Publicado el 11 de abril, 2019

Cómo es la rutina de Roberto Enríquez, asilado en la Embajada de Chile en Caracas, cuyo caso fue llevado a la CIDH

Autor:

Emily Avendaño

En los dos años que ha permanecido refugiado en la residencia del embajador de Chile en Venezuela, el líder opositor Roberto Enríquez se ha mantenido como vicepresidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). El presidente de la coalición, Juan Carlos Latorre expuso su caso en el encuentro de la Internacional Demócrata de Centro, en Bruselas y su situación la revisa la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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Emily Avendaño

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Leer, ejercitarse, escribir, meditar, orar y recibir la visita de amigos y familiares durante la tarde. La rutina de Roberto Enríquez al interior de la residencia del embajador de Chile en Caracas es tranquila. Si bien se han tomado las medidas de seguridad propias de una sede diplomática, en un país que tan solo en los primeros dos meses de 2019 acumuló 4.173 protestas, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social; Enríquez no puede asomarse a la calle, ni tampoco hablar sobre su caso con los medios de comunicación.

Sobre él todavía pesa una amenaza judicial. El 2 de abril de 2017 fue ordenada su captura y, pese a ser un civil, iba a ser presentado ante el Tribunal Militar Primero de Control, por los delitos de traición a la patria, conspiración, rebelión y asociación para delinquir. Tres días después de darse a conocer su orden detención, el presidente del Partido Social Cristiano (Copei) y Vicepresidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), ingresó a la residencia del Embajador de Chile en Caracas, donde se le otorgó la calidad de “huésped”.

El pasado 5 de abril se cumplieron dos años de ese suceso y ayer Juan Carlos Latorre, presidente de la ODCA, expuso su caso en la reunión de la Internacional Demócrata de Centro, en Bruselas.

En el informe que presentó sobre América Latina, uno de los puntos centrales fue «la solidaridad con todos los venezolanos que están siendo perseguidos por sus ideas, los que están viviendo situaciones de cárcel y muy especialmente interceder una vez más, como Internacional de Centro, por Roberto Enríquez, quien es presidente de Copei, y simultáneamente sigue siendo vicepresidente de la ODCA”, explica Latorre desde la capital de Bélgica.

El ex diputado de la VI Región preside la ODCA desde el 26 de mayo de 2016. Fue electo en el XXI Congreso de la organización realizado en Santiago, para el período 2016-2019. En ese mismo congreso Enríquez fue escogido como integrante del actual Comité Directivo, pues el político antes de eso se desempeñaba como vicepresidente para la zona andina (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela).

Por tal razón, Latorre cuenta que han trabajado juntos desde hace muchos años: “Hemos coincidido en el desarrollo democrático de nuestros respectivos países. Tenemos un vínculo muy estrecho». Por eso, explica el ex presidente de la DC, intercedió ante el Gobierno de Michelle Bachelet y fue así como al dirigente de la colectividad venezolana se le otorgó protección. Eran días en los que el entonces embajador de Chile en Venezuela, Pedro Ramírez, no se encontraba en Caracas, pues en las jornadas previas -el 31 de marzo- había sido llamado a consulta, debido a que el Tribunal Supremo de Justicia -controlado por Nicolás Maduro- se tomaba para sí las atribuciones de la Asamblea Nacional (Poder Legislativo).

Asistencia a la CIDH y un próximo libro del senador Chahuán

Desde entonces Enríquez ha tenido que adaptarse a una especie de «casa por cárcel, pero en casa ajena», como lo describen algunos de sus cercanos. En la residencia ubicada en la urbanización caraqueña Country Club ha compartido con los magistrados Beatriz Ruiz Marín, Zuleima Del Valle González, Elenis Rodríguez, Luis Marcano Salazar y José Fernando Núñez, quienes durante tres meses de 2017 también estuvieron bajo la protección de la embajada. Aún convive con el diputado Freddy Guevara, el legislador ingresó a la sede la noche del 4 de noviembre de 2017, después de que la justicia venezolana intentara enjuiciarlo por haber convocado a las protestas de ese año.

Entre ellos dos existe una relación “fraternal”. Comparten las comidas, junto al resto del equipo diplomático de la embajada, encabezado por el ministro consejero Roberto Araos, y al final de la tarde ambos protegidos hacen ejercicio juntos. En la residencia, la comida es chilena-venezolana, y también hay espacio para que venezolanos y chilenos se sienten de vez en cuando a ver una película. Se trata de un lugar que tiene inmunidad diplomática, pero la orden de captura está girada y la amenaza de detención en caso de que Enríquez salga de la residencia permanece latente.

La semana pasada, el dirigente social cristiano tuvo oportunidad de conversar con el senador Francisco Chahuán (RN), quien visitó Venezuela para hacer el “lanzamiento simbólico” del libro “Diálogos Democráticos”, basado en una conversación que sostuvo con el preso político chileno-venezolano Braulio Jatar. En esa oportunidad, Chahuán le planteó a Enríquez recurrir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y también le habló de la posibilidad de escribir un texto sobre su caso.

“El caso de Roberto Enríquez es el caso del venezolano que más tiempo ha durado asilado en una embajada en la historia de Venezuela, por eso es un tema que al senador le parece interesante explorar. Cómo es la experiencia, cómo es la vida de una persona metida en una casa sin poder salir dos años. No tienes el maltrato de las catacumbas en la que tienen a los presos políticos en Venezuela, pero igual se está preso”, explican desde el entorno del dirigente político venezolano.

El 5 de abril, el vicepresidente Nacional de Comunicaciones de Copei, Rogelio Díaz, acudió a la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Caracas, para solicitar a su secretario General, Luis Almagro, que se pronunciara sobre los derechos humanos de Enríquez. “A Roberto lo persiguen por pensar distinto, por descubrir el dinero robado al pueblo venezolano en los paraísos fiscales que utilizan los ‘enchufados’ de la dictadura, por presentar ante la Asamblea Nacional la ley de repatriación de capitales forajidos. Lo persiguen por organizar la marcha de las ‘ollas vacías’ cuando apenas comenzaba la escasez de alimentos, y por firmar el acuerdo de la transición, junto a María Corina Machado, Leopoldo López y el Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma”, enfatizó en esa oportunidad.

Alonso Medina, abogado del presidente nacional de Copei, además solicitó el apoyo de la CIDH, pues en el caso de su defendido existe un gran retardo procesal. “No ha habido intención alguna por aclarar, investigar qué es lo que ha ocurrido, lo que demuestra una vez más la persecución sistemática hacia la disidencia política”, dijo frente a la OEA.

De acuerdo con las cifras entregadas por la ONG Foro Penal, en Venezuela hay 911 presos políticos –al 9 de abril–, además de 8.196 personas sometidas a “juicios penales injustos por motivos políticos bajo medidas cautelares”.

Manifestaciones de solidaridad

En este caso primero hubo ataques hacia el partido. Copei es de las colectividades más antiguas en Venezuela, fundado el 13 de enero de 1946 (hace 73 años). En 2015 la directiva a cargo de Enríquez, fue destituida por el Tribunal Supremo de Justicia y luego designada una junta ad hoc. En 2017 llegó la orden de captura en contra de Enríquez y el gobierno de Maduro confiscó su patrimonio personal, razón por la cual muchos de sus familiares se vieron obligados a emigrar.

En la cuenta de Twitter del Vicepresidente de la ODCA, además de manifestaciones de solidaridad de Latorre, también hay mensajes del actual presidente de la DC Fuad Chahín; del diputado DC Matías Walker; del Presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó –cuyo partido, Voluntad Popular, pertenece a la Internacional Socialista–; del ex Presidente de Colombia Andrés Pastrana, y de otros dirigentes políticos venezolanos como María Corina Machado y Antonio Ledezma. Además, representantes de la Democracia Cristiana en Argentina, El Salvador y República Dominicana.

“Realmente constituye un abuso la persecución que él ha tenido y que ha significado que permanezca ya dos años en la embajada, sin fundamento. Una acusación absolutamente injusta que hasta el día de hoy nunca ha sido probada. La persecución de Roberto Enríquez se debe estrictamente al hecho de que él ha sido un dirigente que ha estado permanentemente luchando por el respeto a la libertad de expresión, para que en Venezuela haya un pronto retorno democrático y esa es la única razón por la cual él se mantiene prisionero del régimen”, asegura Latorre desde Bruselas.

Por su parte, fuentes vinculadas a Enríquez en la Embajada de Chile en Caracas, aseguran que él se encuentra esperanzado de que pronto Venezuela recupere su libertad. “Este es un régimen que violentó el pacto constitucional venezolano, pero también el pacto de garantías democráticas suscritas en la Carta Democrática Interamericana. El régimen es una amenaza para el pueblo venezolano y los pueblos democráticos del continente. Estamos cerca de la libertad para iniciar el derrotero de la prosperidad, de la redemocratización, la reinstitucionalización, y el renacimiento del pueblo venezolano”, concluyen.

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