Este singular presidente Kirkman -arquitecto de profesión y a la sazón ministro de Vivienda-, llega al Salón Oval fruto de una designación aparentemente aleatoria, al haber sido nominado “sobreviviente designado”. Su misión: reemplazar al presidente norteamericano si éste y su gabinete pasan a mejor vida, víctimas de una catástrofe.
Publicado el 14.09.2017
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Hace pocas semanas terminé de ver la quinta temporada de “House of Cards” (original de Netflix), y la verdad es que hace rato Maquiavelo se quedó corto… llega hasta a aburrir tanto torcido. Sin desconocer lo agudo del guión, tremendas actuaciones y escenas geniales -como aquella en la sala de cine cuando Claire y Francis entran y salen de una película-, algo  incomoda. No me resulta tan atractivo que manipulen hasta el hartazgo.

Paralelamente, cada miércoles seguí con ganas “Designated Survivor” (original de Netflix), en una Casa Blanca también plagada de intrigas, pero con un Presidente (Tom Kirkman) que quiere apostar por una manera limpia de hacer las cosas (todo lo opuesto a los Underwood).

Perfectamente podría llamarse “la venganza de los nerds”, pues el personaje principal encarnado por Kiefer Sutherland, está lejos de su icónico agente Jack Bauer de “24” (aquí toma su lugar una mujer, la agente Hannah Wells).

Este singular presidente Kirkman -arquitecto de profesión y a la sazón ministro de Vivienda-, llega al Salón Oval fruto de una designación aparentemente aleatoria, al haber sido nominado “sobreviviente designado”. Su misión: reemplazar al presidente norteamericano si éste y su gabinete pasan a mejor vida, víctimas de una catástrofe.

Así las cosas, se refugia en un búnker, mientras un atentado terrorista termina con el presidente, ministros, senadores, diputados y jueces… Washington DC devastado y sin autoridades lo recibe para que empiece a poner las cosas en orden de nuevo, con cero experiencia de manejo político, inseguro y subestimado por todos, uf!

Aquí empieza el tránsito de Kirkman que debe empoderarse de su rol como cabeza  de la principal potencia mundial, estirando sus convicciones éticas y negándose a ser un títere de lo que queda del establishment.

Seguro muchos sienten que la serie tiene un tono muy naif y por tanto irreal, pero quizás la paradoja y la respuesta a nuestra generalizada insatisfacción con la clase política necesite de eso: un borrón y cuenta nueva, que todos los miembros del ejecutivo, legislativo y judicial fueran designados de nuevo.

¿Será ese sueño inconsciente de autoridades más probas lo que nos ha enganchado a una serie como “Designated Survivor”?

¿Será que queremos ver en televisión historias más humanas, como un presidente y su familia que sufren, se cuestionan, perdonan errores, son amables y empáticos con sus subalternos?

Si es posible en países que tienen que lidiar con terrorismo, con Moscú, con la OTAN, etc., ¿no podríamos hacer un esfuerzo en Chilito? Interesante preguntárselo en este año de elecciones.