Mejorar la calidad del aire en Santiago va a implicar mayores costos, pero es posible. Para conseguir ese objetivo se va a requerir medidas bien evaluadas e implementadas y, además, la cooperación de todos los santiaguinos.
Publicado el 07.07.2015
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En junio los santiaguinos estuvimos expuestos a altas concentraciones de material particulado respirable fino (MP2.5), con numerosos días con elevados niveles de contaminación. Frente a esta seguidilla de días con medidas de contingencia para mitigar las altas concentraciones ambientales, surgen varias preguntas que voy a abordar en esta columna.

¿Es la calidad del aire peor que antes? Si revisamos los datos históricos, las concentraciones actuales de MP2.5 son más bajas que a comienzos de los años 90, donde alcanzaban al doble de los valores actuales. Ahora se está regulando el MP2.5 y los valores actuales son muy altos respecto a las normas de calidad del aire en Chile (menos exigentes que en EEUU o en Europa). Con esta normativa nueva, los episodios críticos van a aumentar notoriamente con respecto a los medidos hasta 2014 (que usaban como único contaminante regulado el MP10, partículas respirables totales), y van a seguir siendo numerosos mientras no se reduzcan significativamente las emisiones en Santiago.

¿Sirve la restricción a los vehículos catalíticos? En Santiago, aproximadamente el 50% del MP2.5 proviene de los vehículos, con aportes similares de vehículos a diésel y a gasolina. Al aplicarse una restricción de 2 dígitos a los vehículos con sello verde, se intenta reducir aproximadamente en un 20% el flujo de esos vehículos en la ciudad, los cuales son mucho más que los no catalíticos, que son restringidos en un 60% en esas condiciones. Aparte de reducirse directamente las emisiones, el menor flujo de vehículos reduce la congestión, lo cual tiene el efecto adicional de reducir las emisiones de todos los vehículos que sí circulan por la ciudad. Por lo tanto esta es una medida que tiene un sustento técnico sólido. ¿Se podría mejorar esta medida? Una posibilidad es reducir mayoritariamente los vehículos catalíticos más antiguos, ya que todo vehículo aumenta sus emisiones con su antigüedad. La otra posibilidad es focalizarse en vehículos diésel ya que ellos emiten más (por km recorrido) que los vehículos a gasolina del mismo tamaño. ¿Es adecuado implementar una restricción permanente de dos dígitos a los vehículos catalíticos? En el corto plazo la medida funciona, pero en el largo plazo se promueve la adquisición de un segundo vehículo para eludir la restricción permanente, por lo que la efectividad de la medida se diluye en el tiempo, como ha sido constatado en países como México.

¿Cuánto aporta la leña al MP2.5 en Santiago? Aproximadamente un 20% en la temporada otoño-invierno. Si se prohibiera permanentemente la leña en Santiago, se reduciría en forma drástica la contaminación en poco tiempo. La alternativa es que la ciudadanía se haga parte de la solución y voluntariamente se cambie a combustibles más limpios para calefacción residencial, sobre todo los sectores de mayores ingresos que pueden solventar este esfuerzo.

¿Hay otras medidas que se pueden tomar? Más medidas asociadas a reducir las emisiones del transporte son viables. El objetivo es desincentivar el uso del automóvil particular y promover el transporte público. Ya se están tomando algunas de estas medidas, como la extensión del Metro. La incorporación de los ‘corredores ambientales’ este año es una medida en la dirección correcta y se podría evaluar la pertinencia de mantenerlos todo el año e incrementar su número, ya que en ellos los buses de Transantiago operan con menores tiempos de viaje. Otras medidas que se pueden evaluar son: a) mayores impuestos al diésel, especialmente a los vehículos particulares, b) fortalecer la infraestructura para la bicicleta, c) mejorar el servicio de Transantiago para atraer más pasajeros.

¿Cuánto aportan las industrias a la contaminación en Santiago? Entre un 20-25% del MP2.5 se puede atribuir a la industria, por lo que se justifica seguir aumentando la regulación de este sector. Actualmente la industria no opera con los mejores estándares tecnológicos de bajas emisiones (excepto los sectores actualmente regulados: termoeléctricas, generadores eléctricos); luego, hay espacio para exigirle una mejor eficiencia energética y menores emisiones a las industrias más grandes instaladas en Santiago.

Finalmente, hay medidas que las pueden implementar inmediatamente los ciudadanos por sí mismos: hacer más compras por Internet, compartir el automóvil, parar el motor en detenciones de más de 10 segundos, evitar conducción agresiva, mantener el vehículo en buenas condiciones, caminar, usar bicicleta o transporte público.

En conclusión, mejorar la calidad del aire en Santiago va a implicar mayores costos, pero es posible. Para conseguir ese objetivo se va a requerir medidas bien evaluadas e implementadas y, además, la cooperación de todos los santiaguinos.

 

Héctor Jorquera, Profesor titular, Escuela de Ingeniería PUC e Investigador Asociado, Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS).

 

 

FOTO: VICTOR PEREZ/ AGENCIAUNO