Sin binominal, con nueva ley de financiamiento y con líderes gremialistas abiertamente cuestionados (e incluso, condenados), RN tiene la oportunidad histórica para transformarse en el partido más importante de la derecha.
Publicado el 17.01.2016
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En 2008, la UDI obtuvo 58 alcaldes y 398 concejales. Sus alcaldes gobernaron aproximadamente el 24% del país. En 2012, el gremialismo sufrió un fuerte retroceso. Alcanzó 47 alcaldías que, en términos poblaciones, representaron al 17.3%. En la elección de concejales, en tanto, cosechó 423 cupos. Si bien es un incremento en el valor absoluto (pasó de 398 a 423), hay que subrayar que en 2008 se eligieron 2.146 concejales y en 2012 la cifra aumentó a 2.226. Llevado a porcentaje, en 2008 la UDI tenía el 18.5% de los concejales y en 2012 avanzó al 19%.

Hace rato que pasó la época de oro para la UDI, que en 1999 tuvo su punto más alto cuando casi logra ganar la presidencial con Joaquín Lavín. A nivel municipal, la UDI tuvo un notable desempeño en 2000, para luego transformarse en el partido con más congresistas en parte importante de la década. A nivel municipal, la UDI obtuvo alrededor de un millón 300 mil votos en la elección de concejales 2004, para bajar a poco menos de un millón 100 mil en 2008. En 2012, con voto voluntario y con un fuerte retroceso de la participación, la UDI recolectó más de 915 mil votos.

Hoy la situación es distinta. Varios alcaldes UDI en ejercicio renunciaron al partido. Sin perjuicio de que vayan como independientes dentro de la lista de la oposición, esos alcaldes no serán contabilizados como UDI. Ejemplo de esto es lo que sucederá con La Florida y Rancagua. Mientras La Florida representa alrededor del 2% de la población, Rancagua lo hace con aproximadamente el 1.3%. Por tanto, antes de la elección la UDI ya arranca con dos importantes bajas.

Para compensar la pérdida anterior, la UDI aspirará a gobernar dos comunas de alto peso poblacional como Providencia y Maipú. En este último caso, la candidata más probable es Cathy Barriga. El problema para la UDI es que, al menos de acuerdo a los datos reportados por el Servel para las elecciones de CORE en 2013, Barriga no figuraba como militante del partido, sino que como independiente dentro del subpacto de la UDI. Si esta situación se mantiene, entonces a pesar de que Barriga gane Maipú, tampoco podrá ser contabilizada como una comuna para el partido. Así, en un año particularmente desfavorable para el gremialismo -donde tampoco fue capaz de ganar la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica- las próximas municipales podrían hacer recordar más a la UDI de inicio de los 90’ que a la UDI post-Joaquín Lavín.

Esta compleja situación política de la UDI fue -en parte- consecuencia de toda la evidencia acumulada sobre el financiamiento irregular de la política. Los casos de Novoa y Orpis son los más representativos, pero seguramente algo más sabremos respecto a lo que sucedió con Longueira y su eventual rol de “facilitador” de boletas falsas. Desde todo punto de vista, entonces, la situación de la UDI es crítica. Probablemente, sus apoyos electorales no decrecerán de manera tan significativa en los segmentos más acomodados de la población, para quienes es más relevante el compromiso ideológico con el partido que la participación de sus dirigentes en actos corruptos o ilegales. Ahí la UDI tiene un nicho que difícilmente podrá ser capturado por otro partido. El problema es distinto en los segmentos medios y bajos. En las presidenciales y legislativas de 2013, por ejemplo, existió una correlación negativa entre la votación de la UDI y la participación electoral. Dicho de otra forma, Matthei y la UDI retrocedieron más -comparativamente con Piñera y la misma UDI en 2009- en las comunas urbanas donde la participación decreció más significativamente. Y esto ocurrió en comunas con predominio de población de ingresos medios y pobres. Si a esto le sumamos que en La Florida -caso representativo de la clase media chilena- el alcalde incumbente competirá como independiente dentro de la lista, el panorama es aún más oscuro.

Por todo lo anterior, no es descartable que la hegemonía de la derecha quede en manos de RN. Si bien Amplitud restará votación al partido, lo propio podría hacer Evópoli con la UDI. En consecuencia, sin binominal, con nueva ley de financiamiento y con líderes gremialistas abiertamente cuestionados (e incluso, condenados), RN tiene la oportunidad histórica para transformarse en el partido más importante de la derecha.

 

Mauricio Morales, académico Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP.

 

FOTO: RAFA MARTÍNEZ/AGENCIAUNO