Publicado el 11 de noviembre, 2018

De la cárcel a la inserción: el giro de vida de Khristian Briones para combatir la delincuencia

Autor:

Magdalena Olea

A los 13 comenzó consumiendo pasta base. Vivió 18 años sumergido en drogas, estuvo 15 veces en el Sename y 10 años en la cárcel. Hoy es profesional, formó una familia, y creó la fundación Dimas, de la que es director, que entrega herramientas a las personas para que se inserten en la sociedad. Durante la entrevista, cuenta cómo salió adelante, y dice: "El Sename es la escuela y la cárcel la universidad".
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Magdalena Olea

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“Estamos buscando un espacio católico dentro de la cárcel que nos facilite gendarmería, porque la religión cambia contextos ahí dentro. Existen los evangélicos, y en ese pabellón no hay peleas, ni estoques, no hay drogas. Eso es lo que queremos lograr. Trabajar con talleres, luego trabajar con la familia, y después insertarlos en una empresa donde puedan trabajar solo personas con antecedentes”, explica Khristian Briones, creador y director de Dimas, una fundación que busca combatir la delincuencia y que entrega herramientas a las personas con antecedentes para que se inserten en la sociedad.

Cuando Briones fundó Dimas, lo hizo inspirado en su propia historia de vida: vivió por 18 años sumergido en las drogas (era adicto a la pasta base), estuvo más de 15 veces en centros del Sename y 10 años preso (por robo con intimidación y robo con sorpresa). Luego se rehabilitó y cambió su estilo de vida: sacó una carrera y formó una familia. Hoy da charlas en colegios y universidades, donde cuenta su testimonio para prevenir, combatir y hacer visible la delincuencia en el país. Él afirma que un paso fundamental para esto es dar oportunidades a las personas que salen de la cárcel. 

Briones tenía un año cuando su padre lo abandonó, y en busca de oportunidades laborales, su madre se trasladó de ciudad, dejándolo junto a su hermano, al cuidado de sus abuelos y tíos en Lo Espejo. Esa experiencia la resume así: “Nos quedamos viviendo con mi abuelito, que era alcohólico y muy violento, y golpeaba a mi abuelita. Mis tíos aspiraban neoprén, andaban con la bolsa caminando volados. Era una familia muy pobre, sufrimos carencias de alimentos, nadie tenía estudios, y no le echo la culpa a mi abuelo, porque él fue criado en la calle (…) Que te escuchen, que te guíen, que te orienten, que te pongan límites, que te vayan a ver jugar un partido de fútbol o lo que sea, eso mi familia no lo tenía, porque no tenían las herramientas”.

“El Sename es la escuela y la cárcel la universidad”

Durante la entrevista, Briones asegura que dentro del Sename “se culturizó con la delincuencia”: aprendió a hablar “coa”, aprendió nuevos tipos de delitos, aprendió a ser violento. Cuenta que la primera vez que entró estuvo cinco días y luego se fugó. “En esos cinco días vi como un homosexual de 17 masturbaba  a un cabro de 13 años. Y estábamos todos viendo los Power Ranger sentados en el suelo, y era algo natural”, dice y luego afirma que “el Sename es uno de los principales factores que explica la delincuencia”, porque era atendido por personas que no tenían las capacidades ni las herramientas necesarias.

Son muchas cosas las que yo viví que me moldearon para llegar a ser la persona que fui dentro de la cárcel, de la que fui líder. Fui moldeado y fui acomodado con toda esta cultura delictual, aprendiéndola en el Sename, y la potencié en la cárcel de adulto”. Lo resume: “el Sename es la escuela y la cárcel la universidad”.

Sobre su experiencia estando preso, dice: “Llegué a un ambiento en el que me sentí acogido, pero era diez veces más violento que el Sename. Habían puñaladas, guerras campales, guerras entre bandas rivales. Te tiran bombas molotov, lanzazos, palos, piedras, y salí con más de 20 puñaladas de ese lugar, y el 30% quemado. Las peleas muchas veces se arman con cosas muy básicas, por ejemplo por una banca para poder recibir a tu familia”.

 

-¿Como logras salir de todo esto?

-Cuando estuve en libertad traté de buscar trabajo y limpiar mis antecedentes pero me di cuenta que no me permitían trabajar, entonces volví a la cárcel de nuevo porque después de uno, dos años, no pude conseguir trabajo. Y después estuve tres años más, hasta que conocí al padre Nicolás Vial, que fue la única persona que me miró a los ojos y me preguntó que pasaba conmigo, quién era yo, porque estaba acá, que pasó. Ninguna institución lo había hecho antes… y cuando esta persona creyó en mí hubo un cambio.

 

-¿Qué es lo que hay que hacer para poder definitivamente salir adelante?

-Son muchas situaciones las que tienen que pasar para que podamos combatir de verdad la delincuencia, porque hasta el momento hemos combatido los delitos no más, que no es lo mismo. Creo que para prevenir el colegio es clave, que identifiquen a ese niño inquieto, el niño problema, que tiene la mayor posibilidad de llegar después al Sename. El otro paso es las oportunidades de las personas que salen de la cárcel (…) La oportunidad es la clave, es la desculturización de la delincuencia, la inserción.

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