Porque en la NM también hay resistencias a cambiar el sistema electoral —y porque RN ya demostró su muñeca política al negociar con el PDC un acuerdo, que se podría reflotar ahora, aunque sin aumento de parlamentarios— no tiene sentido que RN negocie con el Gobierno. Es preferible quedarse fuera de la negociación porque, después de todo, es poco lo que puede influir sobre el diseño del nuevo sistema electoral, pero es mucho lo que va a perder si renuncia a su rechazo actual al aumento de los parlamentarios.
Publicado el 28.10.2014
Comparte:

Porque es una de sus pocas banderas que concita apoyo mayoritario, resulta incomprensible que Renovación Nacional esté considerando abandonar su oposición a un aumento en el número de parlamentarios. Si bien la gente quiere que los políticos se pongan de acuerdo, los chilenos también quieren que defiendan sus valores. Si son incapaces de defender sus convicciones, los políticos difícilmente serán convincentes cuando prometan defender los intereses y prioridades de sus electores.

Después de prometer el fin del sistema electoral binominal en campaña, la Presidenta Michelle Bachelet impulsó una reforma electoral que satisficiera a cada partido miembro de la Nueva Mayoría. Como hay profundos desacuerdos sobre qué sistema alternativo es más conveniente, el Gobierno diseñó un traje a la medida de todos los partidos de la NM y de Amplitud, único partido de derecha que se sumó a la iniciativa.

Como todo sistema electoral, el binominal distorsiona la forma en que los votos se transforman en escaños. A diferencia de los sistemas mayoritarios, el binominal no premia al que saca más votos, sino que distribuye escaños siguiendo una regla de proporcionalidad. Al asignar solo dos escaños por distrito, el binominal es el menos proporcional de todos los sistemas proporcionales. Al igual que en los sistemas proporcionales, el binominal asigna los escaños a las listas de los partidos o coaliciones, por lo que muchas veces, candidatos que habiendo sacado individualmente más votos quedan fuera del Congreso porque rivales con menos votos son arrastrados por la votación de otros rivales mucho más populares.

Aunque una mayoría quiere cambiar el binominal, los chilenos no saben muy bien cómo funciona. Como carga con el estigma de haber sido adoptado por la dictadura, muchos equivocadamente creen que el binominal es anti-democrático. Desconociendo que un sistema proporcional también distorsionará la forma en que los votos se transforman en escaños, algunos equivocadamente creen que el fin del sistema binominal nos llevará al paraíso de los sistemas electorales. La experiencia comparada muestra que todos los países tienen sistemas electorales únicos (por lo que decir que el sistema binominal es único en el mundo es tan cierto como trivial) y que las distorsiones que se producen en cada país hace que existan más detractores que defensores de cada sistema electoral. Pero en tanto los detractores no se pueden poner de acuerdo, la mayoría de los países termina manteniendo los sistemas que ya poseen.

El proyecto de ley del Gobierno —que ya pasó su primer trámite constitucional en la Cámara— soluciona algunos problemas del binominal, mantiene otros y crea algunos problemas nuevos. Al aumentar el número de escaños por distritos, reduce el subsidio a la coalición que termina en segundo lugar. Pero a su vez crea incentivos para que los partidos se salgan de las coaliciones existentes. Aunque se crean mega distritos —que encarecerán el costo de las campañas—, el hecho que disminuya el porcentaje de votos para obtener un escaño incentiva a partidos y candidatos tránsfugas para que vendan sus votos al mejor postor. Además, como se escogen más parlamentarios por distritos, aumenta la probabilidad de que haya candidatos con pocos votos que sean arrastrados por compañeros de lista populares, dejando fuera a candidatos que individualmente obtuvieron mejor votación.

No hay evidencia de que el nuevo sistema sea mejor —o tenga menos vicios— que el actual sistema binominal. Adicionalmente, para acomodar las demandas de sus partidos aliados, el Gobierno ha impulsado un aumento en el número de parlamentarios con el argumento —teóricamente falso y empíricamente mentiroso— de que solo así se puede lograr mayor proporcionalidad. La opinión pública rechaza el aumento de parlamentarios. Aunque muchos en la derecha prefieren el binominal —en especial la UDI, que se ha visto más favorecida en elecciones recientes— el hecho de que la gente se oponga a un aumento de parlamentarios ha sido una excusa perfecta para rechazar la propuesta del Gobierno.

Ahora que la reforma ha llegado al Senado, RN está considerando una propuesta que aumenta el número de senadores. Como se necesitan 23 votos para aprobar la reforma —y la NM tiene 21, que llegan a 24 si se suman los de Bianchi, Horvath y Lily Pérez—, un acuerdo con RN solo daría más fuerza a una reforma que no necesita los votos de RN o la UDI. Pero si se suma al acuerdo del Gobierno, RN estará haciéndose cómplice de una decisión tremendamente impopular. Porque en la NM también hay resistencias a cambiar el sistema electoral —y porque RN ya demostró su muñeca política al negociar con el PDC un acuerdo, que se podría reflotar ahora, aunque sin aumento de parlamentarios— no tiene sentido que RN negocie con el Gobierno. Es preferible quedarse fuera de la negociación porque, después de todo, es poco lo que puede influir sobre el diseño del nuevo sistema electoral, pero es mucho lo que va a perder si renuncia a su rechazo actual al aumento de los parlamentarios.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escela de Ciencia Política UDP.

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO

 

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Patricio Navia