Los afanes refundacionales se han desvanecido en la confusión de boletas y facturas truchas, de negociados inmobiliarios y de financiamiento irregular de campañas. Aunque nunca buscaron hacerlo y sus procedimientos fueron impropios, Penta, SQM y Caval han ayudado a consolidar el modelo.
Publicado el 24.04.2015
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Los escándalos Penta-SQM-Caval han dejado manchado a un grupo grande de líderes políticos. Pero aunque algunos agoreros que por años han predicado el derrumbe del modelo, estos escándalos han hecho más daño al intento refundador de la Nueva Mayoría que al modelo social de mercado. De hecho, precisamente porque la respuesta de las instituciones y de la opinión pública ha sido tan contundente para castigar los ilícitos y rechazar las malas prácticas, la democracia chilena está saliendo fortalecida. Es verdad que la errática respuesta de algunos —primero de la UDI, ante el caso Penta, y después del gobierno ante los escándalos Caval y SQM— tendrá altos costos en el corto y mediano plazo para el principal partido de derecha y para el gobierno de Bachelet, el ajedrez de la política chilena seguirá demostrando una innegable ventaja para aquellos que quieren profundizar y mejorar el modelo por sobre los que abogan por establecer un nuevo modelo.

Desde que estalló el caso Penta, han abundado los profetas que anuncian un fin de ciclo. Desde los nostálgicos de la democracia pre 1973 (que era más elitista, menos inclusiva, menos transparente y probablemente más corrupta que la actual) hasta los que se niegan a aceptar que el modelo social de mercado implementado en dictadura y mejorado desde el retorno de la democracia, muchos vieron en el caso Penta una oportunidad para que el duro golpe que recibió la UDI se convirtiera en un presagio del derrumbe del modelo de mercado. Pero aunque la UDI —al menos en su versión más pinochetista y fáctica— bien pudiera terminar sucumbiendo por el caso Penta, la derecha sigue viva y vibrante. Es más, incluso en la UDI hay muchos que hace rato se alejaron del legado autoritario. Porque las democracias requieren que haya al menos dos opciones distintas, la democracia chilena es hoy mucho más fuerte cuando hay una derecha moderna. Después de que la derecha pinochetista fue remplazada por una derecha empresarial y tecnocrática en el gobierno de Piñera, el sector más proclive al libre mercado, a la competencia, a la meritocracia y a la defensa de los intereses de la clase media tiene una inmejorable oportunidad de tomar el liderazgo en la Alianza. Es más, justo antes de que estallara el escándalo Penta, la derecha ya parecía haber encontrado una bandera atractiva en la defensa de esa clase media que creció y se fortaleció en los 25 años de democracia, que quiere reformas pragmáticas y efectivas y que mira con sospechas y temores el giro izquierdista y refundacional que tomó Bachelet.

El caso Penta fue seguido de los escándalos de Caval -que pegó fuerte a la credibilidad de la Presidenta Bachelet— y de la arista SQM —que mostró que las irregularidades en el financiamiento de la política no eran patrimonio de la derecha, sino que se extendían incluso al círculo de la campaña presidencial de Bachelet—. Eso hizo que la euforia inicial en la izquierda, que anticipaba el fin de la UDI y el debilitamiento permanente de la derecha, se tornara en preocupación al verse contaminada con la peste. A dos meses que estallara Caval, el daño a la credibilidad parece ser tan profundo en la izquierda como en la derecha. Pero como la izquierda tiene el poder político, los efectos inmediatos son mayores para la Nueva Mayoría. Si un escándalo te va a paralizar, es peor que ese escándalo te toque cuando estás en el gobierno y tienes una larga lista de promesas por cumplir.

Cuando volvió en 2013, Bachelet no tardó en ponerle la lápida a la Concertación. Demostrando que entonces sí cortaba el queque, fundó la Nueva Mayoría. Además de prometer “reformas y no reformitas” —para diferenciarse de los gobiernos de la Concertación—, Bachelet impulsó la idea de construir un nuevo modelo. Hoy, con su gabinete evidentemente debilitado y su coalición indisciplinada, la Nueva Mayoría se ha quedado sin gasolina. Aunque SQM es el último nombre que quieren escuchar, la Nueva Mayoría desesperadamente necesita una dosis de litio para curar su depresión.

En cambio, las voces más razonables que privilegian una democracia de los acuerdos y promueven reformas graduales y pragmáticas ven aumentar su poder e influencia. El partido del orden (los nostálgicos de la Concertación) puede no tener buenos voceros. No sirve hablar de futuro cuando los que hablan simbolizan el pasado. Los chilenos han dado señales de privilegiar recambio generacional en su liderazgo. Pero el mensaje de que Chile necesita ajustar su modelo para hacerlo más inclusivo y meritocrático —y no refundarlo— es hoy más popular que nunca.

Por eso, aunque los costos de corto plazo sean altos y la confianza en la política esté en su mínimo histórico, los escándalos actuales traen también una buena noticia. Los afanes refundacionales se han desvanecido en la confusión de boletas y facturas truchas, de negociados inmobiliarios y de financiamiento irregular de campañas. Aunque nunca buscaron hacerlo y sus procedimientos fueron impropios, Penta, SQM y Caval han ayudado a consolidar el modelo.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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