Imponer una educación estatal mediocre tendrá como resultado que los hijos de familias con mayor capital cultural tendrán mejores oportunidades, atentando contra la movilidad social.
Publicado el 19.07.2015
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Tuvimos la oportunidad de compartir recientemente con el prestigioso académico James Tooley, experto en educación de la Universidad de Newcastle y de una refrescante mirada sobre el rol fundamental que tienen los privados en la provisión de educación pública, diametralmente opuesta a la visión estatista que se ha instalado en el debate público nacional recientemente.

En Chile, se ha impulsado un modelo centralizado de educación, donde la guía es la igualdad sin matices y donde lo público se confunde con la burocracia del Estado. La experiencia del profesor Tooley va más allá de sus publicaciones académicas. Tiene una amplia experiencia directa, trabajando con las comunidades más pobres de países como India, Ghana o Nigeria. En este último, por ejemplo, el 43% de la educación pública la entregan escuelas privadas, no registradas por el Estado y sin apoyo alguno de éste; también están las experiencias de la iniciativa privada que ofrecen educación en la India rural que cuestan unos pocos dólares al mes.

Nos contó que siendo, en el pasado, simpatizante de las ideas estatistas en educación, la abrumadora realidad terminó por cambiar su forma de pensar. Desconcertado de que familias en extrema pobreza de las regiones más pobres del mundo prefieran pagar por la educación, rehusándose a llevar a sus hijos a colegios estatales porque querían lo mejor para ellos. En este contexto, cómo no recordar el capítulo del libro V de la Riqueza de las Naciones de Adam Smith, donde el filósofo escocés retrata los albores de la educación occidental en Grecia y Roma, resultado de la iniciativa privada; o sus críticas al sistema público inglés, entonces monopolio de la Iglesia, frente al de provisión mixta escocés, llevó a este último a innovar sus currículum y desplazar a sus pares ingleses.

En un mundo donde las mejores escuelas y universidades son privadas, con altos estándares de selección y jerarquización, la caricatura que se ha hecho en Chile de la iniciativa privada nos está llevando a una administración de escuelas alejada de la realidad que se vive en el aula.

Imponer una educación estatal mediocre tendrá como resultado que los hijos de familias con mayor capital cultural tendrán mejores oportunidades, atentando contra la movilidad social. Justo lo contrario al discurso de la Nueva Mayoría. Se fortalecerán las elites que accedan a una mejor educación porque, quienes se vean subsidiados, destinarán esos mismos recursos al pago de profesores privados, dejando a los más vulnerables dependientes de la educación que sea capaz de proveer la burocracia del Estado.

También nos llamó la atención sus reparos a la educación particular subvencionada chilena y a los sistemas de vouchers, en general. Porque siendo una política que pretende fortalecer la iniciativa privada en educación, es vulnerable a la tentación del Estado para imponer sus reglas más allá de procurar estándares de desempeño, dejando a la discreción de burócratas lo que se puede o no hacer en cada colegio, sin conocer sus realidades.

Es precisamente lo que estamos viviendo hoy en día en Chile. Se acaba de aprobar una ley que pretende poner fin al lucro, la selección y el copago. En palabras de nuestro invitado, esto es “una locura”.

 

Rodrigo Troncoso, Centro de Políticas Públicas UDD e Investigador Libertad y Desarrollo. 

José de la Cruz Garrido, Docente Magíster en Políticas Educativas, Centro de Políticas Públicas UDD.

 

 

FOTO:DAVID CORTES SEREY/AGENCIAUNO