El film sobre Ronald Reagan lleva un mensaje directo a los ciudadanos, haciéndolos añorar el pasado, la etapa de auge del país bajo la dirección del ex actor de Hollywood, el inolvidable triunfo del capitalismo sobre el comunismo, y el año en que Estados Unidos se alzó como la única superpotencia mundial.
Publicado el 18.10.2016
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Se esperaba con gran curiosidad en Estados Unidos el docudrama “Killing Reagan”, exhibido la noche del domingo por el National Geographic Channel. El film, que dirige Rod Lurie y cuenta con convincentes actuaciones, se basa en el bestseller de Bill O’Reilly, comentarista estrella del canal conservador Fox News, y del escritor Martin Dugard.

Si bien el film gira en un inicio en torno a la vida del joven que intentó asesinar al Presidente -de hecho lo hirió gravemente de bala, el 30 de marzo de 1980-, el peso de la narración termina trasladándose a Ronald Reagan, antes y después del atentado, la Casa Blanca y los hombres que rodeaban al mandatario. No hay duda de que lo potente y más atractivo del film radica en la recreación del manejo del poder en el entorno de Reagan.

El éxito de audiencia de la película venía garantizado por dos factores. El primero: los films “Killing Lincoln”, “Killing Kennedy” y “Killing Jesus” han sido los más vistos en la historia del canal, que en 2017 transmitirá el film sobre Reagan a 171 países y en 45 idiomas. Por lo tanto, para el próximo año hay que prepararse para recibir una mano de barniz político-histórico en torno al Presidente estadounidense que le propinó la estocada final a la Unión Soviética, lo que trajo como consecuencia el desplome y la desaparición del mundo comunista.

El segundo factor venía dado por la campaña que llevan hoy adelante los dos candidatos presidenciales más impopulares que ha habido en el país: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump. Los electores votarán en la próxima elección principalmente “en contra de” y no “a favor de”. Los programas han pasado a segundo o tercer plano y ahora prima, al menos en los candidatos y los medios, el análisis visceral, la identificación partidista y la crítica descalificadora del adversario. Lo cierto es que el debate entre políticos y en los medios ha descendido a niveles ínfimos e inimaginables en Chile. La temática ha girado principalmente en torno a emails oficiales que Clinton, como ex secretaria de Estado, no manejó con debida discreción, los amoríos reales o supuestos de su esposo, el ex Presidente Bill Clinton, y las denuncias de mujeres que acusan a Trump de haber abusado sexualmente de ellas o los comentarios de este sobre cómo tratar a las mujeres.

En medio de este clima enrarecido, donde ganará el candidato que logre aparecer como menos impopular, y en circunstancias en que muchos estadounidenses sienten que el país carece de liderazgo y se ve amenazada su tradicional superioridad económica, financiera, tecnológica y militar, el film sobre Reagan lleva un mensaje directo a los ciudadanos, haciéndolos añorar el pasado, la etapa de auge del país bajo la dirección del ex actor de Hollywood, el inolvidable triunfo del capitalismo sobre el comunismo, y el año en que Estados Unidos se alzó como la única superpotencia mundial.

En su programa diario de televisión, O’Reilly no esconde la admiración que siente por el liderazgo nacional e internacional de Reagan, que permitió a los estadounidenses recuperar la fe en su país, y esa admiración trasciende hasta la película. En ella, Reagan aparece como el gran líder que hoy falta en el país: despreciado por Hollywood y la elite política, tuvo que aprender a maniobrar y hacerse respetar en el establishment, pero sin perder la comunicación con la ciudadanía, lo que le significó alcanzar una popularidad hoy extinta en las democracias. A diferencia de Clinton y Trump, Reagan emerge en el film como un político apreciado, sencillo, auténtico, dotado de un gran sentido del humor, cercano al pueblo, con un matrimonio feliz en el cual Nancy tuvo siempre mucho que decir. Y el film se encarga de mostrar que Nancy también tenía mucho que decir en la Casa Blanca.

Killing Reagan” nos enseña a un político que está en las antípodas de los actuales candidatos: rechaza las exigencias de los radicales de su partido, busca los acuerdos y consensos, se conforma con obtener lo posible en política, escucha, respeta y valora a sus colaboradores y está siempre dispuesto a aprender, pero cuando toma una decisión, siente que es el capitán de una nave y que él sabe adónde conducirla. Mientras en su gabinete unos le sugerían “reventar” económicamente a la Unión Soviética mediante el gasto en defensa, otros le pedían recuperar la economía nacional. Reagan logra, en cierta medida, conseguir ambos objetivos.

Viendo el film se puede pensar que Reagan salió por la puerta ancha de la historia estadounidense, porque siempre estuvo consciente de sus limitaciones y no las ocultó, porque tuvo conciencia de que su responsabilidad era mayor a sus capacidades y que ser Presidente es un rol que se representa y que no debe asfixiar al ser humano que llevamos dentro.

Quien espere una visión crítica del cuadragésimo presidente de Estados Unidos no deberá buscarla en “Killing Reagan”. Sí se encontrará con algunas facetas de su humor, tan escaso en los candidatos de hoy: antes de que lo operen para extraerle la bala y cuando corre el peligro de morir, le dice a la junta médica: “Espero que ustedes sean republicanos”. Y cuando despierta de la anestesia y no puede hablar, pide un block y escribe: “¿Estoy aún vivo?”.

Reagan parece estarlo más que nunca y con una popularidad superior a los que hoy luchan por llegar a la Oficina Oval. Con escasos recursos, NatGeo logra su cometido y establece distancias.

 

Roberto Ampuero, #ForoLíbero

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