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Publicado el 31 de diciembre, 2018

Claudio Grossman repasa el triunfo en La Haya: «He tenido centenares de casos, pero sin duda para mí este es el con más significado»

Autor:

Mariela Herrera

Quien fuera agente de Chile ante la Corte Internacional de Justicia, recuerda pasajes de la estrategia que el equipo desplegó ante la demanda de Bolivia, y que permitió que se lograra un contundente triunfo, a comienzos de octubre. La Haya fue el punto más alto en los temas de Cancillería en 2018 y el jurista no deja dudas al respecto. «El ministro Roberto Ampuero, a quien le tocó llegar al final del caso, se arremangó las mangas y se compenetró del tema», recuerda.

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Mariela Herrera

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Asumió el cargo de agente de Chile ante La Haya en noviembre de 2016 para defender la postura del país ante la demandan marítima de Bolivia. Y prácticamente dos años después, en octubre de 2018, Claudio Grossman vivió desde primera fila cómo los jueces de la Corte Internacional de Justicia fallaban de manera incuestionable a favor de los argumentos chilenos.

«El fallo demostró que no hay ningún tema pendiente jurídicamente entre Chile y Bolivia, no solo en relación al Tratado de 1904. No tenemos obligación de negociar ni de resultados ni de medios, el tema de nuestra soberanía», resume con orgullo al recordar hoy, en entrevista con El Líbero, las claves de este éxito y cómo lo vivió personalmente este experto en Derecho Internacional y en Derechos Humanos.

-Uno de los temas del año 2018 donde no hay dos lecturas es el triunfo de Chile en La Haya frente a Bolivia. Mirando ese hecho, ¿cuál es la importancia? Y finalmente ¿por qué ganó Chile?

-¿Por qué ganó Chile? Son distintos niveles, primero porque Chile desarrolló una defensa integral adecuada, con precisiones jurídicas, políticas, que fueron necesarias para llegar a este resultado. Por ejemplo, una opción estratégica política muy importante fue ubicar esta disputa en el territorio del Derecho Internacional. En las etapas diferentes de este juicio, había otra opción estratégica, que era acentuar lo político, lo comunicacional, lo histórico. Todo eso tenía un rol, pero la definición más importante fue decir «esto se va a enfrentar con el Derecho Internacional», cuándo se genera una obligación, el rol de los tratados. Eso no es muy atractivo para la opinión pública, y sobre todo para una opinión pública que era muy dubitativa frente a lo que fue la experiencia del caso Chile-Perú.

En las etapas diferentes de este juicio, había otra opción estratégica, que era acentuar lo político, lo comunicacional, lo histórico. Todo eso tenía un rol, pero la definición más importante fue decir ‘esto se va a enfrentar con el Derecho Internacional'».

-Usted habla de distintos niveles, ¿cuáles fueron los otros?

-Muy importante fue la advocacía, el trabajo de litigio. Había quienes decían “hay que ser razonable ante la Corte, porque si decimos que acá no hay ninguna obligación de negociar de ningún tipo y no le damos una salida a la Corte, quizás se va a ir más allá de lo que se hubiera ido si fuéramos más razonables”. Pero la opción jurídica fue “no aceptamos ninguna obligación de negociar ni con resultado, ni sin resultado, ni sobre la base de declaraciones unilaterales ni tratados tácitos. Nada”. Esa fue una opción estratégica de gran significado.

-¿Se cerraba la puerta, así, a cualquier “salida” que quisiera dar la Corte?

-Claro. Hay muchas explicaciones de por qué lo hicimos, también mi propia experiencia. Fui presidente del Comité de Órganos de Tratados de DD.HH. de Naciones Unidas, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y sé que cuando un Estado le cierra un ojo a otro uno, el órgano supervisor dice “están dispuestos a llegar ahí” o a veces pueden ir más allá. Otro tema clave fue el good lawyering. Bolivia tenía un discurso cambiante y eso afecta la legitimidad, no había una cosa ordenada, convincente. La legitimidad se pierde cuando uno habla de todo y Bolivia, para justificar que había una obligación de negociar, puso cuanta fuente posible del Derecho Internacional… por si algo pegaba. Nuestra estrategia tenía varios derivados como no caer en provocaciones políticas, eso no significa que alguna vez tuvimos que contestar algo que iba más allá de lo aceptable, como cuando dijeron que éramos los carceleros de Bolivia.

Teníamos a una mujer latinoamericana argentina hablando sobre por qué Bolivia no podía invocar las resoluciones de la OEA. Los bolivianos tenían una inglesa. (…). Ellos  que levantaban una bandera latinoamericanista no tenían ningún latinoamericano alegando por sus intereses».

-Hubo quienes decían que Chile fuera más agresivo en lo comunicacional, que reaccionara con más fuerza…

Claro, a veces se decía que la defensa chilena era muy fría, pero nuestra estrategia se valida con el resultado que tuvimos. Hay otras cosas también, como hablarle a la Corte en su conjunto. Esto no es casualidad. Teníamos a una mujer latinoamericana argentina hablando sobre por qué Bolivia no podía invocar las resoluciones de la OEA. Los bolivianos tenían una inglesa. No se trata que los jueces se dejen influir de esa forma, pero es importante el lenguaje, las tradiciones jurídicas. Y los bolivianos que levantaban una bandera latinoamericanista, no tenían ningún latinoamericano alegando por sus intereses. Otro aspecto importante fue mantener diálogo con los actores políticos internos.

Yo estaba emocionado, había 7 temas que generaban obligación sobre la base de la relación bilateral, y cuando van descartando una a una yo dije ‘acá ganamos el caso'».

-Sobre ese punto, ¿no percibió diferencia en los sectores políticos?

-Lo importante es que esto haya sido una política de Estado. Y que el equipo nacional que defiende al país fuera pluralista. Siempre es bueno tener gente que piensa distinto porque eso enriquece la toma de decisiones, si no es como tener una caja de herramientas solo con martillos. La unidad nacional es involucrar a distintos sectores. Y quiero destacar otro punto. Nosotros no podíamos jugar siempre a la defensiva respondiendo lo que Bolivia decía, también era importante reformular de qué se trataba esto, plantear que este no era solo un caso entre Chile y Bolivia sino que estaba en juego el valor del derecho internacional en las relaciones entre los países, la estabilidad de las fronteras y el valor de la diplomacia. Porque hoy entre los países hay que conversar y si se le hubiera dado la razón a Bolivia de que las conversaciones generan obligaciones, no se podríamos hablar.

Roberto Ampuero, quien además le tocó llegar al final y se arremangó las mangas. Yo fui a su casa en Olmué donde nos dedicamos a hablar del caso. Se compenetró del tema».

-Usted plantea que en el equipo estuvieran presentes distintos sectores. En su caso, usted pertenece al mundo de la centroizquierda, ¿no se replanteó el tema de liderar el caso en el gobierno del Presidente Piñera?

-Para mí eso nunca fue tema ni con Heraldo Muñoz ni con Roberto Ampuero, quien además le tocó llegar al final y se arremangó las mangas. Yo fui a su casa en Olmué donde nos dedicamos a hablar del caso. Se compenetró del tema. Lo mismo las delegaciones parlamentarias que fueron a los alegatos orales, integradas por la centroizquierda y la centroderecha. Y como agente, fui al Congreso unas 5 o 6 veces. Siempre me sentí muy cómodo con todos. En Chile estaban todos embarcados y uno debe estar preparado para que haya voces disidentes, pero las fuerzas políticas se pusieron detrás del caso.

El día del fallo: «Todos nos emocionamos, se me apretó la garganta»

-¿No ve algún error que se haya cometido en la forma  como se fue llevando el caso?

-Mirando para atrás, creo que fue la reacción del país hacia la sentencia de las objeciones preliminares. Se pudo haber reconocido más el valor de esa sentencia. Siempre digo que lo mejor para los bolivianos habría sido perder la objeción preliminar porque se hubieran quedado con su narrativa histórica. Pero ese fallo nos permitió educar a la Corte sobre el tema, establecer que el Tratado de 1904 no estaba en juego, etc.

-¿Cuál es el valor histórico que usted le otorga al fallo de octubre?

-El fallo demostró que no hay ningún tema pendiente jurídicamente entre Chile y Bolivia, no solo en relación al Tratado de 1904. No tenemos obligación de negociar ni de resultados ni de medios, el tema de nuestra soberanía.

-Hoy Evo Morales y Carlos Mesa están los dos en una carrera presidencial. ¿Cuánto pesó ese factor que ya sonaba en la época del fallo?

Siempre se ha dicho que la política internacional es la proyección de la nacional, y hasta cierto punto lo es. Pero soy renuente a hacer comentarios políticos en este caso. Como ciudadano solo puedo decir que Chile siempre ha buscado una política de buena vecindad y que, desde luego, tiene un límite, que es la soberanía.

-A todos sorprendió el triunfo de todos los argumentos de Chile. Pero usted dijo en esos días “no me sorprendí”…

-Yo estaba emocionado, había 7 temas que generaban obligación sobre la base de la relación bilateral, y cuando van descartando una a una yo dije “acá ganamos el caso”. Y todos nos emocionamos, se me apretó la garganta. No no habría podido hablar en ese minuto. Yo he tenido centenares de casos, pero sin duda para mí este es el caso con más significado.

-¿Por qué?

-Por muchas cosas, por la soberanía, por la integración internacional, por el triunfo del Derecho Internacional, de la diplomacia. Ahí teníamos que estar con cara de piedra, como corresponde ante la Corte, pero una vez que llegamos a una salita ahí se cayó todo lo formal. Pero yo esperaba que primaba el derecho internacional.

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