¿Cómo es posible que La Moneda crea que la ciudadanía, harta de la clase política, escéptica frente a Michelle Bachelet y preocupada por las turbulencias económicas que se avecinan, va a mirar con buenos ojos un documental, que supone propaganda?
Publicado el 09.02.2016
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Muchos recuerdan probablemente la simpática comedia EL DÍA DE LA MARMOTA, con Bill Murray. Aislado en un pueblo de Estados Unidos por una tormenta, Murray, que interpreta a un meteorólogo de televisión, queda atrapado en el tiempo: cada mañana despierta en la misma residencial e inicia el mismo día, que se repite como pesadilla.

En ese film pienso cuando constato, día a día, los errores en el manejo de la imagen de la presidenta por parte de La Moneda: parecen comenzar siempre el mismo día. Decidan lo que decidan, hagan lo que hagan, siempre tiende a ocurrir lo mismo con los anuncios de Palacio: terminan siendo un tiro en su propio pie.

Ignoramos de quién es la culpa, si del equipo que maneja la imagen presidencial o de la Presidenta misma. Si fuese del equipo, no se ven medidas para evitar nuevos pasos en falso. En todo caso, la responsabilidad recae finalmente en la Mandataria, puesto que es ella quien visa en última instancia el rol que sus asistentes le proponen o que ella se adjudica.

Dejemos de lado mejor las últimas escenificaciones presidenciales. No escarbemos en el silencio que guardó hace un año ante los negocios turbios de parte de su familia, ni del error que acaba de cometer al hablar hace poco como madre y suegra, y no como jefa de estado y gobierno. Desperdició una oportunidad de oro para dar un golpe de timón y reparar la institución de la presidencia.

Tampoco nos detengamos en su reciente viaje a La Araucanía a espaldas del ministro del Interior, una maniobra de torpeza supina y piernas cortas, que le reventó a presidencia en la cara. ¿Quién pagó al final los platos (y la confianza) que se rompieron con esto? Y no volvamos tampoco al anuncio de que presidencia va a seleccionar a dedo a los periodistas que puedan viajar en el avión presidencia (medida que fue modificada en alguna medida después de las críticas transversales por su olor a censura).

Estos errores no forzados azoran porque en democracia los equipos del “segundo piso” se han manejado con bastante astucia y madurez, sin la improvisación actual, algo no menor dado que es la mandataria o el mandatario quien termina pagando los platos rotos ante el país. ¿Ha sido despedido o sancionado alguien por los errores? Al parecer, no. Sólo queda concluir que o la presidenta coincide con sus subordinados o las decisiones son de su propia iniciativa.

Y como si todo esto fuera poco, La Moneda crea ahora un nuevo Sommertheater (como denominan los periodistas alemanes a los escándalos de gobierno en pleno verano). Se trata del documental que aspira a presentar a los chilenos la labor presidencial en los dos primeros años, la que recoge una aprobación de 25%

¿Cómo es posible que La Moneda crea que la ciudadanía, harta de la clase política, escéptica frente a Michelle Bachelet y preocupada por las turbulencias económicas que se avecinan, va a mirar con buenos ojos un documental, que supone propaganda? ¿Cómo nadie alertó a Bachelet sobre el negativo impacto que causaría entregar el proyecto a una cineasta (destacada, por cierto), vinculada a sus dos campañas presidenciales?

¿En qué país viven quienes le sugieren medidas como estas o son incapaces de apartarla de decisiones dañinas para sus intereses y la imagen de la presidencia? Débil resulta la defensa de que otros Presidentes también ordenaron documentales. Débil por cuanto en el pasado se trató más bien de documentales que muestran los logros de una administración al final de su período o una obra determinada. Pero esa defensa resulta débil fundamentalmente porque revela que quienes la enarbolan no han captado que estamos ante una ciudadanía distinta, impaciente, escéptica, con demandas por un país más justo y a la que le causa urticaria toda propaganda política financiada con impuestos. Un “segundo piso” sólido hubiese encontrado una coyuntura favorable para el proyecto y le hubiese ahorrado dolores de cabeza a Bachelet y también a la cineasta.

Es difícil que, con la Presidenta de vacaciones, La Moneda vuelva a dispararse en el pie en febrero. Sin embargo, Bachelet debe analizar con lupa cada día en Caburgua, y estar preparada para interrumpir su descanso si circunstancias especiales lo ameritan. Una decisión correcta en este sentido puede ayudarle a recuperar respaldo ciudadano. Sin embargo, de ocurrir en el país algo que, según la percepción nacional, demandase su presencia en La Moneda, y la Mandataria no reaccionara, su popularidad descenderá aun más. Estas pueden ser, después de las del 2015, las vacaciones más decisivas para la Mandataria.

 

Roberto Ampuero, Foro Líbero.

 

 

FOTO: MARCELO SEGURA/AGENCIAUNO 

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