Desde que asumió La Moneda, la ex presidenta de ONU-Mujer ha alegado “problemas de agenda” para no reunirse con las venezolanas Lilian Tintori, Ana Julia Jatar, y Mitzy Capriles; y con las cubanas Yoani Sánchez y Rosa María Payá, quienes sufren persecución política de los regímenes de Nicolás Maduro y Raúl Castro. Sin embargo, la Mandataria sí tuvo tiempo para recibir en audiencia privada a Mariela Castro.
Publicado el 02.05.2017
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Al igual que la Presidenta Michelle Bachelet, las venezolanas Lilian Tintori, Ana Julia Jatar y Mitzy Capriles, y las cubanas Yoani Sánchez y Rosa María Payá, han sufrido graves vulneraciones de sus derechos humanos.

Sin embargo, ninguna de las seis mujeres ha logrado tener el apoyo y solidaridad de la ex directora de ONU-Mujer, quien se ha negado reiteradamente a recibirlas en sus visitas a nuestro país. Ni siquiera han logrado sacarle una declaración pública en favor de sus causas humanitarias.

Sin excepción, la razón oficial de La Moneda ha sido alegar “problemas de agenda”, independiente de si las audiencias se han pedido con meses, semanas o días de anticipación.

En algunos casos, incluso, estuvo comprometida la palabra de Bachelet, ya que aseguró que no había recibido ninguna petición de audiencia de Lilian Tintori, quien desmintió públicamente a la Mandataria al afirmar que le había escrito una carta manuscrita.

Las cinco mujeres venezolanas y cubanas tienen como denominador común sufrir directamente ella o sus cónyuges, reiteradas violaciones políticas, civiles y/o de libertad de expresión en Venezuela y Cuba, y han acudido a Bachelet y a nuestro país en busca de apoyo internacional.

Varias de ellas se han reunido con los ex presidentes Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera y han recibido la solidaridad de parlamentarios de diversas tendencias políticas, especialmente de la DC y ChileVamos.

Todas las visitas, además, han generado fricción al interior de la Nueva Mayoría por el respaldo institucional del Partido Comunista a los regímenes de Cuba y Venezuela.

Quiénes son las mujeres que no ha querido recibir Bachelet

Lilian Tintori y Mitzy Capriles están casadas con Leopoldo López y Antonio Ledezma, líderes disidentes políticos que están presos. La causa más conocida a nivel internacional es la de López, ex alcalde y precandidato presidencial, quien fue condenado a 14 años de prisión, pese a diversos pronunciamientos de organismos de derechos humanos internacionales sobre la ilegalidad de la condena.

Ledezma fue alcalde de Caracas y fue acusado por la fiscalía chavista de intentar derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. López está acusado de incitar a la violencia en las marchas estudiantiles de febrero de 2014.

Ambas mujeres visitaron nuestro país en abril de 2015 y pidieron reunirse con Bachelet, quien dijo que “comentaristas se preguntaban por qué no recibía a las señoras venezolanas. La verdad es que nunca pidieron una reunión”.

La respuesta de Tintori fue inmediata, dijo que hacía meses le envío una “carta escrita a mano con un pedido personal”. El hecho generó una amplia polémica, en que intervinieron varios políticos chilenos.

El ex Presidente Sebastián Piñera dijo que le hubiera gustado que Bachelet recibiera a “dos mujeres que están luchando por valores que ella comparte como la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos”.

Pero el vocero de Gobierno, Álvaro Elizalde, descartó el encuentro y dijo que ni Bachelet ni ningún miembro del Ejecutivo las recibiría. El canciller Heraldo Muñoz accedió a recibirlas en una cena privada, organizada por el ex ministro socialista José Antonio Viera-Gallo.

Lilian Tintori dijo sentir “pena” ante la negativa de Bachelet y afirmó que le “hubiese gustado poder mirar a la Presidenta a los ojos y expresarle el dolor que nosotros sentimos y recibir su solidaridad. Sería una gran oportunidad para que ella vea el otro lado de la película de Venezuela”.

El único gesto que logró de la Mandataria chilena fue instruir a la Cancillería para que le manifestara “la gran preocupación del pueblo de Chile y de ella en particular por su integridad física”. Sobre la liberación de su esposo López, que era el gran objetivo de su visita, el gobierno no emitió comentario.

Pero si Bachelet no tuvo tiempo para recibir a Tintori y Capriles, sí se hizo espacio para recibir en la misma fecha al cantante catalán Joan Manuel Serrat, un viejo conocido y amigo. El tema generó polémica, pero La Moneda respondió que el cantante había pedido la cita semanas antes y que por eso se había acomodado en la agenda.

El chileno preso en Venezuela que aún espera la ayuda de Bachelet

En la noche del viernes 2 de septiembre pasado, Braulio Jatar recibió una serie de videos con cacerolazos y protestas callejeras contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en la ciudad de Porlamar, estado Nueva Esparta, y lo publicó en su sitio web de noticias Reporte Confidencialque dirigía y había fundado 11 años atrás.

Pocas horas después, efectivos de la policía venezolana allanaron su casa sin orden judicial y se lo llevaron a la cárcel, donde ya cumplió siete meses. Braulio nació en Chile porque su padre, el abogado y político Braulio Jatar Dotti, llegó exiliado a Santiago por la dictadura del venezolano Marcos Pérez Jiménez, quien lo encarceló y expulsó del país.

Su hermana  Ana Julia Jatar visitó nuestro país en diciembre pasado para denunciar la “absoluta falta de justicia” en el proceso, pedirle a la Presidenta Bachelet que intercediera ante Maduro para que expulsara a Braulio a Chile, pero la Mandataria no la recibió alegando razones de agenda.

Quien sí la recibió fue el canciller Heraldo Muñoz, quien le prometió que “se están realizando gestiones, pero no pueden ser reveladas, ya que podrían afectar el proceso de liberación”.

Sin embargo, cuatro meses después de esas gestiones, Braulio Jatar sigue preso en Venezuela, y se desconocen qué gestiones hizo realmente el gobierno de Chile.

Ana Julia le rogó a Bachelet que “por favor llame al Presidente Maduro y dígale que a usted le preocupa la liberación de mi hermano Braulio”, pero aún sigue esperando la respuesta.

No sólo las mujeres han recibido la negativa. El ex candidato presidencial venezolano, Henrique Capriles, tampoco se pudo reunir con la entonces candidata presidencial en su viaje de 2013.

Bachelet se excusó en que “no puedo porque estoy con temas de agenda, así que eventualmente podría juntarse con alguien del equipo internacional. Yo quiero insistir: No voy a juntarme con él porque mi agenda no me lo permite”.

El político venezolano tuvo una dura respuesta: “Lo más fácil para la Presidenta Bachelet es no hacer nada. Es muy fácil no hacer nada. Entenderse con quien esté. Si estuviera yo se entendería conmigo. Si estuviera el otro, se entiende con el otro. Esto no puede ser un tema de gobiernos que se ponen de acuerdo detrás de una cortina”.

La negativa de Bachelet a las cubanas Yoani Sánchez y Rosa María Paya

La misma experiencia han tenido las cubanas Yoani Sánchez y Rosa María Payá en sus viajes a Chile. Ambas pidieron reunirse con la Mandataria y a ambas se les dijo que no había espacio en la agenda.

Sánchez vino en abril de 2015, y casi un mes antes, el 30 de marzo, la fundación que la trajo, La Otra Mirada, pidió la audiencia  a La Moneda.

En una escueta declaración, la cubana dijo: “La agenda de la presidenta Bachelet está muy apretada, no hay espacio en la agenda para mí, pero lo importante es estar con mis colegas y ciudadanos”.

Cinco años antes, Yoani Sánchez le había pedido a Bachelet que intercediera ante el régimen de La Habana para que la dejaran asistir a un congreso de la RAE en España, objetivo que no logró. “Confío en que la señora Bachelet, que es una persona que ha vivido situaciones muy complicadas (…) pueda interceder por mí de mujer a  mujer, de latinoamericana a latinoamericana, y de persona inteligente y conocedora del campo de las letras que es, para que a esta humilde bloguera la dejen abordar un avión”, dijo en esa ocasión Sánchez.

Su compatriota Rosa María Payá, hija del disidente cubano Oswaldo Payá, fallecido en un extraño accidente de tránsito mientras era acosado por un vehículo de la policía política, estuvo hace una semana en Santiago y tuvo la misma suerte con la Mandataria.

Ella quería la reunión porque “es esencial que se tome posición sobre la tiranía más longeva de América Latina, de un totalitarismo que ha afectado no sólo a los cubanos y venezolanos en el continente, y es hora de que se responda en consecuencia o al menos se nos diga si están a favor de los criminales en el poder o si están de parte del pueblo cubano”.

La Moneda, una vez más, notificó “problemas de agenda”.

La hija de Raúl Castro que sí logró audiencia con Bachelet

Sin embargo, para quien Bachelet sí tuvo tiempo en el palacio presidencial fue para recibir a Mariela Castro, hija de Raúl Castro, y directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba.

En febrero de 2015, en medio del encuentro de ONU Mujeres, un comunicado del Gobierno la calificó como una “reconocida activista con respecto a los derechos de las minorías sexuales en Cuba. Como directora del Centro Nacional de Educación Sexual ha adquirido experiencia sobre las temáticas de género en su país, donde ha trabajado para mejorar los aspectos de identidad y no discriminación a la mujer”.

La agencia oficial cubana “Prensa Latina” informó que Castro habló en el evento en Chile sobre los “logros” de las mujeres en la isla, como “el derecho al aborto, la feminización de la educación, la igualdad salarial y el acceso a los cargos de dirección. La igualdad de género se convirtió en política de Estado desde 1959”, afirmó.

En este sentido, dijo que “las medidas para alcanzar paridad en la toma de decisiones figuraron poco a poco como un programa de desarrollo integral de incorporar a las mujeres a la sociedad en igualdad de condiciones que los hombres”.

En un editorial, El Mercurio cuestionó que “decisiones como la de recibir a la hija de Castro e ignorar a Yoani Sánchez no obedecen a complejos acuerdos de la nueva mayoría sino a convicciones profundas de la Presidenta. Si la clase política busca sincerarse ante el país, Bachelet debe aprovechar las circunstancias para sincerar su visión sobre Derechos Humanos. Si da este paso, evitará tener que repetir en un futuro próximo un “no supe condenar con fuerza y a tiempo las circunstancias en otros países”.