Publicado el 16 de julio, 2020

Cómo la propia prensa limita la libertad de prensa al rendirse ante las redes sociales

Autor:

Emily Avendaño

Esta semana Bari Weiss ahora ex editora de opinión del New York Times publicó su carta de renuncia a ese diario. El texto acusa falta de tolerancia, maltrato por parte de sus colegas y hace una dura crítica al manejo editorial del medio. “Twitter no aparece en el directorio del New York Times”, escribió Weiss. “Pero Twitter se ha convertido en su editor definitivo”. Voces de distintas esferas se levantan contra esta nueva forma de llevar el debate público, en el que solo se escuchan opiniones complacientes, aumentando la polarización, y cuestionan que los medios se sumen al “juego del algoritmo”.

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Emily Avendaño

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Más de 216.000 seguidores en Twitter tiene la ahora ex editora de opinión del New York Times, Bari Weiss. Era una de las escritoras con más alto perfil de ese medio, hasta que entregó su renuncia el lunes acusando acoso de sus colegas y señalando que el libre intercambio de ideas en el diario ya no era bien recibido. En su misiva dirigida al editor del periódico, AG Sulzberger, reclama que si bien “Twitter no aparece en el directorio del New York Times”, esta plataforma en la que ella también cuenta con miles de seguidores y comentarios “se ha convertido en su editor definitivo”. 

El debate sobre la sección de Opinión del Times comenzó el mes pasado, tras la publicación de un artículo del senador Tom Cotton (Republicano, representante de Arkansas) que pedía al gobierno de los EE.UU. desplegar tropas militares para disuadir las acciones violentas que surgieron luego del asesinato de George Floyd el 25 de mayo, al estar bajo custodia policial en Minneapolis. La nota fue rechazada no solo por los lectores, sino también por muchos reporteros y editores del medio. James Bennet, jefe de la página editorial del NYT, renunció poco después, y su adjunto, James Dao, fue reasignado a la sala de redacción.

En la carta de renuncia, difundida el martes en la propia web de Weiss, recuerda que llegó al medio de la mano de Bennet en 2017. “Fui contratada con el objetivo de traer voces que de otro modo no aparecerían en sus páginas: escritores novatos, de centro, conservadores y otros que naturalmente no pensarían en el Times como su hogar. La razón de este esfuerzo era clara: el hecho de que el periódico no anticipara el resultado de las elecciones de 2016 significaba que no tenía una idea clara del país que cubre”.

Y sobre la influencia de las redes sociales escribió: “Las historias son elegidas y contadas de una manera que satisface a la más estrecha de las audiencias, en lugar de permitir a un público curioso leer sobre el mundo y luego sacar sus propias conclusiones”.

Las redes sociales se han convertido en parte de la dieta informativa de una cantidad importante de personas. Sin embargo, allí no siempre operan los criterios editoriales de los medios tradicionales. El debate sobre las fake news, la cultura de la cancelación y la corrección política está abierto, y esta semana un nuevo factor se sumó a la discusión con la renuncia de Weiss, quien además ha sido una crítica de la llamada “cultura de la cancelación” y se unió a los más de 150 intelectuales, académicos y activistas que firmaron una carta aparecida en la  revista Harper’s el 7 de julio, reivindicando el derecho a discrepar. Ese texto cuestionaba la “intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo” que gana fuerza en EE.UU.

La editora de opinión interina Kathleen Kingsbury respondió que está “personalmente comprometida a garantizar que el New York Times continúe publicando voces, experiencias y puntos de vista de todo el espectro político”. Y ahora el debate quedó abierto. 

La “burbuja” de las redes sociales

¿La prensa en sí misma está amenazando su libertad al dejarse llevar por las estridencias de las redes sociales? “Hoy en día, defender los principios en el periódico no gana aplausos. Pone un objetivo en tu espalda”, dijo Weiss al renunciar.

Para Adriana León, directora del área de Libertades Informativas del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), “la denuncia de Weiss es interesante porque plantea un nuevo rol en la opinión de las audiencias, ahora a través de las redes sociales, respecto de lo que piensa y espera de un medio de comunicación. Me parece que en América Latina es diferente este rol o por lo menos no me parece que los medios hagan eco de las opiniones o críticas en redes de sus lectores. Sin embargo, el caso NYT ha puesto en debate una nueva función que ejercerían las redes sociales en las decisiones editoriales de los medios de comunicación”.

León subraya el interés que reviste el caso del NYT: “Estoy de acuerdo que en un medio se puedan reflejar todas las voces así sean radicales o polémicas y así molesten a algunos de los consumidores de ese medio de comunicación”, pero duda que este fenómeno se esté extendiendo de manera sistemática a todos los medios.

Una columna publicada en el diario El Mundo de España advertía el 7 de junio: “Vivimos tiempos en los que la prensa, debilitada y desorientada, busca soluciones vendiéndose al clickbait -a la multiplicación de accesos en internet, a contenidos atractivos pero a menudo sin valor informativo-, o volviéndose más y más sectaria, agarrándose a una opción política que le atraiga lectores incondicionales y quizá subvenciones salvadoras”. El texto lo firma el escritor y periodista Víctor de la Serna. 

Ese mismo día apareció en El Mercurio un artículo de John Müller, periodista especialista en temas económicos e internacionales y ex director adjunto de ese diario español. “Lo más sorprendente de este episodio no es la rebelión de los redactores, sino la debilidad con que el staff del diario ha defendido los principios básicos de la democracia liberal, publicando notas de arrepentimiento y cortándose las venas en público. Las opiniones de Cotton pueden ser equivocadas, pero son las mismas que consiguieron en 2015 el respaldo de medio millón de votantes, el 56% del electorado de Arkansas”.

Müller en conversación con El Líbero argumenta que las redes sociales afectan el debate público pues este, desde hace un tiempo, se desarrolla en ese escenario y ya no en los medios de comunicación convencionales. “Los debates son muy distintos porque las redes sociales están tremendamente polarizadoras. Twitter al principio era una red en las que se podían sostener discusiones argumentadas, pero con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en un terreno de agitación política, y en la agitación manda el insulto, la descalificación y no hay argumentos”. Lamenta que en un escenario como el que describe las redes sociales estén sustituyendo a los medios de comunicación, en particular, a la televisión.

La abogada Marianne Díaz, analista de Políticas Públicas en Derechos Digitales, una organización que promueve los derechos humanos en el entorno digital, plantea que las redes sociales se convierten en “burbujas” y terminan siendo “cámara de eco en la que los usuarios solo se escuchan a sí mismos, repetido, y así se polarizan más y más sus opiniones. De eso existen estudios: mientras tú más cierras tu burbuja, tu opinión, se polariza más, porque solo escuchas opiniones similares que fortalecen tu percepción de que tienes razón. Eso es muy peligroso para el debate civil y democrático”.

Díaz explica que “las plataformas de redes sociales son espacios privados que cumplen una función pública. Twitter y Facebook son privados, como consecuencia de eso estamos respondiendo a unas políticas de manejo de contenido que son privadas, que responden a intereses financieros empresariales y que van a regular el debate público, o sea, van a regular la libertad de expresión. Es un tipo de privatización de la libertad de expresión. Esto tiene como consecuencia que la gente que quiere jugar al juego del algoritmo, al juego de la popularidad, va a generar opiniones que complazcan a la mayor cantidad de personas. Es un juego de números, y eso hace que finalmente el debate intelectual, político, social, termine siendo deshonesto porque buscan complacer a la mayor cantidad de personas, no a lo que sea cierto. Las opiniones que disienten, que son incómodas, están quedando cada vez más desprotegidas en esos espacios. Esa es una verdad”.

Sin embargo, la ganadora del premio “Heroína de los Derechos Humanos” que entrega la organización internacional Access Now es clara en que los usuarios de las redes sociales también tienen una responsabilidad, en mantener su capacidad para la conversación civil, el debate público, y la aceptación de las diferencias, para no caer en las agresiones. “Esto no aplica solo para la gente que es troll, violenta y se dedica solo a hacer acoso en línea, sino para cualquiera de nosotros. Todos tenemos el cable corto al momento de poder tolerar la diferencia, eso es extremadamente peligroso, y es solo responsabilidad nuestra”, dice Díaz.

Una investigación del Pew Research Center publicada el 2 de octubre de 2019 revela que la mayoría de los estadounidenses desconfía del papel que juegan los sitios de redes sociales en la entrega de noticias. El estudio dice que el tono del debate político estadounidense se ha vuelto más negativo en los últimos años, de hecho 35% de los encuestados considera que las discusiones incivilizadas sobre las noticias son un gran problema cuando se trata de noticias en las redes sociales; y 27% reconoció que el acoso a periodistas es un gran problema asociado con las noticias en las redes sociales.

“Las redes son usadas muchas veces para desprestigiar informaciones serias de periodistas que investigan, fiscalizan y publican asuntos de interés público que muchas veces molestan a los involucrados. El uso de redes sociales por estos agentes molestos a través de trolls para difamar y ‘desmentir’ periodistas es algo que sí está haciendo mucho daño a los medios”, sostiene León.

No obstante, obtener noticias de los sitios de redes sociales es una experiencia cada vez más común. 55% de los adultos de EE.UU., según el Pew Research Center, se informa con de las RR.SS. a menudo o en ocasiones.

La cultura de la cancelación

La escritora de Slate, Lili Loofbourow, publicó un hilo en Twitter en el que enfatiza que “las redes sociales como una ‘plaza pública’ donde ocurre el ‘debate de buena fe’ es cosa del pasado”.

El periodista John Müller opina que esto tiene que ver con la llamada “política de la cancelación” y es algo que denuncia. “Periodistas que deberían estar del lado del pluralismo, la tolerancia y defender los distintos puntos de vista, en realidad se han convertido en comisarios políticos, agitadores y propagandistas que lo único que hacen es señalar las opiniones de los disidentes o de quienes piensan distinto para eliminarlas, porque ellos no conciben la discusión social o el debate democrático como una manera en la que hay que deliberar libremente respecto de las ideas. Conciben que las ideas que no son las suyas o que son distintas a las suyas son contagiosas, como una enfermedad, y por lo tanto deben ser eliminadas. Eso hay que denunciarlo y combatirlo porque desgraciadamente, como dice la famosa paradoja de Popper: ‘Hay que ser intolerante con los intolerantes’. No se puede permitir que en el nombre de una idea o causa, haya que eliminar del debate a las personas que no piensan de la misma manera”, defiende.

Díaz destaca que es misión del periodismo “mantenerse firme” y no dejarse llevar por las veleidades de la red social. “Estamos viviendo tiempos muy cambiantes en cuanto a lo que se considera aceptable. Eso no es que sea malo, sino que son tiempos de evolución y de cambio y eso es siempre complicado de navegar. Para los medios de comunicación tratar de complacer a todo el mundo, de no alterar a nadie es realmente imposible. Yo creo que esto solo se revuelve teniendo políticas editoriales honestas y un equipo de periodistas que responda a su trabajo con ética y honestidad”.

Concluye que medios como el New York Times no han sabido navegar lo que significa tener esa cámara de eco que es al mismo tiempo un espejo, las redes sociales en general, en donde cada nota va a recibir respuesta inmediata de lo que la gente piensa. “Eso tiene un valor, no debe tomarse como algo perjudicial o negativo. Pero si lo que hacen los periodistas que trabajan allí es ofenderse al ver sus opiniones contradichas o contrarrestadas, qué estamos haciendo. Tenemos que aprender a lidiar con las cosas que decimos y hacernos responsables”.

Las opiniones a favor y en contra de la renuncia de Weiss se publicaron, precisamente, en Twitter.

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