son disidencias», afirmó la titular de Interior.

Declaraciones que la secretaria de Estado realiza a cuatro meses de que un grupo las FARC incumplió el acuerdo e ingresó nuevamente a la clandestinidad. De hecho, publicaron un video en el que daban a conocer su intención de retomar la lucha armada. «Nunca fuimos vencidos ni derrotados ideológicamente», señalaba en el registro Iván Márquez, líder de este sector de la guerrilla y que encabezó el proceso de negociación con el gobierno de Santos, realizado en La Habana.

Luego de la difusión del video, el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, llamó a que cayera «todo el peso de la ley sobre estos bandidos para que finalmente rindan cuentas ante la justicia». Sin embargo, el proceso de paz ha sido cuestionado desde antes. Uno de las principales críticas recaen en el plebiscito, realizado a comienzos de octubre de 2016, cuando se rechazó lo alcanzado en Cuba

«Somos muchos los que queremos la paz, pero no la impunidad»

«Los convoqué a que decidieran si respaldaban o no el acuerdo para la terminación del conflicto con las FARC y la mayoría así sea por un estrechísimo margen ha dicho que no. Soy el primero en reconocer este resultado«, aseguró el entonces Presidente de Colombia Juan Manuel Santos el 3 de octubre de 2016, un día después de que el país cafetero realizara el plebiscito para ratificar el documento que terminaba el conflicto que enfrentaba al Estado colombiano con la guerrilla por más de 50 años.

Se trató de un resultado inesperado, la mayoría de las encuestas que se realizaron antes de la votación del domingo 2 de octubre de ese año daban por ganador al Sí. De hecho, a una semana del plebiscito tres sondeos de opinión indicaban que la opción apruebo sacaría entre el 55% y el 66% de las preferencias, mientras el rechazo obtendría en el 21% y 38%.

Incluso, la medición de Ipsos Napoleón Franco de principios de septiembre indicaba que el Sí contaba con el 72% de respaldo, frente a un 28% de personas que se inclinaba por el No, es decir una diferencia de más de 40 puntos porcentuales. Predicciones que contrastaron fuertemente con el resultado del domingo 2 de octubre de 2016 que dio por ganador al rechazo al acuerdo de paz con las FARC.

De los 13 millones de colombianos que asistieron a las urnas -que representaron al 37,43% del padrón habilitado para votar-, 6.431.372 (50,21%) personas estuvieron en contra de ratificar el documento, mientras que 6.377.464 (49.79%) que estuvo a favor del texto.

El resultado llamó la atención de los medios de comunicación y analistas, quienes trataron de explicar el fenómeno. Y según reportaron, uno de los factores que influyó en el triunfo del No fue la sensación de impunidad que dejaba el acuerdo. Uno de los puntos que se negoció en La Habana fue que los culpables de crímenes de guerra y de lesa humanidad -tanto de las FARC como de las fuerzas del Estado-, no pagarían necesariamente con penas de cárcel. Esto, sumado a que el grupo guerrillero se transformaría en un partido político con 10 escaños asegurados en el Congreso durante los siguientes dos períodos legislativos, influyó en la decisión de rechazar el texto legal.

Una sensación que fue recogida por la BBC en Español. «Triunfó la verdad, porque en los acuerdos había manipulación. Nosotros no queremos que las FARC tengan un espacio político que no merecen«, aseguró una contadora de Bogotá al medio británico, quien además sostuvo que Colombia «no puede olvidar el dolor de tantos años de guerra», en los que el grupo guerrillero forjó su historia «con secuestros, asesinatos y narcotráfico».

Una opinión que coincidía con la del Alto Comisionado para la Paz, Víctor G. Ricardo, quién encabezó los diálogos entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC para lograr un alto al fuego entre 1998 y 2002. «El No al plebiscito no es un no a la paz, ni se puede considerar así. Hay que hacer una sumatoria que permita que la terminación del conflicto goce de un mayor respaldo«, sostuvo Ricardo días después del plebiscito.

De hecho, la campaña del No, impulsada por el ex Presidente Álvaro Uribe apuntó a rechazar el acuerdo no porque no se quisiera la paz sino porque se estaba en contra de la impunidad. «Somos muchos los que queremos la paz, pero no la impunidad ni la elegibilidad política de los terroristas«, afirmó el ex Mandatario al medio español ABC en marzo de 2016, cuando el documento aún se encontraba afinando sus últimos detalles.

Críticas que fueron compartidas por el ex Mandatario Andrés Pastrana, quien señaló que «a través de la mermelada -expresión colombiana para referirse al clientelismo político- se aprobó un mal proceso de paz, estas son las consecuencias de ese gran acuerdo de paz (…) se entregó el país a las FARC».

En tanto el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, sostuvo en octubre de 2016 que: «Una cosa es establecer penas reducidas de prisión, y otra muy distinta es permitir que criminales de guerra confesos eludan cualquier castigo genuino por sus delitos (…) es muy difícil que haya una paz duradera si no hay justicia».

Mientras que en el informe 2017/2018 sobre Colombia de Amnistía Internacional alertaba que «a pesar de la firma del acuerdo de paz, el conflicto armado se intensificó en algunas zonas de Colombia como consecuencia de los enfrentamientos armados entre guerrilleros del ELN, grupos paramilitares y fuerzas del Estado que trataban de llenar el vacío de poder provocado por la desmovilización de las FARC».

Sectores con menor presencia del Estado y con las FARC validadas, los bastiones del Sí

En esa línea, un informe elaborado por la Fundación Ideas para la Paz analizó los resultados del plebiscito del 2 de octubre de 2016. Entre los datos más relevantes la ONG destaca que en la mayoría de las regiones en las que tenía presencia el grupo guerrillero ganó el apruebo al acuerdo por la paz. En esa línea, el estudio destaca que existen dos tipos de regiones «aquellas en las que las FARC son el actor armado hegemónico y tienen cierta legitimidad, y aquellas en las que su presencia se ha expresado en acciones predatorias que han dejado cientos de víctimas, lo que dificultó posicionar el Acuerdo Final y el proceso de paz en general».

Sobre este mismo punto, el informe destaca que las zonas en las que más se notó este apoyo al acuerdo fue en las regiones en las que más se había sentido el conflicto armado. «Las zonas más afectadas fueron Arauca, el Urabá chocoano y antioqueño, el Nudo de Paramillo, Montes de María, Catatumbo, Guaviare y el bajo Putumayo. En todas, el Sí ganó con un rango superior al 50%», indica el documento que además sostiene que las negociaciones pudieron percibirse como «una oportunidad de desarrollo e integración territorial. También es importante tener en cuenta que en varias de estas zonas el desescalamiento del conflicto armado, por efecto del cese al fuego, pudo generar puntos a favor de lo acordado en La Habana«. No obstante, también hubo regiones en las que distintos grupos ilegales se enfrentaban, donde los votos por el No fueron mayoritarios, aunque con matices.

También fue un factor relevante, para entender el resultado del plebiscito, las diferencias entre las zonas más céntricas y ricas de Colombia con las periféricas y pobres. Mientras las regiones más marginadas -como la Amazonía o la Costa Pacífica- se mostraron de acuerdo con las negociaciones de La Habana, las más pobladas y desarrolladas optaron por el No.

A esto se suma, que el voto a favor del acuerdo por la Paz se concentró en sectores en donde la presencia estatal era menos efectiva. «Entre menos Estado o instituciones formales hay, mayor favorabilidad hacia los acuerdos de La Habana«, señala el informe, el cual sostiene que si se compara el Índice de Desempeño Integral del Departamento Nacional de Planeación, que evalúa la gestión municipal y los resultados del plebiscito, se muestra que el Sí tuvo mejores resultados en aquellos lugares en donde había una «deficiente prestación de bienes y servicios». «Por lo general, en aquellos municipios en donde hay menos Estado y que están alejados del mercado, el respaldo al Sí fue mayor», se lee en el documento de la Fundación Ideas para la Paz.

La abstención fue un punto determinante también el triunfo del No. En la votación del 2 de octubre participó poco más del 30% del padrón electoral, un hecho que si bien fue suficiente para alcanzar el piso del 13% que requería el plebiscito para ser considerado válido, significó el nivel de participación más baja registrado en los últimos 22 años en Colombia.

Si bien, en la baja participación hubo factores coyunturales como fue el caso del Huracán Matthew en la Costa Caribe, también hubo otros fenómenos históricos que afectaron la votación, como lo fueron el mayor interés en las elecciones locales que las nacionales o los altos porcentajes de abstención en las zonas periféricas del país cafetero, que fueron aquellas regiones en las que el apruebo al acuerdo tuvo sus mejores resultados. «Justamente, en estos territorios el Sí fue mayoritario, pero los niveles bajos de participación le restaron fuerza a esta preferencia», señala el informe.

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