Uno puede enarbolar la bandera del fin al lucro, pero la actividad especulativa de apostar a ciertas estrategias con el fin de optimizar el beneficio electoral parece ser tan inherente al mercado de la política como lo es en el mercado inmobiliario o de cualquier otro intercambio comercial.
Publicado el 14.04.2015
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Definida como una operación comercial que se practica con el ánimo de obtener lucro, la especulación es inevitable en los mercados. En la política, la especulación también abunda. Los políticos a menudo definen sus acciones apostando a obtener el mayor beneficio de mediano y largo plazo al menor costo de corto plazo. La forma en que la clase política ha reaccionado antes los escándalos Penta, SQM y Caval refleja que, cuando se trata de optimizar ganancias en la arena político-electoral, no hay freno a la especulación en el mercado de la política.

En su primera entrevista televisiva después de que estallara el escándalo Caval, la Presidenta Bachelet declaró que “le parece repudiable la especulación inmobiliaria”. Aunque esta declaración puede ser entendida como una velada crítica a los negocios de su hijo y de su nuera, Bachelet fue cuidadosa en evitar condenar a su hijo. La Presidenta echó mano a varias excusas para evitar referirse al tema de fondo. Alegando que no quería opinar porque había una investigación en curso, Bachelet no explicó por qué no había opinado antes de que se abriera la investigación. La Presidenta tampoco aprovechó la oportunidad de hacer un mea culpa por haber nombrado a su hijo a un cargo de su confianza sin someterlo a los mismos requisitos que deben cumplir las personas nombradas a cargos de similar importancia. Bachelet apostó que bastaba con una entrevista en que abordara marginalmente el tema que la ha hecho caer fuertemente en las encuestas de aprobación para comenzar a recuperar apoyo a su liderazgo.

Usando la misma estrategia especulativa, cuando fue consultada sobre el financiamiento de su campaña, la Presidenta dijo que el gasto de su campaña había sido aprobado por el Servel. Olvidando que el gasto de las campañas de los senadores Moreira y Von Baer —involucrados en el caso Penta— también fue aprobado por el Servel, la Presidenta especuló que una respuesta simplista traería menos costos que si ella abordaba el fondo del asunto. Su campaña fue la más costosa en la última ronda electoral, desembolsando 5,3 mil millones de pesos, 55% más que lo que gastó su más cercana rival, Evelyn Matthei. Descontando el aporte por voto recibido que entrega el Estado a través del Servel, el gasto anónimo, reservado y público de Bachelet sumó 3,3 mil millones, muy por encima de los 2,3 mil millones de Matthei. En su respuesta, la Presidenta apostó a que el entrevistador no reaccionaría a esa respuesta ambigua e insuficiente con una contra-respuesta que estuviera a la altura del nivel de transparencia que hoy demanda la ciudadanía.

La Presidenta Bachelet no es la única persona que utiliza la especulación política. El ex Presidente Piñera apuesta a que su silencio sobre el caso Penta —que involucra a uno de sus mejores amigos— le producirá menos costos que dar una entrevista (cosa que Bachelet, al menos, sí hizo) explicando su postura respecto al caso que ha golpeado duramente a su sector. Piñera calcula que los costos que pudiera pagar en el corto plazo por andar escondido serán menores que los costos duraderos de verse involucrado en uno de los peores escándalos de dinero en la política en las últimas dos décadas.

Los líderes de la UDI especularon que el escándalo Penta desaparecería pronto y que, por lo tanto, no era necesario pedirle la renuncia a Ernesto Silva. Se equivocaron. Los líderes de la Nueva Mayoría han especulado que el escándalo SQM pronto se diluirá y por lo tanto han evitado pedir la renuncia de los políticos de ese sector involucrados en emitir boletas y facturas a esa empresa. La clase política en su conjunto especula hoy que una solución política podrá finalmente pasar a un segundo plano los escándalos que rodean la incestuosa relación entre el dinero y la política.

Después de varios años en que el lucro se convirtió en el enemigo número uno en el discurso público de la centro-izquierda —y en un dolor de cabeza para una buena parte de la derecha que parecía avergonzada de querer defender el lucro como algo legítimo—, los escándalos recientes de Penta, SQM y Caval han cambiado la forma en que el lucro se ubica al centro del debate. Aunque no optimicen una ganancia económica —después de todo, parece ser el caso que una buena parte de las personas involucradas en los escándalos Penta y SQM usaron el dinero para campañas y no para enriquecimiento personal—, las personas que participaron de estos escándalos, y los que fueron arrastrados por sus relaciones de parentesco o cercanía con los involucrados, estaban buscando alguna optimización —beneficios electorales o políticos—. De la misma forma, los que hoy han salido a dar la cara ante los escándalos —y también los que se esconden— especulan que esas estrategias rendirán los mejores frutos.

Uno puede enarbolar la bandera del fin al lucro, pero la actividad especulativa de apostar a ciertas estrategias con el fin de optimizar el beneficio electoral parece ser tan inherente al mercado de la política como lo es en el mercado inmobiliario o de cualquier otro intercambio comercial.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO.

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