Podrían ser una broma, pero no lo son y además, son peligrosos. Se trata de los comunistas. Uno se pregunta cómo no les da vergüenza revelar lo antidemócraticos que son, legitimando abiertamente el uso de la violencia en política y tratanto de aplicar el garrote totalitario a sus adversarios políticos. Pero no sufren ningún remordimiento porque son absolutamente coherentes con lo que son y lo que ha sido el Partido Comunista en la historia de Chile y en el mundo.

Le hicieron fiesta a la violencia después del 18 de octubre, liderando el desvarío que sufrieron también los próceres del Frente Amplio y de la ex Concertación. Trataron de apropiarse del millón de personas que marchó a la Plaza Italia y de convertir el descontento por cambios, sin revolución, en la destitución del gobierno. Por eso se opusieron a la salida política pactada del 15 de noviembre de hacer un plebiscito para tener una nueva Constitución. Ese era un camino pacífico que no rima con el marxismo y la revolución.

A pesar de su rechazo al plebiscito, intentaron apropiarse del resultado favorable al cambio y, por si fuera poco, también de la Convención Constitucional (CC), que han tomado como una herramienta para aniquilar la institucionalidad democrática. Como el agua, los comunistas intentan por aquí y si no por allá, pero la idea es deconstruir el andamiaje jurídico, político y económico de la República a lo que dé lugar y así lo declaran.

La mayoría que obtuvieron junto a los otros partidos, independientes y representantes de los escaños reservados en la Convención Constitucional, les da una gran oportunidad. Con esa fuerza de la izquierda radical ya no hablan de “rodearla”, como señaló unos meses atrás el partido de la hoz y el martillo. No es necesario. Ahora hay que ejercer la mayoría y eliminar la exigencia de aprobar los nuevos textos constitucionales por amplios acuerdos de dos tercios, porque no lo obtendrán para los cambios totalitarios en que piensan.

Un camino es lisa y llanamente bajar el quórum, eso sería al estilo olímpico PC, porque saben que nadie se le atreve hoy a la CC, porque es gratis atropellar la Constitución (si no, preguntar a los parlamentarios). Por ahí no les está yendo bien, entonces hicieron aprobar la genial idea de considerar como no votantes a quienes se abstengan en las votaciones, inaugurando una innovación para bajar los quórums que le quita el derecho político de representación a quienes elijan esa opción. Además, han insistido en distintas comisiones la propuesta de hacer plebiscitos intermedios respecto a los puntos donde la izquierda, aún teniendo mayoría, no alcance el quórum de los dos tercios. La consulta se haría antes del plebiscito de salida para derribar o incluir lo que sea de su agrado.

Lo lamentable es que la centro izquierda y el Frente Amplio parecen estar actuando como facilitadores del impulso totalitarista que tiñe la Convención

Y si eso falla, por ahora, tienen otra carta en el mazo de alternativas. Ganar las próximas parlamentarias y que esos nuevos honorables bajen el quórum de los 2/3. Al menos, ese camino sería “casi” democrático, aunque igual cambia las reglas del camino constituyente tal como fue plebiscitado, conteniendo la exigencia de lograr grandes acuerdos.

Pero la democracia no es un principio a observar cuando el partido de Lenin y Stalin busca los instrumentos más eficaces para lograr sus objetivos y logra aunar a toda la izquierda tras suyo.

De hecho, viéndolos empoderados ahora en la CC, es fácil entender por qué cuando llegan al poder y tienen las armas terminan en un suspiro en partido único y aplastando a la oposición. No les basta ser mayoría, tampoco quieren que la minoría se exprese, porque sus ideas pudieran ser escuchadas por la ciudadanía. Y por eso los intentos sucesivos que han liderado para que no entre la prensa al hemiciclo o para crear infracciones que atentan contra garantías constitucionales vigentes como la libertad de opinión y de prensa.

Antes intentaron legislar el delito del negacionismo, buscando acallar las ideas que los contrarían, pero les fue mal. Ahora esperan, en subsidio, convertir en grave infracción esta conducta que sólo busca acallar cualquier cuestionamiento en materia de violaciones a los DDHH durante la dictadura y considerar víctimas a los delincuentes del 18-O y a los pueblos originarios. También infringirá el reglamento ético divulgar noticias falsas o no actuar con “sororidad” (solidaridad entre mujeres). Ni se arrugan para proponer suspender hasta un 30% de la dieta y el derecho a voz en las comisiones durante 15 días. Pero lo que rebalsa cualquier pudor es que se atrevan a proponer como castigo “cursar programas de formación en las áreas infringidas” (igualdad de género o derechos humanos, relaciones interculturales, diversidad religiosa o espiritual o “cualquier otra que se requiera”).

Porque, obvio, los castigos están pensados para otros, que deberán someterse a estos programas de formación, seguramente inspirados en la pedagogía que tuvo la URSS durante 70 años con sus disidentes, o los campos donde el régimen chino manda hoy a reeducar a los cientos de miles de ciudadanos musulmanes de la minoría uigures.

Las sanciones que dejarán sin voz no están pensadas para sus pares, sino que para la minoría oficialista. De hecho, aun antes que rija el nuevo reglamento, los comunistas están midiendo la temperatura del agua con sus aliados de los escaños reservados y la Lista del Pueblo con los que votan alineados. Para ello, la machi Linconao, con apoyo de las presidenta de la CC, acusó a cuatro convencionales de Chile Vamos por violencia y discriminación e imputaciones falsas.

La disidencia no se tolera en el tablero comunista. Quizás por eso perdió el candidato comunista en las primarias presidenciales de la izquierda. Lo lamentable es que la centro izquierda y el Frente Amplio parecen estar actuando como facilitadores del impulso totalitarista que tiñe la Convención. Sólo falta la aprobación del pleno para consagrar el pulso antidemocrático de quienes redactarán el nuevo ordenamiento constitucional.

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