Más de un mes lleva funcionando la Convención Constituyente, y si bien ha habido una minoría de sus integrantes que se ha portado a la altura, la gran mayoría de ellos ha dado un triste espectáculo: han mentido, han llegado disfrazados, no respetan reglas en algunas votaciones, han sido seducidos por privilegios y, lo más indignante para la población, han aumentado sus asignaciones a $4 millones. Subieron gracias al pueblo, pero una vez en el Olimpo, se olvidaron del pueblo. El vulgo otra vez utilizado; ser un medio, no un fin. ¿Es nuevo esto? Claro que no. Ha existido desde que el hombre es hombre, porque en su naturaleza está la lucha por tener poder.

El hombre es un animal político, diría Aristóteles, y la política, va claramente ligada al poder. La palabra poder proviene del latín potere (autoridad, mando). Es decir, para ejercer poder tienen que haber otros que obedecen y una persona o grupo que lo ejerza.

Para Max Weber, poder es «la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad».

En “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo y el “Manifiesto del Partido Comunista” de Karl Marx y Friedrich Engels… que, pareciendo obras tan distintas, antagónicas para algunos, luego de analizarlas no lo son tanto. De hecho, en el fondo, se parecen bastante, porque ninguna busca el bien común o general, sino que intereses de una persona o de un sector para lograr el poder y mantenerse en él sin importar lo que haya que hacer para lograrlo, es decir, donde al ser humano, se lo utiliza como un medio para lograr ese fin, sin respetar que el hombre es un fin en sí mismo.

En el caso de «El Príncipe», escrito en 1513, su originalidad radica, en parte, en que diseminó sin tapujos que la política era la lucha por el poder, por lo cual ésta ya no tendría que ver con la moral y la religión. Se movería en un ámbito independiente donde se requiere ser calculador y estratégico; por ende, saber ser malo en ocasiones precisas, porque la política debe lidiar con una realidad cruda y ser efectiva; si no, se pierde.

Maquiavelo es sumamente claro e ilustrativo en que, si se quiere lograr y mantener el poder, se debe ser amoral, porque la lucha por el poder así lo requiere. Pensar otro camino, es una ilusión. Si bien Maquiavelo no fue quien acuñó la frase “el fin justifica los medios”, todo su libro apunta en ese sentido; y, por ende, el ser humano, el ciudadano, pasa a ser un medio para lograr, y ojalá, mantener el poder.

Tres siglos después, Karl Marx y Friedreich Engels escribieron el “Manifiesto del Partido Comunista”. Llama la atención que, en un manifiesto que busca la liberación de una clase que lo autores llaman oprimida, lo que en realidad se busca es ser la nueva clase dominante, siendo que se critica a la clase dominante de ese minuto, la burguesía. Es decir, buscan replicar lo que tanto desprecian. Tanto, que Marx y Engels afirman que la burguesía acabó con el feudalismo, y que ahora los obreros terminarán con la burguesía. Ergo, aquí más que buenas intenciones y utopismos de liberar a una clase, lo que se busca es obtener el poder como lo han hecho las distintas clases a lo largo de la historia.

Avanzando en el texto se puede apreciar la instrumentalización del ser humano: “el comunismo quiere destruir estas verdades eternas, la moral, la religión (antes también nombró a la familia, la propiedad y el concepto de nación) y no sustituirlas por nuevas formas”. Aquí se puede apreciar que la instrumentalización del ser humano es radical. La persona al servicio de un slogan, donde, al igual que pensaba Maquiavelo, se suprime la libertad, derecho primordial del ser humano.

“El poder político no es más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve obligado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al poder”, dice Marx.

El «Manifiesto del Partido Comunista» es un texto revolucionario, instrumental y donde el ser humano, en cuanto ser único, pierde total valor. Si antes era una pieza del engranaje de la máquina, como asegura Marx, con el manifiesto se propone que el hombre pase a ser una pieza más del engranaje de una nueva manera de hacer política, donde lo principalmente expropiado es la libertad.

Ojalá los 155 constituyentes lean más de la lucha por el poder y el hombre usado como medio y no como fin. Ellos decidirán si quieren volver a Marx o Maquiavelo, o avanzar en respetar la libertad, el bien común y la justicia como lo han tratado profundamente Immanuel Kant y John Rawls. Tengo los libros, se los puedo prestar.

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