Los defensores de la AC debiesen entender, de una vez por todas, que los chilenos no quieren derribar la casa para hacer una nueva, sino que en repararla, mejorarla y ampliarla.
Publicado el 12.11.2015
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Resulta muy evidente el ánimo de parte importante de la izquierda por promover una Asamblea Constituyente (AC). Para eso, no sólo han realizado un trabajo de largo plazo que se extiende -al menos- desde las presidenciales de 2013, cuando se llamó a colocar el acrónimo “AC” en el voto. Al mismo tiempo, la marca “AC” ha gozado de amplia popularidad en los medios de comunicación, recibiendo cobertura y operando como caja de resonancia de tales intereses. Todo este tipo de actos son legítimos y le hacen bien a la democracia. En un escenario de baja confianza hacia las instituciones, la postura “AC” se ha convertido, prácticamente, en la salvación para un país que -a juicio de sus impulsores- está sumido en la corrupción, la crisis de representación y el resquebrajamiento del modelo.

El problema no está en defender una postura, sino que en tomar como verdades datos provenientes de preguntas mal formuladas. No son pocos los centros de estudios o empresas dedicadas a las encuestas que preguntan si es necesario que Chile tenga una nueva Constitución. ¿Por qué esa forma de frasear la pregunta no es la adecuada? Primero, hay una cuestión de “deseabilidad social”. Generalmente, lo “nuevo” aparece como más prometedor que lo antiguo. En segundo lugar, esta pregunta tiende a sobre-estimar muy sustantivamente la opción “Sí”. Dado que las alternativas son dicotómicas, y considerando la “deseabilidad social” del “Sí”, naturalmente dicha opción va a aparecer con mayor porcentaje. En tercer lugar, y derivado de lo anterior, no se establecen posiciones intermedias. En la práctica, sólo existe la alternativa “conservadora” y la “refundacional”. Todo este engranaje de errores hace aparecer a la nueva Constitución y a la AC como opciones casi unánimes.

Hay dos formas de corregir este problema. La primera es el estilo, muy adecuado a mi juicio, de la consultora Subjetiva. La pregunta que formula es la siguiente: “Si imagináramos que Chile fuera una casa. Según su opinión ¿qué deberíamos hacer con ella?”. La opción A es “derribarla y construirla de nuevo”, que alcanza un 24%. La opción B es “repararla sólo donde se necesite”, que totaliza 34%, mientras que la opción C -“ampliarla y hacerla crecer”- es la alternativa mayoritaria, obteniendo 39%. Es decir, casi los tres cuartos del país está por reparar o hacer crecer la casa en lugar de derribarla y construirla nuevamente. La gran ventaja de esta pregunta corresponde a lo concreto de sus alternativas, contrario a lo que sucede cuando se habla a secas de una nueva Constitución.

El segundo camino es el que tomó la encuesta de la UDP. En lugar de formular la pregunta con dos alternativas, el estudio involucra tres. El fraseo es el siguiente: “En relación a la Constitución Política del país, ¿Con cuál de las siguientes afirmaciones estaría Ud. más de acuerdo?” La opción A es “mantener la Constitución actual”. Dicha alternativa es escasamente utilizada en los estudios de opinión sobre el debate constitucional. Frecuentemente, se da por hecho que la gente quiere Nueva Constitución sin siquiera dar espacio a una opción opuesta. En el estudio UDP esta alternativa marca 7.1%. La opción B es “se debe reformar la Constitución actual”, que totaliza 34.5%, mientras que la opción C -“se debe hacer una nueva Constitución”- alcanza 45.1%. Esta última cifra es ostensiblemente inferior a la que arrojan los estudios de Chile 21 y Plaza Pública que bordean el 80%.

Hay que tener cuidado, entonces, con interpretar los resultados de preguntas mal formuladas respecto a las preferencias por una nueva Constitución. El mínimo exigible es que las instituciones dedicadas a preguntar sobre estos temas entreguen no sólo la opción “conservadora” (no quiere nueva Constitución) y “refundacional” (quiere nueva Constitución), sino que también las alternativas intermedias y que, en este caso, corresponde a reformar la Constitución actual. Los defensores de la AC debiesen entender, de una vez por todas, que los chilenos no quieren derribar la casa para hacer una nueva, sino que en repararla, mejorarla y ampliarla.

 

Mauricio Morales, académico Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP.

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO.