“No hay razones de Estado, sino un gusto personal e ideológico”, plantean los ex diplomáticos Carlos Klammer, Juan Salazar y Jorge Canelas sobre la visita oficial que hará la Mandataria a Raúl Castro entre el 6 y 8 de enero. En su anterior viaje de 2009, Bachelet generó polémica por su encuentro con Fidel Castro, quien pidió mar para Bolivia pocas horas después de la reunión.
Publicado el 28.12.2017
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En febrero de 2009, la Presidenta Michelle Bachelet se convirtió en el primer Mandatario chileno que visitaba La Habana tras el viaje que hizo Salvador Allende en diciembre de 1972, 37 años antes.

Ese viaje generó polémica por lo presurosa que salió desde la actividad en que participaba en la Fundación Salvador Allende para reunirse con Fidel Castro, por no haberse juntado con la disidencia y porque el fallecido dictador al siguiente día pidió mar para Bolivia, generando un conflicto diplomático.

Ahora la Mandataria volverá a La Habana entre el 6 y 8 enero -dos meses antes de entregar el poder a Sebastián Piñera-, tras una invitación que le hizo el mandatario Raúl Castro, quien también se alejará de dicho cargo en abril, según prometió.

El motivo del viaje sería visitar al menor de los Castro en el Palacio de la Revolución, y revisar los convenios bilaterales firmados por el canciller Heraldo Muñoz en septiembre de 2015, en temas de colaboración médica, entre otros asuntos, según informó ayer El Mercurio. El resto de la agenda se desconoce.

En el viaje anterior, Bachelet rechazó reunirse con disidentes políticos al régimen de los Castro, lo que generó críticas en dichas organizaciones cubanas y dentro de nuestro país. El año pasado, cuando Fidel Castro murió, Bachelet volvió a generar polémica al calificarlo de “líder de la dignidad y la justicia social”.

En ese momento, el economista cubano opositor, Óscar Espinosa, calificó de “muy lamentable” e “inconsecuente” la decisión de la Mandataria de “no reunirse con personas que están sufriendo ahora lo que ella sufrió” en los años 70, en el Chile de Pinochet.

“Es una persona que tiene mucho prestigio en Cuba dentro de la disidencia. Estuvo presa ella misma, torturada por el pinochetismo. Su padre fue asesinado”, dijo Espinosa, uno de los 75 opositores encarcelados en la oleada represiva de 2003.

Ex embajadores: “No se ven intereses de Estado en la visita, sino que un gusto personal”

Este nuevo viaje y sus implicaciones diplomáticas son analizados por tres ex embajadores chilenos, quienes coinciden en que el periplo a La Habana no se debería a razones de Estado, sino a intereses particulares de la Mandataria.

Carlos Klammer, diplomático de carrera, embajador y ex director general de Protocolo y Ceremonial durante el gobierno del Presidente Patricio Aylwin, tuvo una relación especial con Cuba, ya que le tocó negociar a principios de los 90′ el pago de una deuda que mantenía el régimen castrista con Chile.

A su juicio, “no hay mucha razón para un viaje de este tipo para un gobierno que se está yendo. Salvo que haya intereses personales de ella, pero como país no veo cuál es el sentido. No me lo explico, realmente. Intereses de Estado no veo absolutamente ninguno. Se conoce el plano en que están las relaciones entre ambos países, que no avanzaron ni retrocedieron en nada durante su gobierno, menos ahora con el Presidente Piñera. No veo qué se puede avanzar o prometer, salvo que vaya por un compromiso ideológico de ella”.

Tampoco devela que sea un viaje estratégico para recibir apoyo de Cuba ante algún tema específico en las Naciones Unidas, ya que el “papel de la isla es bastante limitado”. Además, Klammer plantea que Bachelet debiera reunirse con la disidencia, como han hecho otros líderes políticos en sus visitas.

En la misma línea, Juan Salazar, ex diplomático de carrera y ex embajador en Australia, Nueva Zelanda, Unión Europea-Bélgica y Dinamarca, dice que Bachelet replica en política exterior el mismo síndrome de “imponer su agenda hasta el último día”.

“Bachelet quiere cerrar su política exterior con la visita a la Meca de la izquierda internacional. No puede haber otra explicación. Va a que le firmen el autógrafo. No hay reunión bilateral prevista ni conferencia internacional que reúna a los dos países. Está totalmente fuera de agenda”.

Salazar tampoco ve “intereses de Estado, salvo que estuviera relacionado con una mediación chilena en Venezuela. Es un gustito final que quiere darse antes de entregar el poder”, y coincide con Klammer en que debiera reunirse con la disidencia.

No se explica que Bachelet enarbole las banderas de los derechos humanos y la democracia en Chile, y en Cuba sólo tenga sonrisas para Raúl Castro y haga vista gorda de los reiterados atropellos que se cometen desde hace seis décadas”, dice el ex embajador, quien recuerda que durante el régimen de Pinochet los visitantes extranjeros se reunían con la disidencia chilena.

Jorge Canelas, ex cónsul general de Chile en Bolivia, sostiene que la visita de la Presidenta “es la comprobación de que la política exterior en este gobierno ha tenido un fuerte sesgo ideológico, y se ha alejado del pragmatismo que ha tenido la política exterior chilena durante su historia”.

A su juicio, la visita es “testimonial en que quiere dejar un fuerte legado ideológico, al igual que sus reformas”.