El principal asesor de Alejandro Guillier está responsabilizando a la “elite concertacionista” de boicotear su candidatura. Lo que la mayoría de los observadores vemos es a un candidato que no necesita que lo boicoteen: comete errores de principiante todos los días, se niega a sí mismo la prestancia presidencial insistiendo majaderamente que no es político, que no tiene nada que ver con los partidos, que no tiene programa porque está esperando que lo redacte “la ciudadanía”; que no tiene, en buenas cuentas, ganas de hacer la pega.
Publicado el 26.05.2017
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Pareciera que Alejandro Guillier se propuso colmar la paciencia de los partidos que lo respaldan, porque francamente, no hay explicación razonable para tanto error, tanta lentitud, tanta inconsistencia.

Sin equipos programáticos, políticos ni territoriales a la vista; sin una estructura de comando; sin explicar hasta ahora ni siquiera los titulares del proyecto qué aspira para Chile y con cambios constantes de opinión frente a un mismo tema. Y a eso suma esta semana una cadena de conflictos, la mayoría autogenerados.

Fíjese usted. Hace un mes la Democracia Cristiana cerró la posibilidad de una primaria y recién este lunes el candidato de la Nueva Mayoría inició formalmente la campaña de recolección de las 35 mil firmas que la ley le exige para inscribirse. El mismo lunes, un día después de notificarlos por televisión que no es su pega liderarlos, todos los partidos que respaldan a Guillier y el Gobierno le quitaron el piso a su propuesta estrella (y prácticamente la única): la elección de intendentes. Al día siguiente el senador increpó duramente a una periodista que le preguntó por qué abdicaba del liderazgo que todo candidato presidencial aspira a ejercer en los partidos que lo respaldan, acusándola de “editorializar” las preguntas, que es exactamente lo que hizo él por años desde todos los medios de comunicación en donde ejerció.

Y eso no es todo. En vez de hacer lo que todo candidato ordenado hace, identificar a su principal adversario y enfocarse para competir en esa dirección, en un mismo día Guillier les dio aletazos a Beatriz Sánchez y a Carolina Goic. Respecto de la primera advirtió que si llegara al poder “podría ser un desastre” y que el Frente Amplio era incapaz de garantizar gobernabilidad (cuestiones en las que, confieso, estamos totalmente de acuerdo); y a la candidata DC la acusó de conducir con debilidad su partido y la invitó a “volver a casa” (hasta en eso es inconsistente, porque para evadir la pega se declara como un “puertas afueras”; pero para ningunear a una adversaria, se levanta como el dueño de casa oficialista).

Los bollos parecen estar desinflándose antes de prender el horno y no es raro que los partidos Radical, Socialista, Comunista y PPD aplazaran el acto de proclamación de Guillier, organizado originalmente para la próxima semana. Tampoco extraña que sus principales figuras deslicen, unos con más elegancia que otros, que líder, lo que se llama un líder, Guillier no es.

Qué lejano se ve hoy enero, cuando Guillier subía en las encuestas, el PS empezaba a descartar al ex Presidente Ricardo Lagos, y varios en la Nueva Mayoría celebraban eufóricos el conejo que aparecía del sombrero. Ya en marzo el candidato comenzaba a dar señales de su incapacidad política y de cierta pereza para levantar la plataforma que requiere un desafío de tamaña envergadura.

Leí por ahí que el ex ministro Carlos Maldonado, el principal asesor de Alejandro Guillier, está responsabilizando a la “elite concertacionista” de boicotear su candidatura. Lo que la mayoría de los observadores vemos es a un candidato que no necesita que lo boicoteen: comete errores de principiante todos los días, se niega a sí mismo la prestancia presidencial insistiendo majaderamente que no es político, que no tiene nada que ver con los partidos, que no tiene programa porque está esperando que lo redacte “la ciudadanía”; que no tiene, en buenas cuentas, ganas de hacer la pega.

Tal vez Camilo Escalona tenía razón al advertir en el verano, cuando el PS empezó a mostrar excesivo entusiasmo hacia el senador por Antofagasta, que “no sólo se necesita un candidato, se necesita un Presidente”. Y para que el Ciudadano Guillier alcance esa estatura le falta cubrir, hasta ahora, la misma distancia que existe entre el cielo y la tierra.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

 

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