El mejor antídoto frente al populismo de Pamela Jiles y a la apuesta polarizadora de Daniel Jadue es el recambio en la política. Sebastián Sichel ha irrumpido con fuerza en el escenario presidencial representando, precisamente, una alternativa renovadora y conectada con la ciudadanía.

Los datos de la reciente encuesta CADEM sobre escenarios presidenciales son elocuentes. Al consultar por las primarias en la centroderecha, Sichel es más competitivo que Lavín y Matthei en el conjunto del electorado (total muestra) en todos los escenarios propuestos, y pelea palmo a palmo en el electorado que señala que votaría en la primaria de Chile Vamos.

Confirmando esos datos, el ex ministro de Desarrollo Social también es más competitivo que Evelyn Matthei en una hipotética segunda vuelta frente a Jadue (a quien le gana); y también con Jiles, con quien está casi empatado. La competitividad de Sichel y Lavín es prácticamente idéntica en los escenarios de segunda vuelta contra Jiles y el abanderado del PC, respectivamente.

¿Cuáles son los atributos de Sichel que explican esta irrupción en el panorama presidencial? Primero, Sichel refleja la demanda de la ciudadanía por una renovación de la política. Es una figura independiente, que convoca a electores moderados que no se sienten identificados con los partidos, pero también a adherentes de la centroderecha, como lo reflejan los datos antes expuestos.

Segundo, como ministro de Desarrollo Social logró alta conexión con la ciudadanía antes y después del estallido social. Ello, gracias a un estilo sencillo y directo que pone el énfasis en las demandas sociales y no en la política de salón. Sichel tiene una narrativa convocante en una dimensión que a la centroderecha siempre le ha costado: lo social. Otro punto a favor.

Tercero, no nació en “cuna de oro”. Posee una historia de vida que es reflejo del esfuerzo y las dificultades que viven muchas familias chilenas. Ese es un activo, precisamente, cuando la ciudadanía parece tomar distancia de los privilegios de las élites.

Ahora, pensemos en los escenarios de segunda vuelta y en los candidatos de izquierda más probables. Frente al populismo de Pamela Jiles, Sichel proyecta realismo, experiencia técnica y una alta sensibilidad social. Cuenta con los atributos para convencer a la inmensa mayoría de independientes de que su gobierno traerá las reformas y cambios necesarios, pero sin caer en el populismo de “la abuela”. Frente al candidato del Partido Comunista Daniel Jadue, el ex ministro se muestra como una figura alejada de los extremos, capaz de convocar a un centro que ha desaparecido en el Congreso y en el sistema de partidos, pero que es mayoría en la opinión pública.

En lo global, la proyección de la centroderecha pasa por entender la demanda de la ciudadanía por renovación -lo que Sichel encarna y representa- y por ofrecer un camino convocante para las chilenas y chilenos moderados que no se identifican con las etiquetas de izquierda y derecha, y que son la inmensa mayoría del país.

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