Con adversarios que lo critican no sólo desde la derecha sino también desde la izquierda y el centro, cada vez más huérfano de modelos inspiradores, viables y reales, con menos seguidores en un mundo donde se quiebran todos los dogmas, el Partido Comunista chileno ha maniobrado solo hacia un callejón sin salida.
Publicado el 07.03.2017
Comparte:

Las últimas semanas han sido una pesadilla para el Partido Comunista de Chile. Las críticas le han llovido como un bumerán precisamente por tres de los flancos que más han definido su identidad y acción en estos años: la justificación de dictaduras de izquierda, las demandas por igualdad social, y las denuncias contra el lucro. Para contrarrestar la lluvia de malas noticias, y a modo de cortina de humo, el PC intensificó su campaña contra el ex Presidente Sebastián Piñera, quien sigue remontando como favorito en las encuestas.

La mala racha comenzó en rigor con una foto que se volvió viral en las redes: en ella aparece su presidente, Guillermo Teillier, viajando a Europa en la onerosa primera clase de una aerolínea. ¿Tiene derecho a hacerlo? Tiene derecho, desde luego. ¿Se ve bien? No. Alguien que suele presentarse como comunista, vanguardia de los obreros y trabajadores, y luchador por la igualdad social, no puede darse ese gusto “burgués” hoy en Chile. Sin embargo, lo peor no fue la foto, sino la argumentación que esgrimió para ir sentado donde iba: no era primera vez que viajaba en primera, pero era la primera vez que lo pagaba de su propio bolsillo. Y añadió algo que es un broche de oro: preferiría que todos viajaran en “económica”, pero en una económica superior a la existente. Si bien Teillier actuó en contra de lo que los chilenos esperan de un líder comunista, sí actuó de la manera en que viajan/viajaban los líderes comunistas en el poder (que no comparten/compartían con nadie). Lo decía George Orwell, “unos son más iguales que otros”.

Continuó esta fase compleja para el PC cuando justificó la prohibición de ingreso a Cuba de Mariana Aylwin, y algunos de sus dirigentes soltaron andanadas contra la ex ministra. Tuvo el PC la pésima idea incluso de escudarse en que todos los países disponen de esa prerrogativa. Teillier osó afirmar que en nuestro país ocurre lo mismo, que aquí también se impide el ingreso a quienes piensan diferente y son extranjeros. Le recomendaría buscar en los archivos discursos pronunciados en Chile por su admirado Evo Morales o David Choquehuanca o Rafael Correa, criticando a Chile, su política y su ordenamiento político.

Comparar al Chile de hoy con una dictadura totalitaria de casi 60 años es una afrenta al país e incluso a muchos en el actual Gobierno. Impresentable tratar con tanta ligereza al país que hemos construido en democracia. Hubiese correspondido al menos una llamada de atención de La Moneda. Es inaceptable que un partido integrante del Gobierno eche a Chile al mismo saco con uno que ha sido gobernado desde 1959 por dos hermanos militares, sin elecciones pluralistas ni medios ni partidos de oposición permitidos, con un exilio de más de un millón de cubanos, y donde aún no se puede establecer el número de presos políticos, torturados, fusilados y desaparecidos bajo el castrismo.

La pesadilla no estaba, sin embargo, completa con esto. Allí esperaba al PC la quiebra de la Universidad Arcis, el despido con ello de personal académico y administrativo, y el perjuicio para centenares de estudiantes. La discusión continúa y será interminable, pero una cosa queda clara: importantes figuras del PC tuvieron estrechos nexos con esa universidad, ícono de la izquierda comunista y el Socialismo del Siglo XXI. Según la investigación de CIPER, la crisis de Arcis se agravó “debido al desarme de la estructura de control y propiedad que manejaban hasta diciembre (de 2013) la ONG Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL) y la sociedad Ediciones ICAL Ltda., ambas estrechamente vinculadas al PC”. Cuesta imaginar que un partido en el que no abundan los emprendedores y empresarios no sepa de las inversiones de sus dirigentes destacados. El solo hecho de que cada militante entrega un porcentaje de su salario al partido le permite a este saber a qué actividades se dedica el camarada. La denuncia del lucro por parte de un comunista ya no resonará de la misma forma hoy que en 2011 o 2013.

En rigor, el PC podría verse liberado del rechazo popular si optara por una visión democrática en sentido integral, es decir, por una que reconociera que la sociedad que se propone destruir brinda libertades que le permiten existir y ganar influencia incluso para sustituirla, libertades que su sociedad ideal no otorgan, por cierto, a quien piensa diferente. ¿Es necesariamente letal para el PC condenar a dictaduras de izquierda? Muchos PC desaparecieron tras el fin de la Guerra Fría, otros cambiaron de nombre y hoy se identifican en casa y fuera de ella con la democracia sin apellidos, y las libertades individuales, aunque marginales, siguen existiendo.

¿De dónde viene, entonces, ese compromiso incondicional y consustancial del PC chileno con las dictaduras de izquierda? ¿Viene de Luis Emilio Recabarren, su fundador en 1922? Recabarren, que comenzó fomentando las mancomunales obreras en el norte, terminó ilusionado con la Rusia soviética tras leer sobre ella y realizar un breve viaje allá en 1922. Creía que allá la clase obrera tenía el poder y que en Chile había que lograr lo mismo. Entonces dejó muy en claro lo que debe ser la acción parlamentaria del PC: “El objeto que nos lleva al Parlamento, a la Cámara de Diputados o al Senado, es única y exclusivamente conquistar una posición más para nuestra propaganda revolucionaria, antiparlamentaria, anticapitalista, y de ataque directo al estado burgués y a sus instituciones decrépitas. Un representante comunista no va al Congreso a hacer política, a cooperar con los burgueses, a pedir empleos, a mendigar sueldos, o a intrigar entre pasillos”.

Obviamente esta no es la línea que sigue el PC al promover e integrar hoy alianzas electorales y de gobierno. No existe ya en este sentido una lealtad con los principios esbozados por su fundador. Quien modifica esta línea antagónica con el sistema capitalista y promueve la formación de frentes amplios para apuntalar el sistema es José Stalin. Lo hace a partir de 1935, cuando ordena a los partidos comunistas formar alianzas para impedir el avance del nacionalsocialismo y el fascismo. En Francia, España y Chile se desarrollaron frentes populares.

Mientras existían los países comunistas en Europa del este podía entenderse la solidaridad del PC chileno con la dictatorial URSS, la atrasada Bulgaria o la amurallada RDA. Eran, al menos, sistemas realmente existentes. También podía entenderse esa solidaridad con el Vietnam que luchaba contra la invasión estadounidense, o el apoyo a los movimientos anticolonialistas y marxistas en Angola, Mozambique o Namibia. Sin embargo, ya no existe ni un país comunista en Europa, todos fueron desmantelados por sus pueblos; China y Vietnam tienen economías de mercado y régimen de partido único comunista, los países africanos se despidieron de un socialismo soviético que nunca tuvo mucho que ver con ellos.

Pero, ¿qué lleva hoy al PC a jugárselas por una Cuba que no tolera las más mínimas libertades a su pueblo, cuya economía estatizada es un desastre y que apuesta hoy por la respiración artificial que le puede brindar el sector privado de los esmirriados cuentapropistas y el turismo de Estados Unidos? ¿Y qué lleva al PC a simpatizar con el régimen de Corea del Norte, sinónimo máximo de dictadura y de encierro de todo un pueblo, liderado por una suerte de rey comunista en tercera generación?

¿Principios? ¿Los del Marx de la “dictadura del proletariado”, del Lenin y el Stalin que cobraron la vida de millones de soviéticos para imponer el socialismo, los de los Castro que han regido más de la mitad de la historia independiente de Cuba, los de Chávez y Maduro, que condujeron a la ruina a uno de los países petroleros más ricos del mundo? ¿Qué dirá el PC chileno cuando Cuba haya recuperado, como otros ex países comunistas, la libertad, y quede de manifiesto la magnitud de la dictadura?

Con adversarios que lo critican no sólo desde la derecha sino también desde la izquierda y el centro, cada vez más huérfano de modelos inspiradores, viables y reales, con menos seguidores en un mundo donde se quiebran todos los dogmas, el PC chileno ha maniobrado solo hacia un callejón sin salida. Una lástima para un partido que ha jugado, con luces y sombras, un importante rol en los últimos cien años de la historia de Chile.

 

Roberto Ampuero, #ForoLíbero

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Roberto Ampuero