Si bien veremos al ministro Eyzaguirre y a los nuevos integrantes del equipo económico estos días haciendo gestos y declaraciones públicas a favor del crecimiento, todos sabemos —ellos los primeros— que aquí todo sigue igual.
Publicado el 07.09.2017
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La renuncia del ministro de Hacienda Rodrigo Valdés, del ministro de Economía Luis Felipe Céspedes y del subsecretario de Hacienda Alejandro Micco remeció el ambiente político la semana pasada. En lo sustancial, el alejamiento de las principales autoridades económicas vino a confirmar algo que ya sabíamos, pero que hasta ahora no se había manifestado de manera tan brutal: el equipo económico tenía un reducido poder al interior del gobierno y el crecimiento económico no es un objetivo de la Presidenta Michelle Bachelet.

Pruebas de esto hay muchas. Rodrigo Valdés, al presentar su renuncia a Hacienda señaló: “Avanzar sostenidamente hacia mayores niveles de crecimiento requiere disciplina y convicción del gobierno, y abrir espacios para que el sector privado pueda desplegar su iniciativa con reglas claras y estables. Pero creo que no logré que todos compartieran esta convicción”.

Cuando Valdés dice “todos” en la frase anterior, hace uso de un eufemismo. Bastaba  que “una” compartiera esa convicción para que él pudiera realizar su labor. La Presidenta Bachelet señalaba, horas antes deque se hiciera pública la renuncia del equipo económico, que “no me interesa para nada un crecimiento económico brutal si no hay mejora en la vida de las personas”. Lo hacía además acompañada del ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, en lo que se interpretó como un respaldo a su maniobra para rechazar el proyecto minero Dominga, que con una inversión de 2.500 millones de dólares iba a proveer 10 mil empleos en una de las regiones más deprimidas del país.

Después de eso, la suerte de Valdés estaba echada y así lo comprendió él rápidamente presentando su renuncia, la que fue seguida por la de los demás integrantes del equipo económico. La Presidenta reemplazó a Valdés por Nicolás Eyzaguirre, a Céspedes por Jorge Rodriguez Grossi, y ascendió al subsecretario de la Presidencia, Gabriel de la Fuente, al cargo de ministro de esa cartera.

Alguna prensa se apuró en destacar que, dadas las características de los reemplazantes, aquí no había un giro del gobierno a la izquierda, ni un menoscabo a su equipo económico.

Pienso que esa es una visión superficial y equivocada. Es cierto que los nuevos integrantes del equipo económico, al que ahora se suma Macarena Lobos en la Subsecretaría de Hacienda son profesionales competentes. Pero no es eso lo que está en discusión. El detalle es que ellos asumen en esas carteras sabiendo lo que pasó con sus antecesores. Las reglas del juego ahora están más explícitas: el crecimiento no importa. Las prioridades son otras.

Pero claro, esto no se puede decir de una manera tan frontal. Hay que representar más bien la parodia de que aquí sigue habiendo un equipo económico competente que puede conducir al país en la ruta del crecimiento económico. Nicolás Eyzaguirre, interpretando muy bien el papel que le fuera asignado en esta obra, declaraba: “Les quiero decir con toda claridad que mi prioridad como ministro de Hacienda estos meses será crecimiento, crecimiento, crecimiento”.

La obra se llama El Gatopardo, y su autor Tomás di Lampedusa pone en boca de su protagonista, el Príncipe de Salina, la célebre frase: “Si queremos que todo siga como está es necesario que todo cambie”.

El ministro de Economía, Jorge Rodríguez, veterano en estas lides, declara con aparente convicción que “Dominga no está muerto”.

Pero en definitiva la lápida la pone  la ministra vocera Paula Narváez: “El proyecto Dominga está cerrado en todas sus etapas institucionales”.

Y si bien veremos al ministro Eyzaguirre y los nuevos integrantes del equipo económico estos días haciendo gestos y declaraciones públicas a favor del crecimiento, todos sabemos, ellos los primeros, que aquí todo sigue igual.

Porque de lo contrario uno vería al Gobierno alterando las prioridades legislativas. Eyzaguirre tendría que pedir más tiempo para discutir el impacto en las finanzas públicas del proyecto de educación superior, que aumenta el porcentaje de la población que puede postular a gratuidad del 50 al 60%, consumiendo en régimen más de 1.000 millones de dólares adicionales. También debiera quitarle la urgencia al proyecto que reforma el sistema de pensiones aumentando la cotización en cinco puntos y creando un ente estatal para administrarlo —que según los mismos informes del gobierno provocará un impacto negativo en el empleo que podría ser de gran magnitud—. Jorge Rodríguez debiera también quitar urgencia al proyecto del Sernac, que crea una frondosa burocracia estatal sin reforzar propiamente el rol de defensa del consumidor en el organismo. Ambos ministros debieran preocuparse de estudiar bien las consecuencias de las modificaciones al Código de Aguas sobre la actividad productiva. En fin, veríamos  un equipo económico realmente preocupado de fomentar el crecimiento.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO