En las muertes de Pablo Neruda o Eduardo Frei Montalva, por citar dos ejemplos, el Estado realizó todas las inversiones necesarias para conocer la causa de su deceso. ¿Por qué no ha hecho lo mismo con los 1.313 niños muertos del Sename, de quienes sólo 23 tuvieron “la suerte” de tener autopsia? ¿Valen lo mismo, o no, la vida y muerte para un gobierno de izquierda? Los hechos no son generosos.
Publicado el 06.10.2017
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Con bombos y platillos, hace unas semanas, Carmen Frei Ruiz Tagle presentó el libro Magnicidio, la historia del crimen de mi padre, sobre la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva. En éste relata, en primera persona, que su progenitor fue asesinado.

No he leído el libro, no sé en qué hechos se basa, pero si ella lo considera un asesinato, bien que escriba el libro y está en todo su derecho. También me alegro, que en ese caso, el Estado, además de la autopsia, haya llevado a cabo dos exhumaciones al cuerpo del ex Presidente y enviara los restos humanos al extranjero para realizar exámenes y pericias. Muy eficiente el sistema. ¡Bien!

Suerte tuvo también Pablo Neruda. En 2011, el Partido Comunista presentó una denuncia para que se investigara la muerte del poeta, basada en las declaraciones de Manuel Araya, un antiguo chofer del escritor, quien sostuvo que Neruda había sido envenenado. Tras su exhumación, y sin resultados concluyentes respecto de las causas de la muerte del Nobel, sus restos fueron devueltos a Isla Negra. Otro caso de máxima eficiencia del Estado y donde todo el procedimiento debe haber sido muy caro para las arcas públicas.

¿Cuál es el costo de realizar una autopsia y una exhumación? Sorpresa, es un dato que no está a la mano, según lo que me informan en Comunicaciones del Servicio Médico Legal, luego de varias insistencias. Curioso.

Se preguntarán a qué va todo esto. Resulta que cuando se trata de un personaje conocido, importante, influyente y que “vende”, los recursos del Estado están ahí para servir, más si el muerto es de izquierda. Pero ocurre que hay 1.313 chilenos que debieran tener los mismos derechos, y que están escondidos en las cloacas.

Me refiero a los niños muertos en el Sename en los últimos años. ¿Sabe a cuántos menores de los 1.313 se les hizo autopsia? A 23. Si, leyó bien, a 23, es decir, aproximadamente al 1,75% de los menores muertos.

Y de esas mínimas autopsias, ¿sabe cuáles son las razones de muerte? Causa indeterminada, traumatismo craneoencefálico, asfixia por aspiración de contenido gástrico, homicidio, suicidio por ahorcamiento, intoxicación por monóxido de carbono, carbonización parcial.

¿Se hizo justicia con estos niños? ¿Se quiso llegar a la verdad como en los casos de Pablo Neruda, Eduardo Frei Montalva y tantos más? El no es rotundo. Son los muertos del silencio, de la vergüenza. Posiblemente asesinados —varios— y en plena democracia. Y perdónenme lo mal pensada. ¿No habrá querido el Estado ahorrarse ese dinero en autopsias porque sabía que nadie los reclamaría? Espero, de corazón, equivocarme.

Por otro lado, también me extraña no ver a la izquierda haciendo memoriales, muros de los lamentos. No los veo protestando (enérgicamente) por las calles para exigir exhumaciones infantiles. ¿Dónde está esa igualdad de la que se jactan? ¿La preocupación por los más desposeídos? Al parecer, para los izquierdistas, no todas las vidas valen igual; lo mismo pasa con la muerte.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC

 

 

FOTO: RAUL ZAMORA/AGENCIAUNO