Si bien los diez puntos anunciados por el nuevo Presidente son relevantes para cambiar en forma radical el Sename, uno que es de suma importancia ha pasado más bien desapercibido en estos primeros días: permitir a las familias de acogida la posibilidad de adoptar al niño que ha estado bajo su cuidado. Gran paso, que ojalá se concrete, porque unos 21 mil niños podrían verse beneficiados.
Publicado el 14.03.2018
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Cuando una ha estado imbuida en una investigación periodística por un año y medio en las sombras del Sename y que da como fruto un libro que ha causado gran revuelo (“Huellas Imborrables”, realizado junto a cinco alumnos de periodismo de la Universidad del Desarrollo, editorial Planeta), claramente es una luz de esperanza que el recién asumido Presidente de la República, Sebastián Piñera, comience su mandato en un centro del Sename, en donde dictó diez puntos que buscan cambiar a esta institución para siempre.

Al analizarlos —que, a todo esto, ojalá se conviertan en diez mandamientos—, cabe destacar el acelerar el trámite de los dos proyectos de ley que duermen en el Congreso y que buscan reemplazar el actual Sename por dos nuevos servicios públicos: el Servicio de Protección de la Infancia y Adolescencia, para hacerse cargo de los niños y adolescentes vulnerables; y el Servicio de Responsabilidad Adolescente, para hacerse cargo de los adolescentes infractores de ley. Lo relevante aquí es que dependerán de ministerios distintos (hoy ambos se concentran en el Ministerio de Justicia). Además, realizar una inmediata auditoria de la situación de los niños y adolescentes, etc…

Pero si bien los diez puntos son relevantes, me quiero detener en uno que ha pasado más bien desapercibido en estos primeros días y que es de suma importancia: permitir a las familias de acogida la posibilidad de adoptar al niño que ha estado bajo su protección. En simple, hoy las parejas pueden tener a su cuidado no más de dos años niños del Sename. Muchos de estos matrimonios se encariñan y sienten que el menor se ha vuelto su hijo, pero como la medida es temporal, deben entregarlo nuevamente a la institución.

En el libro Huellas Imborrables se incluye el testimonio de un matrimonio que entendió, según su versión, que había adoptado a una menor y que quedó destrozado cuando se las quitaron un año después: “La niña venía cocida y enferma con una bronquitis. Cuando le sacamos los pañales, nos asustamos. Nunca había visto una guagua con tantos hongos. Hongos en su potito, su vagina… hongos hasta en las uñas de los pies. Además, venía con toda su cabeza rapada, como que le hubieran sacado el pelo de raíz. Fueron pasando los meses y yo fui reclamando. Que cuándo me iban a pasar los papeles de adopción. Cuando comencé a exigir un poco más, no encontraron nada mejor que venirla a buscar… No la veo desde el 8 de febrero de 2014… Fui a dejar constancia al juzgado, a la Corte de Apelaciones, y aún no tengo respuesta. Tuve abogados que me engañaron, pero el de ahora es bueno. Incluso nuestro caso está en la Corte Internacional (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). Estoy enojada, desesperada, desilusionada… ahora ella tiene cinco añitos. No sabemos en qué centro está”.

Lo que busca la nueva iniciativa del gobierno es que, dándose ciertas características, el menor pueda estar para siempre con su nueva familia. Gran paso, que ojalá se concrete, porque unos 21 mil niños podrían verse beneficiados.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC

 

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO