La decisión de Bachelet de entrar directamente al ruedo político, defendiendo sus reformas e insistiendo en que los chilenos apoyan el camino de cambios que ella emprendió, constituye una declaración tácita de intentar ordenar a las fuerzas de oposición en torno a su legado.
Publicado el 01.05.2018
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Después del duro revés electoral de fines de 2017, la oposición centro-izquierdista cayó en una profunda crisis de identidad. Si bien lograron unirse para evitar que la derecha alcanzara el control del Congreso, la falta de un líder unificador en la izquierda le permitió al gobierno del Presidente Sebastián Piñera anotarse victorias claves durante sus primeras seis semanas. Justo ahora que el gobierno tropezó torpemente con el fallido nombramiento del embajador en Argentina, la oposición parece haber encontrado finalmente un líder. El retorno de la ex Presidenta Michelle Bachelet a la arena política le da la oportunidad de hacer valer su mayoría en el Congreso. Independientemente de si Bachelet mantendrá su promesa de no volver a buscar la Presidencia, el solo hecho de que haya levantado la voz significa que la oposición podrá ordenarse en torno al único liderazgo político que, hoy por hoy, puede hacerle el peso a Piñera.

Si bien Piñera logró una enorme hazaña al convertirse en el primer líder de derecha en ganar dos elecciones presidenciales—mejorando en 2017 su votación de 2013—, Bachelet todavía sigue ostentando el récord de haber completado dos períodos al mando del país. Es verdad que el primero fue mucho más exitoso que el segundo, y que su aprobación al dejar el poder en marzo de 2018 distaba mucho de la enorme popularidad que tenía en marzo de 2010. Pero Piñera dejó un registro bastante discreto en aprobación presidencial en su primer período. Si logra en su segundo mandato los altos niveles de aprobación que Bachelet tuvo en la segunda mitad de su primer período, entonces recién ahí el líder de Chile Vamos podrá igualar el impresionante registro de la ex Mandataria en el poder.

De no mediar alguna circunstancia extrema, cuando Piñera complete su período en marzo de 2022, Chile habrá vivido 16 años bajo Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera. Esa estabilidad en la Presidencia esconde un hecho no trivial. La única vez que Bachelet y Piñera se enfrentaron —en 2005 la victoria fue para ella. Es imposible adivinar qué pasaría si los dos se enfrentaran hoy en una contienda, pero es evidente que ambos constituyen los líderes electoralmente más potentes de sus respectivas coaliciones. Para muchos, Ricardo Lagos podría ser un gran líder, pero su incapacidad para amarrar el apoyo de los partidos de izquierda muestra que su llegada en ese sector es menor que la de Bachelet.

El retorno de la ex Presidenta Michelle Bachelet a la arena política le da la oportunidad de hacer valer su mayoría en el Congreso. Independientemente de si ella mantendrá su promesa de no volver a buscar la Presidencia, el solo hecho de que haya levantado la voz significa que la oposición podrá ordenarse en torno al único liderazgo político que, hoy por hoy, puede hacerle el peso a Piñera”.

Naturalmente, habiendo dejado el poder en su segundo período con baja aprobación, con una economía en marcha lenta y con evidentes problemas en el presupuesto, el sistema tributario y la reforma educacional, por nombrar sólo algunas áreas problemáticas, los bonos de Bachelet son ahora menos atractivos que en 2010, cuando Piñera iniciaba su primer período. Pero comparado con el resto de los líderes de su sector, ella sigue ocupando un rol de privilegio.

Por eso, la decisión de Bachelet de entrar directamente al ruedo político, defendiendo sus reformas e insistiendo en que los chilenos apoyan el camino de cambios que ella emprendió, constituye una declaración tácita de intentar ordenar a las fuerzas de oposición en torno a su legado. Es verdad que Piñera exitosamente logró neutralizar la ventaja que tenía Bachelet en el tema de gratuidad en la educación y que las revelaciones sobre el desorden presupuestario que dejó su antecesora han dañado a su gobierno. Pero precisamente porque la mejor carta que tiene la izquierda para contrarrestar la arremetida del gobierno de Chile Vamos contra el polémico legado de Bachelet es la propia ex Presidenta, su irrupción en la cancha política representa un grito de guerra que busca aleonar a las huestes de izquierda para salir a defender sus banderas.

El ingreso de Bachelet a la cancha también permite minimizar las diferencias entre las distintas facciones de izquierda. Si bien el Frente Amplio reniega de la oposición, a los líderes del nuevo conglomerado de izquierda les resulta más difícil renegar de Bachelet. Para la Nueva Mayoría, Bachelet representa el retorno al origen. Si la Concertación se mantenía unida por su origen de oposición a la dictadura, la Nueva Mayoría se puede volver a articular sólo en torno a la mujer que fundó esa coalición.

Precisamente porque la mejor carta que tiene la izquierda para contrarrestar la arremetida del gobierno de Chile Vamos contra el polémico legado de Bachelet es la propia ex Presidenta, su irrupción en la cancha política representa un grito de guerra que busca aleonar a las huestes de izquierda para salir a defender sus banderas”.

Resta por ver si Bachelet asumirá un liderazgo que busque potenciar figuras de recambio para 2021 o si las circunstancias volverán a convertirla en árbol que evite el crecimiento de nuevos liderazgos, como ocurrió entre 2010 y 2013. Pero lo cierto es que, después de estar varios meses a la deriva en el océano de la confusión y la derrota, la izquierda chilena tiene nuevamente líder y una hoja de ruta que inspire su accionar y permita articular una estrategia. Si bien es menos popular que en el primer gobierno de Piñera, Bachelet ahora pudiera ser una líder de oposición más temible, en tanto está más dispuesta a entrar al ruedo a ordenar a las fuerzas de izquierda y a defender su legado.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO

 

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