Luego de la arremetida de la Yasna desde Vallenar, confirmando su decisión de ir a la pelea por el sillón presidencial el próximo 21 de noviembre, la cosa comenzó a crisparse entre los aspirantes a La Moneda de la Unidad Constituyente. Después de sacarse mutuamente varios trapitos al sol, de mandarse indirectas y otras tantas bien directas, la socialista Paula Narváez, el radical Carlos Maldonado y la mismísima Yasna Provoste de la Democracia Cristiana lograron ponerse de acuerdo y apostar por una primaria para determinar quién va a ir en el bendito papelito en las elecciones de fin de año.

De inmediato los comandos se pusieron las pilas y se fijó fecha y hora para el debate televisivo, decisión de la que, al parecer, eximieron a Provoste y su equipo, quienes acusaron de encerrona a sus contrincantes asegurando que nunca fueron consultados. Ni un segundo se demoró la Paula en desmentir, con mucho ímpetu, el punto de los decé. Sólo un recordatorio candidatos, lo cortés jamás quita lo valiente y poca gracia tiene eso de sorprender al compañero de lista. ¿Qué les costaba darle unos minutos a la Yasna para revisar su agenda?

Así las cosas, el lunes pasado tuvieron que elegir sus mejores pilchas y poner una linda cara en el debate de La Red, el cual se transmitió en conjunto con el 13 en horario prime, como les gusta decir a los televitos. Por mi parte, me preocupé de comer temprano y así, sentarme tranquilo junto a mi copa de vino frente al televisor y escuchar las propuestas y “promesas” que se vendrían esa noche.

Verlos a los tres, con el Palacio de Gobierno de fondo en su máxima expresión, me llevó de inmediato a la Plaza de la Ciudadanía y, de pasadita, me trasladó a los años 80, cuando no me perdía capítulo de Tres son Multitud. Este caballero y las dos mujeres me recordaron a ese grupo y sus andanzas, donde el protagonista estaba dispuesto a todo para que el administrador no lo echara del departamento, por lo que jugaba un papel de bajo riesgo para las chicas. Aquí pasó más o menos lo mismo. Reconozco que tenía altas expectativas, estaba seguro de que me iba a entretener, al igual como lo hice con el de Boric y Jadue, pero nuevamente me clavé. Estuvo tan aburrido, que la profunda siesta de la tarde me salvó de no quedarme dormido.

El debate fue más fome que bailar apretado con la hermana, estuvo tan desabrido que se me vinieron a la cabeza esos platos sin condimentar, aquellos que se sirven sin sal ni pimienta y que se privan de ese equilibrio y sazón que regalan los milenarios cristales y las maravillosas especies.

En un principio se hicieron cariño como si fueran los mejores amigos del barrio y era evidente la dificultad de diferenciarse entre ellos, lo que quedó patentado en el eslogan de no más AFP, aunque las fórmulas alternativas eran tan difíciles, que ni los periodistas las entendieron. Entre pregunta y respuesta, Maldonado trató de brillar disparando cifras de comisiones y realizando comparaciones con los países del OCDE, pero no alcanzó a terminar de hablar y ya se estaba corrigiendo y ajustando números a través de las redes sociales. A todo esto, Iván Valenzuela todavía está esperando la respuesta acerca de si los trabajadores podrían contar con sus fondos en un sistema estatal…

Más adelante la Paula, tal como si estuviéramos en plena post guerra, propuso con mucho entusiasmo aplicar un plan Marshall en su gobierno. La Yasna no se demoró un segundo en reaccionar, recordándole –bien dicharachera y con una blanca sonrisa– que ese apellido ya lo tenía patentado, ya que el economista y ex ministro de Patricio Aylwin, Jorge Marshall, era el encargado de su programa económico. Sin duda, este episodio fue el más entretenido del debate, ¡si hasta la Paula esbozó una sonrisa!

No cabe duda de que el tema de la Concertación los incomoda y desconcierta a los tres. Porque aunque las féminas no hicieron más que criticar los gobiernos de Bachelet, donde ambas tuvieron una activa participación, Maldonado intentó salir jugando. Y así como dice la canción de Los Prisioneros, Nunca quedas mal con nadie, trató de salir del rollo sin mojarse el potito. Pero igual le tocó ponerse colorado y defenderse de los ataques de la Yasna, con un “esto no es un examen de historia” cuando ella insistía en enrostrarle la actitud del otrora Presidente radical, Pedro Aguirre Cerda.

En fin… Insisto, aquí faltó sal y pimienta. De hecho, creo que fui uno de los pocos que se dio la lata de verlo completo. Ahora la gran incógnita es saber cuántos van a estar dispuestos a levantarse para ir a votar en esta nueva primaria. Como va la cosa, mi olfato me dice que van a ser re pocos, porque cuando el plato está desabrido, es bien difícil que alguien se mueva por una repetición.

Foto: T13

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