¿Qué paso entonces? Al tercer día de entrenamiento en Colo Colo, el jugador presentó problemas personales que lo hacen no viajar con el Cacique a la pretemporada en Buenos Aires y de ahí en adelante sucede una serie de episodios que más parecen un tema para los creativos de un guión de teleserie o de reality show… donde este futbolista capaz que tenga que abandonar por convivencia…

El director deportivo de Colo Colo, Marcelo Espina, declaró que “nunca ha sucedido algo parecido”. El técnico, Mario Salas, dijo que “tenemos la fe y la confianza de traer un verdadero refuerzo”. Ambas declaraciones son una especie de sentencia sobre este inédito episodio, y sea cual sea su desenlace, las partes (Juan Carlos Gaete y los Albos) ya están “chamuscadas”. Quince días es mucho tiempo para no resolver esta situación, a menos de un mes de empezar el torneo nacional y las copas internacionales.

Este caso, si bien no es igual, en algo se parece a lo sucedido allá por la década del sesenta, cuando Pedro Araya (apodado el “Garrincha” chileno), integrante del poderoso y legendario “Ballet Azul”, no quiso incorporase al Club Santos de Brasil cuando el Rey Pele brillaba en todo su esplendor y era el indiscutido mejor jugador del planeta. “O Rei” quería tener de compañero al chileno.

Recuerdo que en aquel entonces se decía que su madre no quería que fuese al equipo brasilero, razón que él desmintió 40 años después, aclarando que fue un tema económico entre los clubes. Algo tarde la explicación, diría yo. Al final, fue transferido al modesto San Luis Fútbol Club de México, equipo hoy desaparecido.

En estos tiempos, en que las transferencias de futbolistas alcanzan cifras siderales y en bien de salvaguardar el patrimonio de jugadores y clubes, es urgente contar con psicólogos que realicen evaluaciones para certificar si un futbolista está apto o no para trabajar en un determinado equipo. No solo es importante que las piernas anden bien, también es clave la cabeza.

Conversando y revisando este tema con el sicólogo Miguel Rivera, llegamos a la conclusión que hay jugadores para equipos grandes, otros para clubes chicos; también están los que rinden en la Selección, y los que no. Están los que se echan el equipo al hombro y los que “arrugan”. A los que les pesa la camiseta y los que se agrandan con ella. Algunos hasta se transforman en “representantes” del técnico dentro de la cancha, al mismo tiempo que otros “le atornillan al revés”. A veces hay futbolistas más importantes fuera de la cancha que dentro de ella. Y por fin están los buenos pa’ la pelota y los pichangueros: estos últimos son los que me gustan a mí cuando vamos ganando cuatro a cero.